La lluvia caía con presión sobre las calles Londinenses. Una densa niebla se levantaba por el mojado asfalto, tan peligroso que incluso, las únicas dos personas que caminaban por la acera, tenían que ir con precaución de no resbalar. Sus pisadas retumbaban en el silencio de la noche, iluminados por los halos que de las farolas que apenas iluminaban sus rostros.
Eran dos varones. Uno de ellos, vestido con un abrigo de lana negro, y con el paso firme y seguro. Mantenía sujeto un paraguas con una mano, abrigada con un guante, dejando al descubierto solamente las yemas de los dedos. Su cuello y parte de su boca estaba tapada por una bufanda roja, resguardando su piel de más mínimo frío. Un corto flequillo rubio se escapaba por debajo de su gorro de lana, que adornaba su cabeza, casi oculta en la sombra del paraguas.
Una segunda figura, de la misma altura que este, camina a su lado. Su paso resultaba menos centrado, y caminaba con más descaro. Tenía ambas manos dentro de los bolsillos de su chaqueta, y su cabello también era tapado por la capucha de su sudadera. Respiraba profundamente, dejando escapar el vaho que salía de su aliento. Unos claros ojos azules miraban a su alrededor, cómo si deseara no estar allí.
-Podríamos ir por la mañana –Dijo volviendo la cabeza para observar a su amigo. Pronunció aquellas palabras con voz ronca y profunda.
-Por las mañana habría que hacer cola, Dan –Dijo el chico rubio, bajando su mirada hasta sus zapatos -. Además, has sido tú el que ha insisto en ir hoy.
-Pero era porque los chicos me habían incitado, Tom –Respondió el llamado Danny con una carcajada. Resultó contagiosa, a pesar de que los únicos seres vivos que había a su alrededor fueran su amigo, y los pequeños arbustos de los jardines -. Además, todo esto es mentira.
-Dougie dice que con él acertó. Además, es bastante famosa en este barrio.
-¿Y? –Danny arqueó una ceja -. Sabes que diga lo que diga, no será verdad, y menos aún, me lo creeré. Tal vez coincidiera en lo de Frankie, pero todos sabemos que ella acabaría volviendo con Dougie.
-¿Qué más da? Es una vidente, y tú has aceptado venir. Cállales la boca a Harry y Doug y oye lo que te diga la mujer, a pesar de que no diga nada más que mentiras.
El chico de la capucha negó suavemente la cabeza, más tranquilo y con cierta picardía, y llegando hasta el final de la calle, sus pasos se detuvieron en compañía de su amigo. Tom sonrió tenuemente, mostrando un pequeño hoyuelo que se asomó por la rojiza bufanda, y observando el cristal empapado, miró una vez más a su amigo. Este se encogió de hombros, dando a entender que no tenían otra opción que entrar.
Un cartel situado a la vista de todos descansaba clavado en el cristal. Pitonisa Karen anunciaba el pequeño cartel con letra elegante. El muchacho del abrigo de lana fue el primero en entrar, empujando la puerta casi sin fuerza y entrando a la tienda.
Decenas de estanterías descasaban en los lados de la tienda. Todas estaban llenas de bolas de cristal, baraja de cartas con extraños símbolos y complementos que a simple vista parecían normales. Indiferente, apreciaron la calefacción del lugar, y caminaron varios pasos hasta el final de la sala. Una anciana, de cabello corto y canoso y envuelto con un pañuelo azul, jugueteaba con unas cuantas cartas, clavando una mirada verde en ella.
Tom y Danny se detuvieron una vez llegaron a la mesa, y sin que la señora levantara aún la vista, murmuró:
-¿No creéis en mi trabajo, verdad?
Danny intercambió una mirada con Tom, serena, y dejando que su amigo hablara por él, esperó.
-Me llamo Karen, cómo bien indica mi cartel de la entrada, y esta es mi tienda. No me suena haberos visto antes, ¿me equivoco?
-Hemos venido porque un amigo nuestro nos aconsejó sobre… su precisión para ver el futuro –Tom frunció el ceño, confundido por sus palabras -. Y nos hemos acercado a ver que nos depara.
-¿Queréis ambos una consulta? –Por primera vez, Karen alzo la mirada. Sus ojos verdes oscuros se clavaron en el chico de cabello castaño y corto, aunque un poco rizado, que se había quitado la capucha.
-No, solamente yo –Habló el chico, sereno. Se sentó en la silla con un suspiro, incrédulo de que estuviera allí, mientras su amigo lo imitaba -. Me llamo Danny.
-Encantada. ¿Puedo llamarte Daniel? –El pecoso asintió, confuso. No acostumbraba a que le llamaran por su nombre completo, y no le gustaba -. No me gustan las abreviaturas.
-Yo soy Thomas –Se presentó Tom con una sonrisa, que, para sobresalto de este, la pitonisa le devolvió.
-Tú crees más en estás cosas, ¿Verdad Thomas? –El rubio no supo que contestar -. Daniel duda por completo de que pueda adivinar el futuro, y solamente habrá venido porque su amigo le ha insistido.
Nadie contestó. Ambos chicos se dirigieron una mirada más, azorada, y volvieron a mirar a Karen. La pitonisa había comenzado a barajar las cartas, mientras se acercaba cuidadosamente una bola de cristal hasta ella.
-¿Sobre que quieres que te hable, Daniel?
-Me da igual. Lo que usted prefiera –Dijo el castaño con una sonrisa desconfiada en los labios.
Karen terminó de barajar las cartas, y frunciendo el ceño y concentrando su mirada en la bola de cristal, no se molestó a mirar a los chicos.
-Hablemos sobre el amor. Parece que es el tema más intranquilo de tu futuro.
-¿Amor? –Volvió a carcajear, sin creerse una palabra -. Ahora mismo tengo una relación de más de un año con Georgia Horlsey, ¿la conoce?
-Oh, claro. Miss Inglaterra 2007. Una chica muy guapa, sí. ¿Crees que realmente tu destino es acabar con Georgia?
-No sería mi novia si no quisiera un futuro con ella –Habló secamente Danny.
-Habrá una más, aparecerá una más que hará peligrar tu relación con la modelo –Dijo sin preámbulos Karen. El cuerpo del pecoso se crispó, ofendido, pero mantuvo la relación -. No queda mucho para que aparezca.
-¿Quién es? –Preguntó Tom con curiosidad.
-No puedo averiguar la vida de gente que no conozco, Thomas –Habló Karen, volviéndolo a sonreír y mirándolo con ternura. Volvió a acariciar la bola, con dulzura, y girando una de las carta, dijo: -Será joven, más que cualquier amigo cercano. Aparecerá cómo si nada, tal vez en dos años, o uno, o quién sabe –Frunció el ceño -. Te asustará, te atraerá su presencia. Ella será amable contigo, vergonzosa, generosa con todos y buena persona, y su simple intención de hacer amistad contigo te hará enamorarte de ella poco a poco. Será castaña, con un extraño sentido del humor y…
-Basta –Gritó Danny, exasperado. Se levantó de golpe de la silla, y miró desafiante a la pitonisa.
Karen dejó de hablar. Miró desde abajo al castaño, con una sonrisa en sus labios y su amabilidad de naturaleza. Su comportamiento no la había molestado, pues ella misma se lo esperaba. Tom miraba a su amigo asustado por su comportamiento.
-… incluso el destino te junte para siempre con ella.
-Yo quiero un futuro con Georgia, y lo tendré con ella –Habló el pecoso, intentando tranquilizarse.
-También puedes terminar con la modelo para siempre. Es difícil cambiar el destino, pero no imposible, Daniel.
-Pues ya está –Se dio la vuelta vehementemente -. No hace falta que una pitonisa chiflada me diga cosas incoherentes sobre algo que no pasará, y menos, sobre una chica que no conoceré jamás.
Y sin esperarse a que su amigo se moviera, salió de tienda, envolviéndose de nuevo en la fría niebla que oscurecía su silueta y su miedo.
2 comentarios:
Wiiiiiiiiiiiiii! Nueva fic! Se ve muy muy interesante! Ponele mi nombre a la chica, pleaseeeeeeeeeeee! JAJAJA Ahora que lo pienso llevo como dos años o más leyendo tus fics... Parece que soy tu fan nº1 :D
Besos, Micaela!
hola! el fic esta genial!! no se por que (bueno en realidad si) me hace recordar a Percy Jackson, a de ser por lo de "PITONISA" jajajajaja! me gusta como escribes...
SUERTE :) :P :D
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