POV
KAY
Noté que parte de la gran tensión que había acumulado
desapareció cuando, una vez todos reunidos dieron comienzo a la cena, sus caras
no adoptaron una mueca de asquerosidad al notar la carne cruda. Y ciertamente,
aquella vez me habían salido raramente sabrosas.
Levanté con
gratitud la mirada hacía Danny. Sus ojos me observaron de reojo, pero cuando
embocé mi sonrisa en señal de darle las gracias, su cabeza se volteó hacía el
lado contrario de donde yo estaba y su mirada se apartó por completo de mi,
totalmente indiferente.
Intenté no
inmutarme y seguir cenando, mientas el crepitar del fuego se unía a una
conversación de todo el grupo pero de la cual no estaba unida. Pero
inevitablemente, mi mirada siguió buscando cada cuán la mirada de mi nuevo
amigo, pero este parecía no saber que yo existía en aquel grupo.
-Por cierto
Kay –Me llamó casi al final de la cena Micaela -. Hoy Lara me ha enviado un
mensaje de que su próxima exposición no será hasta dentro de mucho –Fruncí el
ceño pero no hizo falta que preguntara por qué. Mic se me adelantó: -Dice que
ha tenido un accidente con los cuadros y que no va a poder presentar nada.
-Vaya, que
lástima –Dije terminándome mi último trozo de carne -. Parecía bastante
emocionada en presentarlos.
-Emocionada
es poco. ¡Llevaba meses pintándolos! Si se les ha estropeado hasta el punto de
tener que tirarlos a la basura, me temo que volverá a tardar meses en tener
alguna oportunidad de exposición.
-Lara no se
redirá, Mic. La conoces y la conozco.
Micaela asintió la cabeza mientras su suave cabellera
rubia contoneó en el aire. El silencio se hizo en el grupo, y bastó la
sugerencia mía y de Giovanna para ponernos a limpiar los utensilios utilizados.
Los demás decidieron disfrutar de las últimas horas de luz en las pocas farolas
situadas del camping.
-Yo me
encargo de mojar los platos, Gi –Le sugerí, quitándole la gran pila de platos
sucios de los brazos. Ella asintió mientras me dedicaba una sonrisa peculiar.
Con lentitud,
caminé con delicadeza hasta el río. A aquello no se le podía llamar limpiar
platos, porque claramente el agua del río llegaba a estar más sucia que
nuestras propias bocas juntas, pero el entorno estaba demasiado oscuro como
para ir a buscar el agua corriente. Mis pisadas crujían en compañía de las
hojas, mientras el bullicio lejano de las demás personas resonaba entre los
altos troncos. Aún así, con aquella señal de vida y voces en el alrededor, me
sentí sola entre el frío.
Me senté con
las piernas cruzadas cerca de la orilla, lo bastante cerca como para lavar los
platos pero lejos de mancharme. Con inercia, me puse ha hacer mi tarea, hasta
que de pronto y con las ramas y hojas que habían por todos sitios, crujieron y
me alertaron de la presencia de alguien. Instantáneamente y asustada, giré mi
cuerpo para observar quién se acercaba.
Noté más
ligereza en mi cuerpo cuando la tensión desapareció al ver que se trataba de
Dougie. Su pequeño cuerpo delgado estaba con las piernas cruzadas, las manos en
los bolsillos de los pitillos y una chaqueta fina como único abrigo. Su suave
flequillo rubio apenas dejaba ver unas pequeñas rendijas como ojos. Con
amabilidad, sonreí mientras me volvía hacía el río.
-Doug, me has
dado un susto de muerte.
-Lo siento
–Se disculpó. No me inmuté cuando oí sus pasos acercarse un poco más -. Venía
a… pasar el tiempo –Dijo. Me volví hacía el mientras dejaba el plato en la gran
pila -. Todos están con sus asuntos y ahora mismo estoy un poco melancólico.
-Oh, conozco
perfectamente la sensación –Dije con una suave sonrisa, mientras cogía la pila
de platos al mismo tiempo que me levantaba -. ¿Amor, puede ser?
-Sí, es sobre
Frankie.
-¿Qué ocurre
con ella? –Le pregunté mientras no evitaba que Dougie cogiera la mitad de
platos para ayudarme.
Su
respiración se pausó un poco antes de hablar. Podía notar un pequeño desespero
por desahogarse o tal vez por encontrar alguna solución al problema que debía
tener.
-Últimamente
está muy hostil y malhumorada. No le apetece hacer nada, ni salir, ni siquiera
estar conmigo –Su aspecto de niño pequeño me pareció más madura que nunca
cuando perdió su mirada en la espesura de los árboles -. ¿Ves la crisis que
están pasando Harry e Izzy? No es nada comparado con como estamos nosotros.
Frankie se enfada enseguida, yo intento solucionarlo pero no tengo mucha
paciencia que digamos. Y la situación se me está yendo de las manos.
-¿Problemas
de qué, Dougie? –Pregunté con un hilo de voz preocupante -. Tal vez debáis
hablarlo… todas las parejas pasan crisis.
-No es la
primera. Hace tiempo también lo pasamos mal, y corté con ella. No pensé, no se
por qué lo hice, pero tuve suerte y ella no fue orgullosa en pedirme volver.
Pero ahora todo ese orgullo y mal carácter ha salido ante la más mínima
rozadura.
-Deberíais
hablarlo. Nosotras tenemos muchos calentamientos de cabeza y a veces
simplemente queremos que…
-Lo hemos
hablado, pero es imposible mantener una conversación civilizada –Su rostro se
crispó con una mueca de enfado, apretando la mandíbula -. Somos personas
demasiado diferentes…
No pude
contestar rápidamente. Me planteé la situación. La arisca y seca Frankie que
apenas conocía discutiendo con el niño bueno de Dougie. No conocía bien a
ninguno, pero sabía la situación por la que pasaban, y lo peor era que no podía
dar una solución objetiva.
Respiré
profundamente antes de decir con impotencia:
-El tiempo
dará solución a la cosa. Tal vez ahora sea inevitable pasarlo mal, pero al
final habrá el mejor resultado.
Doug frunció
suavemente el ceño, midiendo mis palabras, y finalmente sonrió mientras me
miraba. Intentaba parecer feliz, se notaba, pero inconscientemente le acaricié
el hombro con mi mano libre.
-Me alegro de
haberte invitado, Kay –Susurró achinando sus ojos, y con un poco más de
confianza regresamos a nuestras tiendas.
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