Me despojé de la última prenda que formaba mi oscuro uniforme de camarera y esperé a Micaela. Aquel viernes por la tarde, el bar estaba completamente vacío. Ni la mesa de chicas ni chicos del día anterior habían vuelto al bar, y en el fondo, lo agradecía. Había estado el día entero preocupada de que las palabras de aquel tal James fueran verdad, pero con la seis en punto sonando en el reloj de la entrada, me confirmé yo misma de que habían sido meras palabras, y que no aparecería. Ni él ni sus amigos.
El bar se fue vaciando poco a poco, dejándonos a mi y a mi amiga las últimas, cómo siempre. Durante mi espera, me arriesgué a mirar por la gran ventana. Sonreí al no encontrar el cristal bañado de gotas de lluvia. Estaba nublado, como la mayoría de días en Londres, pero el cielo no amenazaba con llover y menos con una tormenta. Iba a poder ir a casa tranquila y sin peligro a resbalarme.
-Mike había vuelto a dejar la carne desordenada en el frigorífico –Se excusó la rubia cuando salió de la cocina -. Le he dicho mil veces que me lo deje al lado, así yo misma me encargo de hacerlo.
Mike era nuestro carnicero, el chico gay que tan desesperado estaba. Era pelirrojo, con un tupé de cabello que contrastaba con su forma extravagante pero moderna de vestir. Tenía la cara repleta de pecas rojizas, y unos ojos castaños claros que las resaltaban más. Tenía veintiún años y además de ser nuestro carnicero, era también un buen amigo nuestro.
-Debes estar atenta. Sabes como es y da igual que se lo repitas mil veces; lo seguirá haciendo.
Mic suspiró, haciendo entender que ya sabía. Cogió su pequeño bolso, y colgándoselo del hombro, me dio permiso para poder abandonar aquel bar de una vez.
Un aire frío, cómo el de siempre silbaba en la calle. Las hojas marrones caídas de los árboles formaban pequeños remolinos de viento, que acaban cayendo cómo lluvia sobre tu cabeza. El cielo era de un azul marino oscuro, pero era un día precioso comparado con los habituales anocheceres mojados.
-¿Irás a pie o en taxi? –Me preguntó mi amiga, comenzando a caminar hacía nuestra esquina que nos separaban.
-Creo que a pie. Prefiero gastarme el dinero en taxi cuando llueva.
Micaela asintió, callada. Supe que no podía decir mucho más para animar la conversación, de modo que seguí caminando, con la mirada fija en mis zapatillas, con los cordones ya grises saltando como ranas. De derecha, a izquierda. De derecha, a…
Un pitido de un claxon nos hizo detenernos a las dos. Mic y yo intercambiamos miradas, seguidas de una risa por nuestro ridículo, y sin comentar nada más, intentamos disimular siguiendo andando…
Pero nada más nuestros pasos reemprendieron la macha, el claxon comenzó a pitar de nuevo. Fruncí el ceño, y por curiosidad, me giré. Micaela me imitó.
El corazón se me paró medio segundo cuando, de repente, vi agitarse algo en un mercedes, aparcado cerca de nosotras. Diferencié al muchacho de dentro, que pronto abrió la puerta y salió. Sus pasos comenzaron a caminar hacía nosotras, despreocupado y sobretodo, ignorando mi cara de pasmada.
-Oh, no –Balbuceé para los oídos de Mic antes de que James llegara hasta nosotras.
-¿Preparada? –Preguntó con una sonrisa en el rostro.
-¿Preparada para qué? –Pregunté, cruzándome de brazos -. Te dije ayer que no.
-Me dijiste que no tenías tiempo para citas, pero no para conocernos, desconocida.
James arqueó las cejas, incitándome de nuevo a aceptar, pero fruncí el ceño, fingiendo enfadarme. Por otra parte, Micaela comenzó a carcajear de forma atropellada, y entre risas, dijo:
-Vamos desconocida, no te cuesta nada desconectar un poco. Te pasas de lunes a viernes aquí encerrada, ¡sal un poco!
-Habló –Murmuré con una risita -. Ni siquiera le conozco, Mic.
-Y menos yo a ti –Volvió a interrumpir James. Me giré para verle, y una sonrisa alegre se dibujaba en su rostro -. Además, simplemente quiero saber al menos tú nombre.
Volví a arquear una ceja. Miré a Micaela, desde arriba, sin decidirme, pero la rubia me alzó las cejas en señal de que aceptara. Con un suspiro, me encogí de hombros, y quitándole importancia dije:
-Está bien…
Sofocando un gritito de emoción por parte de Micaela, cabizbaja seguí a James. Subí a su mercedes, sin comentar nada, y él no tardó en subir.
-Escucha desconocida, si no quieres venir dímelo. No quiero que te sientas cómo “obligada” a hacerlo.
-No, está bien –Dije con una sonrisa en los labios -. Supongo que será divertido, ¿no? Pero nada de citas.
-Nada de citas –Entendió, y con una nueva sonrisa, arrancó el motor.
El coche atacó por algunas calles de Londres que ni siquiera me sonaba de haberlas visto. Balcones alegres lleno de flores comenzaron a aparecer, junto a pequeñas viviendas que alegraban la vista. Bajo estas, restaurantes y pequeños bares comenzaron a aparecer. Aquel era un barrio encantador.
-¿Dónde estamos? –Pregunté cuando paró el coche en la acera.
-Si te lo dijese perdería la gracia.
No pude evitar sonreírle. Mi sonrisa fue respondida por una suya, y callados empezamos a caminar por las calles de aquella manzana, buscando algún bar. James poseía un humor bastante curioso, y más aún curioso, un humor que incluso me divertía.
Paró enfrente de uno de los bares más llenos del barrio. Dejándome llevar por sus pasos, entramos dentro de la cálida estancia, donde mesas expuestas en filas se alineaban. Pocas quedaban libres. Había gran cantidad de cuadros caseros, dibujados a mano y de gran calidad. Flores, paisajes rurales o simplemente retratos de personas estaban expuestos al público. Me quedé maravillada observándolos.
-¿Te gusta el arte? –Me preguntó, sobresaltándome cuando nos sentamos en una pequeña mesa.
-Lo sé apreciar, pero no es mi fuerte. Aunque tengo una amiga que sí estaría realmente interesada en estos cuadros.
-¿Y la música?
-Sin duda me gusta más que el arte. Además, ¿a quien no le gusta la música? –James rió, bajando la vista. Clavé mis ojos en él, intentando apreciar alguna mueca cuando empecé a hablar -. Puedes llamarme tonta o como quieras, pero muchas veces la música me ayuda más que incluso mis amigos. Ella siempre está ahí, siempre habrá alguna canción que te entienda a la perfección, y que te no te haga sentir sola. Puede hacerte reír, llorar o recordar, e incluso a veces llegas a querer a la música más que a las personas –Cuando levantó su mirada azul para verme, fue cuando aparté rápidamente los ojos de él -. A veces cuando les cuento esto a mis amigos no logran entenderme. Tal vez ni siquiera yo me entienda.
-Te entiendo. –Musitó. Fue suficiente para que le mirara -. Yo trabajaba cómo cantante, ¿sabes? Tenía un grupo de música con Matt y Charlie. Pero lo dejamos hace años.
-¿Por qué?
-No lo sé. A veces ocurren cosas sin explicación, ¿no? –James suspiró -. Se llamaba Busted. Antes de empezar con el grupo, tuvimos que echar de él a un amigo nuestro. Nuestra discográfica pensaba que para un grupo era mejor que hubieran tres miembros, y no cuatro. Muchas veces pienso que si Tom hubiera seguido en el grupo, tal vez Busted seguiría en pie.
-¿Tom?
-Se llama así.
-¿Y qué fue de Tom?
-Consiguió formar su banda. Y eran cuatro en ella. Dos guitarristas, uno de ellos él. Un bajista y un batería. Y mira por donde, su grupo sigue triunfando después de estos años.
-No hay que dejar que otras personas tomen decisiones por ti, James. Sino, ¿dónde está la gracia de equivocarse, entonces?
El castaño rió. Un camarero se acercó a nuestra posición, y ambos pedimos al unísono un café. James aprovechó aquellos segundos de espera para volver a reiterar la pregunta.
-¿Me dirás hoy como te llamas?
-Si logras ganarte mi confianza esta tarde, te lo diré –Dije con picardía -. Si no seguirás llamándome desconocida.
-Está bien, desconocida –Aceptó, extendiendo las manos -. Entonces intentaré ganarme tu confianza. No se contar chistes, ¿quieres oír uno?
2 comentarios:
ooooooooooooooooooooooooooooooooh dios mio que adorable james, me encanta <3 que ganas de que kay conozca a los mcguys, la fic pinta muy interesante :)
Awwwwwwwww! Me encanta mi personaje! Soy Micaela desde el blog de su hermana JAJA siempre aparezco en uno distinto :P
Hermoooooooooso cap! Aunque todavía no entiendo cómo James y Busted se van a relacionar con Danny y los McGuys... pero bueno, no importa, ya lo seguiré leyendo! Besoooootes!
Mica.
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