Salí del bar con el alma pisándome los talones. Tan amable
como siempre, James me abrió la puerta antes de que sacara mis manos de los
bolsillos de la chaqueta, y juntos y siendo casi los últimos en abandonar la
estancia, caminamos por las frías calles de Londres.
-Dime que no
tienes el coche muy lejos –Le pedí casi como un ruego.
-No,
tranquila. Está ahí delante –Dijo escondiendo su boca en la bufanda mientras
soltaba el vaho -. ¿De verdad que Micaela acudirá sola?
-Sí, Danny se
ha encargado de llevarla. Como no, soy la última –Rodé los ojos -. Siento
hacerte llegar con retraso, James.
-No pasa
nada, Kay –Quitó importancia con una media sonrisa.
Aquel viernes, la noche había caído en picado al igual que
la temperatura. Harry había organizado una fiesta en su casa, confesándonos que
el principal motivo era para hacer desconectar un poco de la rutina a Dougie.
Micaela se había marchado una hora antes, justo a la finalización de nuestro
turno en compañía de la agradable pareja Jones y Georgia, que se había ofrecido
voluntarios para llevarnos a nosotras y Mike, a quién también habían invitado.
Desgraciadamente,
Evan, mi jefe, había tenido un día lóbrego y había pagado su mal humor conmigo
haciéndome quedar hasta no haber terminado de fregar todos los platos.
Obviamente, me había negado al principio lo que había empeorado la situación,
pero a regañadientes había cedido antes de perder mi puesto de trabajo.
James se
había encargado de salir de nuevo de la fiesta para venir a recogerme, lo que
me sentaba como un tiro en el estómago. Iba a estar todo el camino
agradeciéndoselo.
-¿Cómo está
Dougie? `-Pregunté entrando deprisa al coche. James no tardó un solo segundo en
encender la calefacción mientras arrancaba -. Tengo ganas de verle y
comprobarlo por mi misma.
-Bueno
–Frunció el ceño -, puede controlarse ya las lágrimas, pero sigue bastante mal.
Lo ve todo mal últimamente, y bueno, él intentará sonreírte para hacértelo
creer, con tal de que no te preocupes por él.
-Oh, Dios
–Dije con voz lastimera -. ¿No habrán invitado a Frankie, no?
-¿Estás loca? –James soltó una carcajada
al aire -. ¿Qué persona con neuronas la invitaría a una fiesta donde estuviera
Dougie también?
Era lógico.
Con una sonrisa inocente, callé la mayor parte del camino sin muchas ganas de hablar.
El coche de James aparcó con dificultad en una larga calle Londinense, donde se
extendían ya bastantes coches aparcados, que, en compañía de una casa un poco
más lejos de donde salía la música y luces, daban las pruebas suficientes de
que había una fiesta.
A duras
penas, salí del vehículo, y junto a mi amigo caminamos todo cuanto pudimos de
deprisa a la casa. El frío afloraba aquella noche en la ciudad, y unas punzadas
en la nariz, la única parte no protegida del exterior, me hacían poner muecas
de dolor. El frío inglés era peor de lo que me había imaginado.
Con unos ojos
caídos y un movimiento confuso, fue Carrie la que nos abrió los ojos. Su larga
melena contoneó, y a primera vista, adiviné a su borrachera. Increíble. La
fiesta había comenzado una hora atrás y apostaría lo que fuera a que ya irían
la mayoría volcados por el suelo.
-¡Kay!
¡James! –Nos gritó mientras se tiraba a mis brazos. Con suaves empujoncitos,
entramos a la cálida casa -. Ya decía yo que no os veíaaa. Os estaban buscando,
¿sabéeeis? Creeo que a ti, James.
-¿Quién?
–Dijo desprendiéndose de su abrigo al igual que yo lo hacía del mío. Con
cuidado, lo colocamos en la larga montaña de chaquetas que se acomodaban en la
mesa de entrada.
-Emmm…
-Carrie frunció el ceño mientras comenzaba a dar vueltas -. Mic.
-Oh, Mic.
Tengo que encontrarla –Dije con una sonrisa. Acaricié suavemente el brazo de la
rubia mientras decía -. James, vamos a buscarla.
Y sin más
chismorreos, nos adentramos en la multitud de música, gente y luces. Estuve bien
atenta de no perder a mi amiga de vista, hasta que de pronto, diferencié como
si resaltase de la nada, un suave movimiento de baile acompañada de una risa
estruendosa. Intercambié una mirada con James antes de convencernos de
acercarnos a aquel tipo, y por la espalda, le llamamos a suaves golpecitos.
Con una
sonrisa y un vaso de algún tipo de alcohol en la mano, Danny Jones se giró
hacía nosotros. Su ceño se frunció suavemente al vernos, pero su aliento ya nos
delató que iba casi igual que Carrie.
-¡Danny! –Le
llamó James chocándole la mano -. ¿Has visto a Micaela?
-Sí, sí –Dijo
sonriendo de nuevo. Señaló al fondo de la sala con su dedo índice -. Estaba en
los sofás con Dougie, la última vez que la vi.
-Gracias
–Dije saludándole con la mirada, pero antes de que nos fuéramos, su brazo se
interpuso en nuestros tórax.
-¿Sabéis lo
que ha ocurrido? –Dijo con un tambaleo de equilibrio. Suavemente, se acercó a
mi oído, y como si James tuviera super poderes de oída, me susurró -. Izzy le
ha pedido un tiempo a Harry… ¡Justamente en su fiesta! –Se separó bruscamente
de mi mientras extendía los brazos hacía arriba -. ¡Soy el siguiente!
-¿Cómo? –No
pude evitar carcajear por su acción, pero mi rostro se serenó seguidamente -.
¿Ellos también lo han dejado?
-Eh, no. Se
dejan un tiempo –Me corrigió mirándome como si hubiera cometido una falta
grave.
-Eso es
cortar, Danny –Dije sombría.
-¿Qué ocurre?
–Se interpuso James, sin tener ni idea.
-James y
Izzy, se han dado un tiempo –Dijo Danny en voz alta -. ¿Verdad que darse un
tiempo es diferente que cortar, James?
-Sí, claro
–Dijo mientras unía su clara mirada con la de Danny y me observaban -.
Entonces… ¿van a estar un tiempo separados?
-Eso parece
–Dijo encogiéndose de hombros -. Ya tendré tiempo de preocuparme mañana,
chicos. Me voy a buscar a Georgia que esta noche promete –Su ojo derecho nos
guiñó un ojo.
James
carcajeó como si hubiera sido normal la cosa, mientras yo abría los ojos mas de
lo normal. Aquello era ser claro, sin duda. Danny nos sonrió pícaramente, pero
para mi sorpresa y casi sobresalto del corazón, su mano dio una palmada en mi
trasera, y como si temiera mi ataque, se escabulló entre la multitud. Azorada,
miré hacía el lugar donde se había ido boquiabierta, y seguidamente miré a
James quien sonreía maliciosamente. Danny era idiota.
-¿Qué hace?
–Dije alarmada -. Sabía rumores de que era mujeriego, pero no sabía que estando
con Georgia lo era.
-Créeme que
eso no lo suele hacer cuando tiene novia, por extraño que parezca –Carcajeó
mientas comenzábamos a caminar hasta el final de la sala -. Es extraño que lo
haya hecho, ¡hasta ahora, desde que le he visto con Georgia ha parecido más
maduro respecto al tema de mujeres y lujurias!
Arqueé las
cejas, aún indignada y malpensando de Danny. No soportaba tanta libertad, y
menos conmigo. Zarandeé la cabeza levemente, apartándome las críticas del
pecoso de la cabeza, y captando mi atención, diferencié ambas cabelleras rubias
que estaban sentados en el sofá vacío del salón. Micaela y Dougie.
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