martes, 18 de septiembre de 2012

Capítulo 9:


Me escabullí en silencio hacía dentro de la tienda mientras era seguida por Giovanna. Oí el último Buenas noches de Tom, y dejando entrar a Micaela, cerramos con cuidado nuestra tienda de campaña. Las chicharras del exterior y el fragor del viento cortar las hojas de los árboles nos ponían la piel de gallina. Una pequeña linterna proveniente de Gio se encendió y nuestras caras se iluminaron pálidamente.
        -¿Harry e Izzy son pareja? –Preguntó Micaela, leyendo mis antiguos pensamientos -. Hoy se veían un poco… distanciados.
        Asentí silenciosamente. Durante la cena de embutido un poco reseco, el castaño y su novia se habían mantenido alejados. Casi no me había fijado en este detalle, hasta que, en momento de serenidad de Izzy, anunció que era la primera en irse a su tienda.
       
                                                                              Flashback

        Apenas terminé de acabarme mi longaniza chamuscada por fuera y mal cocinada por dentro, noté como la figura sentada a mi izquierda se levantaba. Mantuve la mirada en Izzy, quien había captado la atención de todo a pesar de ni siquiera intentarlo.
        -Me voy a dormir ya –Dijo serenamente, intentando sonreír pero en vano.
        -¿Quieres que te acompañe? –Resonó entre el crepitar de la hoguera la voz de Harry. Todos volteamos la mirada hacía él, quien se había flexionado apunto de levantarse.
        -No necesito que nadie –Dijo con énfasis – me acompañe –Le dedicó una mirada fría al castaño, quien se volvió sereno y se mantuvo quieto, hasta que se fue -. Buenas noches.
        El silenció reinó, las risas se acabaron y ni siquiera el más bromista de la noche, Dougie, se atrevió a romper el silencio ni cambiar la fúnebre cara de Harry.

                                                                              Fin Flashback

        -Mañana Tom tiene pensado ir a pescar todos juntos –Nos anunció su novia, quitándose el pintauñas de las uñas -. Lo digo porque deberíais tener cuidado con los otros tres. Si os acercáis mucho al agua, puede que acabéis en ella.
        -¿Entonces debo tener por mi todo el tiempo que esté en este camping? –Gio asintió ahogando una carcajada -. Comprendo. Pues con vuestro permiso, será mejor que reponga energías.
        Con un nuevo asentimiento de cabezas y el cansancio cayendo sobre los hombros, las tres aceptamos rendirnos a Morfeo y nos escabullimos en nuestro pequeño espacio para dormir. Decidí agudizar un oído en sueños por si el fanático de bichos y lagartijas, Dougie, se acercaba. Mi seguridad no estaba a salvo teniéndolo a menos de diez metros de distancia.

Los suaves zarandeos me despertaron del sueño aún todavía de que mis ojos no lograran visualizar bien el entorno. Ya unos finos rayos del alba se colaban por los espacios de aire que iluminaban la tienda, y una cabellera rubia y lisa, arrodillada a mi labio y con cabellos de leona, intentaba despertarme de un profundo sueño. Micaela parecía espabilada.
        -Kay, despierta –Me pidió dejando de zarandearme una vez me senté. Me froté los ojos con delicadeza mientras bostezaba. No deberían ser más de las nueve de la mañana, como máximo -. Giovanna ha ido a avisar a las otras chicas de nuestro plan.
        -¿Plan? –Dije con una voz ronca -. ¿Qué plan?
        -Vamos a ser nosotras quienes tiren a los chicos al agua –Dijo dando unas palmaditas alegres y nerviosas -. Corre, prepárate y date prisa.  No creo que tarden mucho en despertarse, ¡Tom es madrugador!
        Intenté preguntar más sobre el tema, pero antes de darme tiempo, la figura encorvada de Micaela abandonó la tienda. Aguanté una risita al recordar sus cabellos, suponiendo que al no poseer ningún espejo no habría caído en su aspecto. Me alisé como pude el cabello, intenté limpiarme de la más cavernícola forma la cara y preparada para enfrentarme a una “misión” que visto desde la lógica daba como resultado nuestra derrota, me apresuré para buscar a las demás chicas.
        Los resaltantes cabellos rubios de Micaela y Georgia se mantenían apartados de las demás chicas, las cuales habían corrido cerca de la orilla para escabullirse de cualquier forma. Me acerqué a hurtadillas hacía ella, intentando no hacer ruido, ya que nuestra posición no estaba muy lejos de las dos tiendas masculinas.
        -Por fin –Suspiró mi amiga sonriéndome -. ¿Estás preparada, Kay? –Asentí, no muy convencida -. Carrie, Izzy y Giovanna se han acercado al río para prepararse para cuando se acerquen los chicos. Tendrán que ser rápidas y empujarles hasta tirarles –Asentí, intentado aceptar la idea de que la fuerza de estas chicas pudiese compararse, simplemente, con la de Harry o Tom, los más musculosos.
        -¿Y nosotras tenemos que sacarles de las tiendas? –Pensé. Ambas rubias asintieron, sonriendo pícaramente -. ¿Cómo?
        -Ya que a la fuerza sería en vano, pues tienen un sueño demasiado profundo –Anunció sonriendo Georgia. Su sonrisa era recta, limpia y perfecta, y adornó su rostro con sutileza belleza -. Hemos recurrido a esto. Suponemos que no son inmunes al agua, ¿no?
        Cogió del suelo una bolsa blanca que descansaba a sus pies, y mostrándome su contenido, descubrí pequeños globos cargados de agua. Me depositó unos cuantos en mis brazos, tantos como pude sujetar, y así, nos preparamos para el bombardeo. Caminé de puntillas hasta una de las tiendas, seguida de Micaela mientras Georgia se situaba cerca de la otra. Nuestras miradas se encontraron, pero antes de dar el aviso de ataque, dijo:
        -Por favor, Mic, ven aquí conmigo. No creo que pueda yo sola –Dijo, dejándome sola mientras mi amiga obedecía en silencio.
        -¿Y yo? –Dije aterrorizada, mirando a la tienda. No sabía quien estaba en esta, pero de repente el miedo se apoderó y mi instinto pidió retirada.
        -Siempre has sido rápida al correr, Kay –Me sonrió Micaela, guiñándome un ojo -. Así que una vez tires todos los globos, corre.
        Intenté rechistar, pero los largos dedos de Georgia empezaron la cuenta atrás. Mis piernas temblaron, pero intenté cargarme de valor mientras me preparaba para abrir con toda la facilidad y estabilidad que podía la cremallera de la tienda, y bombardear. Tres, dos, uno y…
        Me apresuré a actuar antes que las rubias. Abrí hacía arriba la cremallera, peligrando varios globos en mis brazos, y abrí de golpe la pequeña puerta de tela. No me paré a mirar quién había dentro. Poniéndome rápidamente de cuclillas, deposité los globos en mi regazo y con ambas manos, agarré todos los que pude y empecé a lanzarlos rápidamente hacía la tienda. Oía el agua estallar contra ambos cuerpos que dieron un brinco, sin defenderse, y los gritos sorprendidos ahogados por ambas tiendas.
        Y antes de que me diera cuenta, los globos se terminaron. Preparé mis piernas para correr, pero tomándome un segundo como tiempo, esperé para ver quienes eran mis “enemigos”.
        Ambas caras, empapadas y con el cabello goteando de las puntas, se levantaron con los ojos entrecerrados. Tal vez estuvieran preparados, pero por sus caras se veía que el agua les había hecho despejarse completamente del sueño… Harry y Danny me observaban, y casi sin darme cuenta, sus cuerpos se incorporaron en la tienda.
                Eché a correr con dos segundos de ventaja de Georgia y Micaela, y no tardé en oír los rápidos pasos de mis dos víctimas. El miedo y la adrenalina se apoderaron de mi cuerpo y deseé más que nunca que mis piernas no fallaran y llegara al río lo antes posible, que desde aquel punto de vista, pareció visualizarse más lejos que nunca.     

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