Podía notar la piel erizada acompañada de cada escalofrío
a cada roce. Mis piernas temblaban inconciente y mi cabeza parecía estar
desconectada, sin importarle que hacía. Noté como mis pies se me separaron del
suelo, mientras que de pronto me encontraba en brazos de Harry. De nuevo, otro
beso nos acompañó, y sin saber que pasaría después, decidí poner todo de mi
parte. Agarré con firmeza su cuello, segura, y nos fundimos en otro beso sin
apenas aire. Con suma delicadeza, noté como me apoyaba sobre el blando colchón,
y sin ser apenas conciente mi blusa comenzó a desbrocharse. Y con un ataque de
frenesí, ambos nos dejamos llevar por la situación.
…
Nada más mi cabeza volvió a conectar con la realidad,
instintivamente levanté mi mano hasta mi frente. Abrí con suavidad los ojos,
pero no tardé en cerrarlos cuando estos parecieron pesarme un quintal. Pasaron
varios segundos de tiempo muerto hasta que empecé a apreciar la situación. Con
mucho cuidado ya que parecía que mi peso había aumentado el doble, abrí los ojos
e intenté girarme de lado. Pero no tardé en darme cuenta que aquella no era mi
cama. Obligándome a utilizar el cerebro, miré la suave sábana que me tapaba
hasta el pecho y con horror, descubrí que estaba desnuda. Miré hacía el techo,
blanco y lleno de luz, y una vez me reincorporé, ladeé la cabeza hacía mis
lados, pero allí no había nadie.
-Qué he
hecho… -Me dije sentándome en la cama mientras me cogía la cabeza con varias
manos.
Obligándome a recordar, me acurruqué todo cuanto pude
deseando que fuera un mal sueño pero apenas sirvió de nada. Sabía que había
tenido una buena fiesta la noche pasada, pero no sabía ni de quién era la casa
ni con quién me había acostado. El miedo se apoderó de mi y con la piel erizada
por los nervios, salí inofensiva de la cama en busca de mi ropa esparcida por
la habitación.
Cuando mi pie
se hubo hundido en mi zapato, caí en la cuenta. Mis ojos se fijaron con
sutileza en una bolsa caída enfrente de un armario empotrado, que parecía
haberse abierto para dejarla caer. Pequeños trozos de vidrio estaban esparcidos
alrededor, y entonces la bombilla se me encendió.
Estaba en
casa de Harry. Mi corazón dio un revuelco al pensar de nuevo quien podría ser. Harry no, él tenía novia y… recordé con
mayor aspereza. Algo en mi cabeza me lo negaba, pero abarqué la idea que no.
Casi al mismo tiempo, la posibilidad de que fuera Danny apareció, pero con
zarandeó volví a la lógica. Era imposible. Dougie surcó por mi mente, pero no
me hacía falta hacer un esfuerzo para saber si podría ser él, porque
perfectamente era consciente de la situación que pasaba por la ruptura, de modo
que lo taché también. Y Tom era la última persona a la que me vería junto a él,
ya que si imaginaba al rubio, su novia a la que tanto quería aparecía al lado.
Y sin caer en la cuenta, mi cabeza pensó en James.
-Mierda –Dije
en voz alta al no encontrar ningún contra a su favor.
No podía haber sido James, ya que ambos estábamos en casa
del batería y era raro que Harry no hubiera aparecido por su habitación.
Intenté recordar con mayor esfuerzo, pero fue imposible. Casi me convencí de la
posibilidad de que pudiera haber sido el ex miembro de Busted cuando de
repente, mis ojos divisaron una mancha roja en la alfombra, con un frasco de
licor al lado.
Todo encajó.
Me levanté del azoramiento y el sobresalto mientras me tapaba la boca con
asombro. No podía ser. Mis ojos se fijaron en la ropa masculina de la que había
ignorado, y entonces caí en la cuenta de quien podría ser el propietario.
Caminé hasta allí, y aferrando la sudadera que descansaba revuelta en el suelo,
me la llevé a la nariz para olerla.
No hubiera
podido negar aquella fragancia ni confundirla. Mis ojos se me humedecieron y mi
piel se erizó al pensar en lo que había hecho y un arrepentimiento y vergüenza
se apoderó de mí. Dejé caer de nuevo la sudadera a mis pies, y sin detenerme a
pensar en como podría actuar, caminé hasta la puerta y salí de la habitación.
Bajé con paso
ligero las escaleras y me encontré en el vestíbulo de la casa. Bolsas de
basuras estaban arrinconadas a los lados, con botellas y desperdicios dentro y
sabía que alguien había ordenado ya la casa. Intenté orientarme, pero los pocos
recuerdos de anoche y la cantidad de gente que había, me hacía dudar mucho de
mi posición. Entré al salón, atravesé otro pequeño comedor y finalmente, oí el
golpecito de una chuchara chocar contra vidrio, como si removieran un vaso. Oteé
las encimeras, y con las piernas temblándome y notando como la voz se me ponía
tensa, caminé muy vacilante hasta el marco de la puerta de la cocina.
Allí, tal
como me esperaba y detrás de una mesa con taburetes para desayunar, estaba
Harry, cabizbajo y removiendo un vaso de lo que parecía café. Llevaba puesto
únicamente un largo albornoz azul que solamente dejaba ver parte de su pecho,
que empeoró mi rumor. Di un paso hacía dentro, al tiempo en que el cogía su
vaso el cual estaba al lado de otro y se lo
llevaba a la boca. Parecía lo bastante ensimismado como para que le
atracaran y él ni se percatara.
-Buenos días
–Dije con apenas un susurro, pero que fue suficiente.
Rápidamente y sin darme tiempo ni a pensar, sus ojos se
levantaron al igual que su cabeza hasta mi posición, justo cuando sus labios
rozaron el vaso. Con una rapidez increíble, bajó tan rápido el vaso de nuevo
hasta la mesa que chocó contra el otro vaso, el cual se vertió mientras todo el
café sin remover se escapaba por encima. Harry soltó un bufido azorado.
-Oh, mierda
–Dijo mientras dejaba a bastante distancia su vaso -. Te lo había preparado,
pero… bueno, ya ves –Su mirada se levantó medio segundo, pero dio media vuelta
para coger un paño mojado y empezar a limpiar el estropicio -. Buenos días,
Kay.
Su voz, a
pesar de ser firme, tenía un rasgo de vergüenza en ella. Su frente estaba
arqueada, como si cada movimiento que intentara hacer estuviera calculado y no
quisiera hacer nada inapropiado. Me acerqué en silencio hasta uno de los
taburetes, delante suya y callé sin atreverme a hablar.
-Ahora te
preparo otro –Dijo mientras sonreí por algún motivo y me daba la espalda.
-No,
tranquilo Harry. No tengo hambre y desayuno muy pocos días.
-En mi casa
siempre se desayuna –Informó volteándome para guiñarme un ojo.
Me ruboricé de pies a cabeza. Sus movimientos anteriores
habían conseguido tranquilizarme un poco al hacerme sentirme un poco
comprendida y confusa, pero aquel guiñó y naturalidad después de lo sucedido me
habían vuelto a desconcertar completamente. Respiré profundamente, clavando mi
mirada en su espalda y con el corazón a punto de salirme del pecho de la
vergüenza, me atreví a preguntar:
-¿Qué pasó
anoche?
Como si no me hubiera oído, terminó de verter la leche en
el vaso y lo metió en el microondas. Estuve a punto de volverle a repetir la
pregunta a pesar de estar casi convencida de que me había escuchado, cuando,
dándose la vuelta sin mirarme y un extraño colorete en las mejillas, dijo:
-¿Cuándo
exactamente?
-Después de
manchar tu alfombra de vino –Dije con una sonrisa a lo que él respondió con una
mueca al recordar el manchurrón -. Después de eso.
Su mirada
azul clara se fijó en la mía, firme y constante asegurándome en silencio mis
pensamientos. Intenté leer su expresión, pero apenas sabía que pensar sobre
aquello. Me mordí el labio mientras intentaba pensar con claridad.
-No sabía lo
que hacía –Dije entrecortadamente apartando la mirada de él -. Quiero decir, no
me malinterpretes, que no soy así –Noté como el ardor de mi cara aumentaba y
una sonrisa en los labios de Harry me confirmó que sabía que me había
ruborizado.
-Y obviamente
yo tampoco. Nos pasamos con la bebida, como dijiste y… bueno, ya has visto –Se
removió su cabello castaño con una mano, mientras soltaba una bocanada de aire
mientras me miraba -. No sabía que iba a pasar cuando me he despertado.
-Ni yo cuando
he bajado –Declaré con una carcajada. El pitido del microondas sonó y pronto me
encontré mi taza de café delante mía -. ¿Alguien lo sabe?
-Apuesto mi
batería a que Tom lo ha sospechado –Susurró con una risita, pero mi tez se
ruborizó aún más -. No te preocupes, Kay. Tom no dirá nada.
Suspiré, más
tranquilizada mientras pensaba en lo dicho. Le creía, y confía en Tom. La
presión de la situación se ablandó en mi pecho. Harry había conseguido ablandar
aquel momento, y para mi sorpresa las piernas habían recuperado su circulación
normal.
3 comentarios:
me acabo de enamorar!! aisss creia que ahora Kay viviría una bonita historia de amor con Harry como en the appearances deceive y me he quedado un poco confusa... osea, que follan y ya está, sin nada más? djnwjendwjednwe aun así me ha encantado, a ver que pasa luego!
sube pronto, me encanta el fic!
molt interesant pero Harri no tenia novia y el pobre James que pasa¡ y Kay esta avergozada no se anrecorda de res si follaren o no. cada capitul se posa mes interesant.
Hola!!! Dioses! Creo que ya te lo he dicho pero… AMO COMO ESCRIBES!
Asdfghjklñ´! Es genial el fic y obviamente este capitulo tiene un poco mas de “acción” que los otros. Perdón que no he pasado muy seguido por aquí, pero los malditos exámenes me tienen muy ocupada.
AMO la relación de Harry y Kay. Es como muy confusa, me gustaría saber como seguirá, que pasara con Danny, James… en pocas palabras ME ENCANTA :D
SIGUE ASÍ Y TE DESEO LO MEJOR… YA SABES, CON RESPECTO A LO DEL FIC Y CON TU VIDA.
y te pido nuevamente perdón por no haber pasado muy seguido, me he sentido mal al no tener tiempo de bloggear tranquilamente. :D :) :P
ADIÓS Y SUERTEEE! :)
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