Con el cansancio en los músculos, me apoyé finalmente en
la barra del bar. Suspiré, observando las pocas mesas que estaban ocupadas. Era
plena hora de la tarde, justamente cuando más vacío se encontraba el bar; una
hora de descanso para nosotros. Aquel miércoles, apenas tres mesas estaban
ocupadas, y por sus pedidos y hechos nos iban a dejar descansar hasta que la
multitud volviera a entrar a una hora determinada y el trabajo se acumulase sin
reparos.
Micaela no
tardó en venir hasta mi posición. Se dejó caer en uno de los taburetes, y
apoyando sus brazos y la cabeza en ellos, dejó escapar el aire que forma
escandalosa.
-Aún nos
quedan dos días de trabajo –Asentí con pesadumbre -. ¿No sabes nada de Mike?
-Vendrá más
tarde. Esta semana los pedidos se le están acumulando. La gente parece estar
celebrando con semanas adelantadas la víspera de Navidad.
-Navidad…
-Repitió la rubia, pensativa -. ¿Qué piensas hacer? Queda menos de un mes.
-No lo sé.
Existe la posibilidad de que me quede, ya que ahora tengo más amistades aquí, y
bueno, tengo un trabajo decente –Me encogí de hombros -. Pero la idea de pasar
un invierno más frío que los demás en Londres no es que me de muchos ánimos.
-El frío
ignóralo –Murmuró Micaela, emocionada -. Además, si te quedas podrás asistir a
la exposición de Lara, ¡y créeme que le hace una gran ilusión que vengas!
-No lo dudo
–Dije con una carcajada -. Además de que las cosas me están yendo bastante bien
aquí por ahora.
Micaela
asintió con una sonrisa, mientras las campanitas de la puerta resonaron en el
casi sepulcral silencio del bar, si no fuera por las finas vocecillas de
cuchicheos de las pocas personas que aún quedaban en el establecimiento. Con
inercia, volteé la cabeza hasta la puerta, y una sonrisa se me dibujó en
compañía de Mic cuando un extrovertido Mike entró con paso decidido al bar.
-¡Buenas
tardes! –Nos dijo llegando a nosotras, exultante -. ¿Me esperabais?
-Un poco más
tarde –Confesó Micaela revolviéndole su pelirrojo cabello -. ¿Cómo estás?
-¡Oh! –Dio un
gritito de alegría mientras ponía los ojos en blanco. Mic y yo intercambiamos
miradas inseguras -. ¡En ese momento genial! Mis ojos acaban de ver lo más
agradable del mundo.
Miré azorada
a Micaela. Por experiencia, sabíamos perfectamente que Mike no hablaba de
nosotras. Él nunca podría alabar a una mujer de tal forma. Antes de preguntar,
nuestras miradas detallaron el bar en busca de vistas agradables, pero no
pudimos encontrar a nadie que no superara mínimamente los treinta y cinco años.
Le miramos con el ceño fruncido antes de añadir:
-¿A quién te
refieres?
-Fuera.
–Señaló con la mirada a la puerta, mientras su cuerpo se giraba para
facilitarnos las vistas.
Y justo en aquel momento, la puerta se abrió. Unas risas
estruendosas llegaron hasta nosotras, y seguidamente tres figuras esbeltas
entraron al bar.
-James –Dije
antes de reconocer su figura. Ya sabía perfectamente como era su peculiar voz y
risa, y no me equivocaba.
-¡Chicas!
¡Mike! –Dijo con un grito y una amplia sonrisa, levantando una mano en señal de
saludos.
-¡¡James!!
–Le saludó con una vocecilla aguda Mike, mientras comenzaba a agitar su mano en
el aire. Nosotras apenas movimos las manos para responder mientras comenzamos a
mofarnos de nuestro amigo.
Las otras dos
personas que le acompañaban nos saludaron nada más llegaron. Matt y Harry
siguieron al castaño más liviano, y con una sonrisa, nos saludaron mientras se
acoplaban en los taburetes de al lado.
-Que sorpresa
veros por aquí –Dije con una carcajada mientras les observaba con curiosidad -.
¿Cómo que os habéis pasado?
-¿No puedo
venir a veros? –Dijo James encogiéndose de hombros mientras sonreí tenuemente
-. Además, no vamos a poder quedarnos mucho rato. Tenemos que ir a casa de Tom,
a ver como está Dougie.
-¿Doug?
–Preguntó Micaela frunciendo el ceño -. ¿Qué le ha ocurrido?
Los tres chicos intercambiaron miradas indecisas antes de
confesarlo.
-El lunes,
Frankie rompió con él.
-¿Cómo? –Me
indigné mientras elevaba la voz -. Vais de broma, venga ya… -Me negaron con la
cabeza -. ¿Por qué?
-No ha dado
explicaciones.
-Entonces…
Dougie debe de estar fatal –Se me encogió el corazón al pensarlo siquiera -.
Pero si yo a Dougie lo veía feliz con ella, amable, cariñoso... No tiene
sentido.
-Desde hace
tiempo ya se les veía mal –Añadió Matt -. Además, yo pienso que Frankie no se
ha llegado a tomar la relación muy a fondo, o al menos en comparación a Dougie.
-¿Y Dougie?
¿Cómo está?
-Lleva estos
dos días llorando, sin parar –Dijo Harry mientras se le dibujaba una mueca de
tristeza en el rostro -. Hemos intentado animarle, pero no hay manera… Él ya se
veía un largo futuro con ella, tenedlo en cuenta.
-Además, Tom
y Giovanna están pensando en que se vaya un tiempo a vivir con ellos. En nada
es Navidad, y es muy melancólico verse sólo en esa fecha, además de que Doug va
a pasarlo muy, pero que muy mal.
-Sería lo
conveniente –Mic se levantó impetuosamente del taburete mientras se metía
dentro de la barra. Su cara parecía nerviosa e impotente -. ¡Quiero ir a verle!
No puedo creer que yo esté aquí, sin hacer nada mientras él está ahí pasándolo
mal.
-Ya le verás.
Por ahora déjanoslo a nosotros, puede estar un poco violento –Nos recomendó
Harry con una sonrisa -. Déjale respirar.
Micaela se
mordió el labio, impotente. Sabía lo mucho que se preocupaba ella por sus amigos,
y sabía lo que sentía, pues una parte de mi también deseaba darle un abrazo
reconfortante a Dougie, pero no podíamos sacar tiempo ni oportunidades de
debajo de las piedras.
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Ok, podéis pegarme un tiro. Tardo muchisimo en actualizar, pero entre tantos exámenes y que necesito mi tiempo para desconectar un poco de todo, escribo muy poquito al día y por eso tardo más D: pero intentaré darme un poquito más de prisa, no vaya a ser de que pierda lectores.
muchas gracias a los que me leen <3 je t'aime.
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