Toqué con delicadeza la fría piedra que me separaba de la
ducha continua. Una niña de tal vez unos cuatro años se metió dentro, con un
bikini, acompañada de su madre. Evoqué viejos recuerdos, y con un suspiró, pisé
descalza el suelo. Miré hacía el exterior, donde me esperaba Micaela, con la
mirada perdida y esperándome. Mi camiseta con olor a acequia era lo único que
cubría mi cuerpo, además de la roba interior. Una camiseta grande y arrugada
que me venía por las piernas, mientras la ropa de Giovanna descansaba sobre el
antebrazo de Micaela, esperando ser vestidas.
-¿De verdad
piensas ducharte con la fuente del mal olor sobre ti? –Cuestionó Micaela cuando
encendí el grifo. La fría agua cayó sobre la piedra, salpicando y obligándome a
alejarme lo poco que había avanzado -. Quítate la camisa, Kay.
-No pienso
hacerlo –Sentencié perseverante -. Me niego a ponerme en ropa interior sin que
haya al menos una cortina que me pueda tapar.
-Kay, los
chicos están en sus duchas, y lo demás son mujeres o niños pequeños –Me dijo
con un suspiro. Su mirada se apartó hacía las demás cabinas -. Será un momento
y…
Su frase se
quedó en el aire. Con el ceño fruncido, avanzando poco a poco hacía el agua
pero sin quitarle la vista de encima, su reacción fue tan rápida que no me pude
escapar. Su mano aferró mi brazo con fuerza y estiró hacía ella, haciéndome
salir de la ducha, y obligando a mi cabeza a seguir la dirección de su vista,
mis ojos encontraron tres duchas más lejos, lo que le había llamado la atención
a mi amiga.
Era Harry,
pero un Harry totalmente diferente a como había llegado a imaginarme. En aquel
momento, el castaño entraba a una de las duchas despacio. Su camisa descansaba
en el suelo, y un torso completamente corpulento y musculoso llamó nuestra
atención. Mientras, su faceta seguía serena, lo que aumentó aquella imagen
aliciente.
Carcajeé por lo bajo mientras me separaba de Micaela y
me obligaba a entrar rápidamente a la ducha. La piel se me puso de gallina,
pero a aparte de la crispación mi cuerpo frente al frío, noté como mi cuerpo se
libraba de la suciedad.
-¿Pero que
tenía oculto Harry ahí abajo? –Comentó Micaela. Levanté la vista hacía ella,
con aire gracioso, pero su boca seguía abierta y sus ojos completamente fijados
en el batería. -. Madre de Dios…
-Está
bastante bien –Fue lo único que dije. La rubia me fulminó con su mirada, como
siempre, juzgándome por mi poco interés hacía los cuerpos corpulentos -. ¿Qué?
Micaela negó
suavemente con la cabeza mientras yo simplemente me dedicaba a reír por lo
bajo. Quería una ducha rápida, y salir de allí antes de que nadie me viera
empapada.
-Ahora vengo
–Dijo de golpe a rubia, y antes si quiera de que levantara la mirada, su figura
desapareció.
Me mordí el
labio, y de pronto me sentí indefensa. Me negué a llamarla, pues la conocía
bastante y sabía que por mucho que gritara, ella no suspendería su búsqueda de
cuerpos esbeltos. Así era. Sabía que había ido a observar con más atención, de
modo que tenía que vestirme rápido y…
Mi ropa. Mis manos dejaron de frotar mi cabello y busqué
por el suelo la ropa de Giovanna. Pero ni rastro; Micaela se la había llevado
con ella. ¡Mierda! Terminé de frotarme como pude y, sin saber como actuar,
apagué la ducha.
Allí me
encontraba, mojada de cabeza a pies, con una simple camisa grande apegada a mi
cuerpo completamente y que resultaba ser un poco trasparente. Me ruboricé,
mientras estrujaba mi pelo con fuerza para desahogar nervios, y con cautela,
asomé mi cabeza hacía el exterior.
No había
rastro de Micaela. El agua caer sobre la piedra era el único ruido apreciable,
además del lejano bullicio más allá, en el camping. Salí de mi ducha con miedo,
y sin saber lo que hacía, no pensé dos veces el situarme a la vista de la ducha
de Harry.
Pero de
nuevo, me volví a encontrar la espalda musculosa de Harry. La analicé con
cautela, a escondidas, descubriendo huesos que ni sabían que estaban. ¿Cuántas
horas se había pasado el batería encerrado en el gimnasio? Zarandeé la cabeza,
recordando mi poca vestimenta y obligándome a seguir buscando. Micaela no tenía
que estar lejos, ya que no habrían más de diez duchas en las que ella se
asomaría a mirar…
-¿Kay? –Oí
llamarme a mi lado.
Con un respingo a mi lado, me giré de lado. El corazón se
me aceleró vehementemente cuando, para mayor vergüenza mía, vi unos ojos azules
observarme unas cuantas duchas apartadas. Intenté decir algo, alguna excusa,
pero un sonido como de perro maltratado fue lo único que se escapó de mi
garganta. Noté como la sangre se subía a la cabeza cuando los ojos de Danny me
observaron, y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
-¿Qué estás
haciendo? –Pronunció con una carcajada mientras pasaba la mano por su mojado
pelo, algo ensortijado.
Azorada, le
chisté como única señal y comencé a zarandear los brazos, intentando obligarle
a girarse. El ceño del pecoso se frunció, y aprovechando su confusión, mis ojos
respondieron a su llamada de bajar la vista.
Danny Jones
acababa de salir de su ducha. En aquel momento, comprobé que su cuerpo no
estaba tan trabajado como el de su amigo, pero unos delicados abdominales
podían observarse en su torso. A pesar de la distancia, mis adentros sonrieron
cuando observé las vivas pecas que cubrían todo su cuerpo. Además, un largo
tatuaje negro cubría su brazo izquierdo y unas pequeñas letras en su cintura.
Pero una
nueva carcajada de su parte me hizo desaparecer de mis movimientos de demente y
mi mirada analizadora, y con un chisteo, dibujé un circulo en el aire mientras
susurraba con fuerza.
-¡Gírate,
gírate! –Danny frunció el ceño, mientras se mantenía quieto -. No me mires, no
así, ¡date la vuelta!
-¿Qué…?
-¡Qué te
gires! –Le chiste, sin evitar lanzar una carcajada. Este me la respondió,
mientas, extendiendo sus brazos, dio media vuelta lentamente.
Caminé hasta
su posición, y sorprendiéndole por la espalda, le empujé suavemente hacía su
ducha. Él intento preguntar de nuevo, pero le chisté una vez más, justo cuando,
como si una luz celestial cayera del cielo para avisarme de su presencia,
apareció Micaela por mi lado, obligándome a convulsionarme.
-¿Kay, te
ocurre algo? –Dijo mirando a Danny. Me había separado de él tan pronto como lo
obligué a meterse de nuevo en la ducha, fuera de mi vista, y Mic parecía
intentar encontrarle sentido -. ¿Qué le haces a Danny?
-¡A buenas
horas! ¿Dónde te habías metido? –Le dije, suspirando aliviada. Le robé la ropa
de Giovanna impulsivamente, y metiéndome en la ducha libre de al lado, me
despojé de la mojada camisa que ya me molestaba.
-Había ido a
ver que personal se escondía por las duchas –Me titubeó con una sonrisa pícara.
Sus ojos se desviaron de mi, y miraron al otro lado de la columna de piedra que
separaba las duchas -. ¿Danny?
-¿Puedo salir
ya? –Oí la ronca voz del pecoso mientras mis oídos se aislaban perdidos por
dentro de la sudadera. -. ¿Kay?
-¡Sí! –Grité,
una vez vestida del todo, y sonreí para mis adentros. Me coloqué rápidamente
mis zapatillas, y salí al mismo tiempo de la ducha que Danny. Él aún seguía
semidesnudo -. Ya.. ya está. –Anuncié con una ceja levantada. Miré a Micaela,
ruborizada, comprobando el ridículo que había hecho al obligar a Danny a no
verme con la camisa, y con una señal, obligué a Mic a caminar -. Bueno, ya…
hasta luego.
Una sonrisa
confusa pero divertida se dibujó en los labios del castaño mientras levantaba
una mano para despedirse. Le di la espalda tan rápido como pude, y con grandes
zancadas, abandoné las duchas con mi labio inferior sufriendo por la vergüenza.
Había hecho
el ridículo de forma considerada.
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æ, creo que empiezo a recuperar la habilidad, digo yo Ü hoy nos han comunicado que las preciadas tables que me ayudaría a escribir a todas horas, nos la traen EN DOS SEMANAS, osea, que intentaré sacar imaginación de las piedras y actualizar frecuentemente... mientras tanto, MUCHAS GRACIAS POR VUESTROS COMENTARIOS :)
@EvTenons (twitter donde pongo cosillas del fic, o de historias. Sigo de vuelta).
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