Terminé de secar el último vaso de cristal cuando me atreví a mirar por la ventana. Una fina llovizna arremetía contra el cristal, con suavidad, pero que pronto comenzaría a coger fuerza. Suspiré mientras miré al reloj; apenas unos minutos y mi turno terminaría. Con un poco de suerte, lograría encontrar un taxi y me ahorraría la caminata hasta mi casa.
Levanté la vista para observar el bar casi vacío. Era un jueves por la tarde, aburrido y laboral, sin mucha clientela y en pleno otoño. Solamente dos mesas quedaban ocupadas; la silenciosa llena de chicas y la alborotadora llena de hombres. Suspiré. Tres chicos en la mesa varonil reían estruendosamente mientras se giraban a lanzarles comentarios a las chicas, que les ignoraban. Todas menos una, que según su aspecto, parecía interesada en lo que le decían los chicos.
-Llevan más de cuatro horas aquí, y solamente se han hecho cinco cervezas –Me susurró Micaela, apareciendo a mi lado.
Micaela, más conocida para mi como Mic, era una amiga del trabajo. Comenzamos a entablar amistad cuando me mudé a Londres y encontré trabajo en el bar. Ella me ayudó a centrarme día a día, y a lograr que no me despidiesen. Rodaba los veinticinco años, cinco años mayor que yo, pero sus facetas alegres conseguían darle una apariencia más afable. Era bajita pero delgada, de cabello rubio y ojos negros. Tenía un sentido del humor muy abierto que le facilitaban hacer amigos, pero a pesar de su cordialidad, también había descubierto su poca paciencia, que sin suerte intentaba ocultar. Aquel pequeño defecto no había disminuido mi gran amistad con ella.
-¿Crees que se irán pronto? –Le pregunte cruzándome de brazos.
-Supongo que cuando esas chicas se vayan. Inútilmente están perdiendo tiempo con ellas… excepto con la que parece más bajita.
-¿Son borrachos?
-Oh, para nada. La última cerveza he ido a servirla yo. Simplemente parecen estar pasando la tarde, sin emborracharse. Pero son un poco descarados.
Mantuve la vista puesta un poco más en ellos, hasta que me obligué a quitarla cuando una mirada desde la mesa de los chicos se dio cuenta de la mía. Intentando disimular, Micaela y yo nos dimos la vuelta, pero pronto un silbido llamando nuestra atención nos estropeó la disimulación. Fue Mic la que se giró, pero pronto su voz corrió a socorrerme.
-Llévales tú una cerveza más, Kay.
Kay, así me llamaba.
-¿Por qué yo?
-Creo que se les ha subido un poco la tontería a la cabeza. Si voy yo no podré parecer amable, y menos apunto de terminar mi turno.
Suspiré y asentí. Cogí el tercio que me había pedido mi compañera llevar, y cabizbaja, me dirigí hacía la mesa más cercana a la barra; la de los chicos. Levanté un segundo la mirada para observarles, y añadí a mente la información de que se trataba de tres varones. Ambos estaban volteados, mirando a la única chica que reía.
Volvamos a mí. Mi nombre, cómo ya he añadido, es Kay. Actualmente me mudé a principios de otoño a Londres, con mis veinte de edad. Al principio buscaba unas simples vacaciones, pero no tardé en adaptarme al idioma, aunque no ha la perfección, y a mi nuevo trabajo como camarera. Había dejado España como un asunto pendiente, pero me había hecho prometer a mi misma que volvería para Navidades. Al fin y al cabo, lo único que me unía a este preciado país eran unos poquísimos amigos, un trabajo sin contrato y un piso en alquiler. Y refiriéndonos a mi aspecto, podría concretar que no soy de ese tipo de chicas que te fijas ni en su forma de vestir tan genial, ni en su cabello sedoso, ni en su belleza irradiante ni nada en concreto. Soy castaña, cabello no muy corto no muy largo, ojos verdosos y una forma de vestir tan normal que me dejaría en evidencia.
-Aquí tiene –Musité con un hilo de voz dejando la cerveza en medio de la mesa. No levanté la vista hacía ellos; quería evitar cualquier comentario posible.
-¿Me haces un favor? –Dijo de repente un chico cuando me proponía dar la vuelta. Levante de manera fugaz la mirada, para encontrarme con el mismo que parecía haber pedido la cerveza. Cabello negro, mirada oscura y una sonrisa pícara en su rostro. Entendí porque Mic no quiso venir -¿Puedes darle esta nota a la chica de allá? –Preguntó señalando a la única jovencita -. Dile que de parte de Matt.
Sin comentarios y evitando la mirada de los otros tres, anduve callada hasta la mesa de las chicas. Les superaban el doble de número. Cinco miradas peligrosas me miraron con descaro cuando llegué y le extendí el papelito a la joven, que según sus facetas desde cerca, debería estar aún en la adolescencia.
-Si vienes a cómo lechuza mensajera de parte de esos cerdos, puedes largarte –Me espetó una rubia alta con descaro. Fruncí el ceño, y me ahorré alguna palabra que otra como contestación ofensiva.
-Solamente traigo una nota para la chica –Les dije secamente -. De parte de Matt, por cierto.
Todas rodaron los ojos, ignorándome, y volviendo a coger la nota en la que había escrito la adolescente, volví a caminar hacía la mesa llena de risas. Los tres se callaron cuando extendí el papel, en silencio y rezando en irme ya.
-¿Algo más? –Pregunté.
-No, no, nada m… -Habló Matt, pero enmudeció cuando terminó de leer -. ¿Pero qué…?
El chico de cabello negro giró la cabeza hasta la mesa de las chicas. Los otros dos muchachos y yo seguimos su mirada, azorados, y vimos como las seis jovencitas se levantaron entre risas burlonas y abandonaban el bar.
-Era un poco joven para ti –Dije aguantando las ganas de reír.
-Matt, querido, creo que te han tomado el pelo –Dijo el chaval más cerca de mí, con voz profunda.
Me fijé en él. Cabello castaño con alguna que otra mecha, cejas un poco gruesas y cierto atractivo. Su mirada no se fijó en la mía en ningún momento.
-Cállate Charlie.
Reí por lo bajo, apartando la mirada y recogiendo las cervezas, y dándome la vuelta a pesar de notar la mirada del trío, me propuse en alejarme de ellos. Pero de nuevo, la única persona que no había hablado en aquel momento me hizo detenerme.
-Disculpa –Me llamó. Me detuve, tambaleante, pero no me giré para verle -. Em, ¿trabajas aquí?
Mi risa y la de los otros dos chicos, que correspondían a los nombres de Matt y Charlie rompimos en mofa. Intenté parecer serena, pues sabía perfectamente el sentimiento de hacer el ridículo. Me giré justo en aquel momento para contestarle con lógica:
-Va a ser que no. Por eso te he traído la cerveza, llevo este ridículo uniforme que me ensancha las caderas y estoy recogiendo vuestras cervezas, ¿sabes?
Aquel último desconocido era el más atrayente, para mi gusto. Tenía un cabello castaño y un poco ondulado, cierta barbita por la barbilla y sobre todo, unos ojos azules que llamaban la atención, a diferencia de sus dos amigos.
-Oh, claro –Dijo con una sonrisa ruborizada -. Pero para nada te para mal ese uniforme. Al contrario, te sienta muy bien –Levanté una ceja, mientras Matt y Charlie reían por lo bajo. En momentos así, no sabía si tomarme comentarios así reales o no reales -. Me llamo James.
-Encantada James –Me giré, dándole la espalda. No soportaba a la gente como él, a pesar de que no pareciera mal tipo.
Siendo indiferente a sus palabras que me llamaban, me escondí de nuevo tras la barra, mientras en aquel momento Micaela se sacaba su delantal negro. Me miró con picardía, haciéndome entender que lo había visto todo, pero no comentó nada más.
Me despojé del grueso delantal y la chaqueta, la dejé en su lugar correspondiente, y volviendo a salir a la barra, me despedí de mis otros compañeros y me propuse a salir del bar, mientras ya la noche se asomaba por la ventana. Pero justo en el momento en que me acercaba a la puerta, mi mirada se fijó en la de los tres chicos que descansaban apoyados en la puerta.
-Vaya Kay, ¿quieres que me vaya sin ti? –Me preguntó Mic con una sonrisa picantota cuando llegamos a la puerta. Le lancé una mirada asesina, y sin pararme a mirar a los tres, intenté adelantar.
-No, gracias –Le dije, y con fuerza la aferré de la muñeca.
Pero justo en aquel momento, alguien se situó a mi lado. Levanté la mirada, suponiendo de quien se trataba, y no me equivoqué. James me miraba sonriente.
-No me has dicho tu nombre.
-Yo no te he pedido el tuyo.
-Pero yo si te pido el tuyo.
La fina llovizna comenzó a caer en mi cabello. James se situaba a mi lado, casi rozándome, mientras que Micaela iba siguiéndome desde atrás. No sabía donde se situaban Charlie y Matt, pero sabía que estaban cerca. Sus risas eran delatadoras.
-Pues entonces déjame invitar a esta desconocida sin nombre a una cita –Levanté mi mirada hacía el, sobresaltada y sorprendida.
-No tengo tiempo para citas.
-¿Y tú número de teléfono?
Me paré en mitad de la calle, estresada y miré a James bajo la llovizna. Él seguía alegre, divertido, sin parecer importarle mi indiferencia. Negué con la cabeza suavemente, y en aquel momento sus amigos estallaron en risas.
-James, tío, te dije que no lo conseguirías -Espetó Charlie en aquel momento.
-Mañana a esta hora, cuando salgas de trabajar te recojo, ¿de acuerdo? –Me dijo alejándose de mí.
-He dicho que tengo tiempo para citas.
-¿Pero si para conocernos, no? –Fui a negar de nuevo, enfadada, pero me interrumpió -. De acuerdo. Mañana a las ¿seis? Estaré aquí.
-¡He dicho que no! –Grité mientras veía como se alejaba rápidamente entre la lluvia, seguida de sus amigos que reían a grandes carcajadas -. ¡Oye!
Pero su silueta acabó desapareciendo en la niebla. La suave risita de Micaela me alertó de que había hecho el ridículo.
-Creo que ya me caen un poco mejor –Me dijo mientras comenzaba a caminar deprisa, buscando taxi en la carretera -. Por cierto Kay, ¿cómo se llama?
-James.
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Hola queridos Muggles! Aquí tenéis el primer capítulo, ya narrado desde el POV de la protagonista, Kay. Me he sentido muy rebajada al escribir este capítulo, cómo si realmente fuera una mierda mierda .____. y aunque lo sea, espero que os guste. Ya sabéis, algún comentario ahí abajo :P
PD: El nombre de Micaela se lo he puesto a la compañera por la chica que me comentó en el prólogo. No pude ponérselo a la potagonista porque ya lo tenía elegido, pero aquí tienes tu nombre en el fic. ¡Gracias!
Hola queridos Muggles! Aquí tenéis el primer capítulo, ya narrado desde el POV de la protagonista, Kay. Me he sentido muy rebajada al escribir este capítulo, cómo si realmente fuera una mierda mierda .____. y aunque lo sea, espero que os guste. Ya sabéis, algún comentario ahí abajo :P
PD: El nombre de Micaela se lo he puesto a la compañera por la chica que me comentó en el prólogo. No pude ponérselo a la potagonista porque ya lo tenía elegido, pero aquí tienes tu nombre en el fic. ¡Gracias!
1 comentarios:
oh! escribes muy bien! lo haces GENIAL! excelente historia, ya leeré los otros capítulos... tu blog es hermoso... TE SIGO :P
SUERTE LINDA
PD: ¡y a no perder la inspiración, y mucho menos la imaginación! sin ellas no somos NADIE
:p :) :D
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