Me despedí de Harry con una
sonrisa y un gracias, mientras cerraba la puerta de su coche y le veía
alejarse. Se había tomado la molestia de acercarme a casa de Lara, donde sabía
que estaban todos por un mensaje que me había mandado Micaela horas atrás, sin
añadir unas diez llamadas perdidas suyas.
Entré
al portal, saludando al viejo portero que siempre descansaba en una sillita de
madera al lado de la gran puerta. Este me respondió con una sonrisa, pues nunca
recordaba mi nombre, y con paso ligero subí las escaleras hasta llegar al piso
de Lara. Allí, di unos suaves golpecitos a la puerta, y no tardé en oír la
peculiar voz de Micaela gritando por toda la casa.
La
puerta se abrió de golpe, sin preguntar siquiera quien era. Los cabellos rubios
de Mic estaban recogidos en una alta coleta, sin maquillaje en absoluto pero
una amplia sonrisa en los labios. Me miró de arriba abajo, y como si hubiera
desaparecido una semana entera, su sonrisa se borró y me agarró por la manga
para estirarme hacía ella.
-¡Kay,
por el amor de Dios! ¿Dónde te metiste anoche? Estuve buscándote todo el rato,
¡y ni cogías el teléfono!
-¿Kay?
–Oí otra dulce voz a su espalda. En aquel momento, Lara salió de la cocina -.
¡Por fin! Ayer Mic me llamó para saber si estabas aquí. ¡Nos tenías preocupadas!
-No
pasó nada –Dije ruborizada, entrando a la casa. Me quité el abrigo en silencio,
pero las severas miradas de mis amigas exigían una explicación -. ¿Qué?
-¿Dónde
estuviste anoche? –Preguntaron al unísono.
-En
ningún sitio. Simplemente perdí la noción del tiempo.
-Sabes
que es mentira –Exclamó de repente Mic, embozando una amplia sonrisa. Corrió
hasta mí y me tiró al sofá, situándose delante mía en compañía de Lara -.
¡Cuéntanos que pasó!
Me
mordí la lengua, intentando pensar con claridad. Confiaba en Harry y sabía que
no iba a ir contándolo por ahí, exceptuando a los chicos. De modo que yo
también debía confiar en mis contactos más cercanos, pero sabía perfectamente
que si se enteraban, iba a sufrir una masacre de preguntas. Aún así y escondiendo
una sonrisa vergonzosa en la comisura de los labios, les conté todo lo sucedido
la pasada noche.
Sus
caras eran todo un poema para cuando terminé. Lara parecía la más
desconcertada, pues no conocía a Harry ni a nadie de quién hablaba, pero sabía que
también se había quedado impresionada con mi relato.
-Entonces…
¿tú y Harry…? –Intentó decir Micaela -. ¿Solamente ha sido una noche? ¿No hay
nada más?
-Claro
que no –Dije con obviedad rompiendo a carcajadas -. Será incómodo pero
simplemente ha ocurrido. No hay química ni nada.
-Por
Dios Kay, con Harry Judd todas tenemos química –Exclamó de repente Mic. -. Me
muero por ver como actuáis hoy ambos.
-¿Hoy?
–Pregunté azorada.
-Claro
que sí. Es sábado, Kay. ¿Qué pretendes hacer? ¿Quedarte en casa viendo
películas aburridas mientras comes palomitas? –Arqueé las cejas. Sabía que eso
no era lo que quería -. Venga ya. Sabes que un sábado está hecho para salir. Y
también le digo esto a Lara –Se giró para mirarla firmemente -. Te vienes con
nosotras.
-Pero
si no conozco a nadie –Contradijo con una sonrisa -. Además, quería hablaros de
algo que precisamente, me hace quedarme en casa hoy –Mic y yo nos cruzamos de
brazos, decepcionadas -. ¡No miento! Han puesto ya las fechas para la próxima
exposición, y es la semana que viene, ¡y aún me quedan muchas obras que
terminar! No puedo perder el poco tiempo que me queda, chicas.
-¿No
habrá nada en lo que te pueda ayudar? –Dije con una mirada suplicante, pero
ella me lo negó alegremente.
-Oh,
no, descuida –Sentenció con una sonrisa pícara Lara mientras me abrasaba con la
mirada -. Tú será mejor que vayas y veas a Harry, te ruborices y pases un
momento incómodo. Sí, será lo mejor. Y llegará un día en que estaré delante,
les conoceré y recordaré el momento.
-Entonces
olvídate de conocerles –Amenacé con el ceño fruncido, pero una liviana sonrisa
en mi rostro -. Creo que van a pasar años hasta que…
-Ah,
no. Me gusta la idea de Lara –Exclamó Micaela, soltando una carcajada mientras
mutuamente chocaba palmas con mi amiga -. ¿Sabes? Hoy voy a pasármelo muy bien
contigo, Kay.
POV
DANNY
A golpecitos suaves y como si se
tratara de una pelota de goma, levé el cartón de las palomitas hasta el cuenco.
El vapor parecía desprenderse del paquete y solo con que me rozara la mano me
abrasaba. Con suaves estirones, conseguí abrir el paquete y verter las
palomitas dentro del cuenco, pero sin llevarme alguna que otra quemadura en la
yema de los dedos.
Con
ambas manos, cogí las palomitas, y aprovechando mi soledad me llevé una gran cantidad a la boca mientras salía de la cocina de Tom.
Caminé hasta el salón, donde todos ya se había situado en los sofás y parecían
hablar de algún tema que por intuición no me interesaba. Me dejé caer al lado
de Georgia mientras fingía escucharles.
Mis
oídos no lograron aferrarse a la conversación hasta que terminaron el tema que
parecía hablar de algún animal de documental.
-Por
cierto, ¿dónde están Kay y Mic? –Preguntó Dougie mientras intentaba alcanzar
las palomitas con la mano. Me aparté de él, pero tan pronto como las distancias
se hicieron entre nosotros dos, me apegué a Harry, quien cogió una gran
cantidad y se la dio al bajista. Pudd -. Creía que vendrían.
-Tal
vez vengan con James. Últimamente se le ve más el pelo cuando vienen ellas
–Musitó Tom con una sonrisa -. Aunque la verdad es que las conocemos por él.
Todos
asentimos silenciosamente. Fijé mi mirada en Georgia, quien de repente se había
levantado de mi lado en dirección al vestíbulo.
-Voy
al baño, ahora vengo –Informó, y desapareció en la esquina.
Miré a Giovanna unos pocos
segundos. Era raro que no le hubiera pedido que la acompañara, pues eran las
dos únicas chicas que habían en aquel momento y siempre actuaban así. Carcajeé
rompiendo el silencio, lo que pareció animar de nuevo la conversación.
-Harry
–Dijo de pronto Dougie mirando a su amigo -. ¿Dónde te metiste anoche? Te
busqué con Tom pero no te encontré.
-Oh,
em… -Tartamudeó el batería, desviando la mirada -. Creo que anoche nadie sabía
donde se encontraba precisamente –Añadió con una carcajada mientras me miraba.
-Venga
ya, Harry –Exclamó Tom rompiendo a carcajadas -. ¿De verdad lo dices?
-Pues
claro –Dijo elevando la voz el castaño. Noté como le dirigía una mirada de
alerta al rubio, quien se encogió de hombros y calló. Miré de reojo a Dougie,
quien sabía que pensaba igual que yo: ocultaban algo.
-¿Qué
ocurre? –Pregunté con una suave risita.
-¿Cómo?
No ocurre nada –Mintió Tom. Una sonrisa se le escapaba de los labios, lo que le
delataba.
-¡Tom,
no nos dejes con la duda! –Exclamó Giovanna agitando el brazo de su novio -.
Terminad lo que empezad.
-Yo
no tengo nada que decir sobre el tema –Su ceja se arqueó y miró de nuevo a
Harry, divertido -. ¿Y tú, Harold?
-¡No
hay nada que decir, entrometidos! –Siseó exasperado. Aquella acción solo sirvió
como autoconvercernos más. Al mismo tiempo, Dougie y yo nos levantamos y nos
echamos encima de él -. Chicos, ¡parad! Me hacéis daño.
-Habla,
mi amor –Pidió Dougie mientras explotaba a risas. No tardé en unirme, pero tan
pronto como empezamos los fuertes brazos de Harry nos echaron hacía atrás -.
¿Por qué no nos lo cuentas? ¡Oh, vamos Harry, siempre nos lo confesamos todo!
-¡Está
bien, está bien! –Exclamó finalmente, estirando los brazos y recuperando el
aliento y tranquilidad. Estaba nervioso, tanto que la frente le sudaba y no
paraba de frotarse las manos -. Pero debéis cerrar la boca ante todo. ¡No se os
debe ni de escapar, porque si nos la he cagado! –Miró fijamente a Dougie, quien
asintió energéticamente, curioso -. Está bien… anoche… me acosté con Kay.
El
silencio reinó. Mi mente se quedó en blanco, sin pensar absolutamente nada.
Luego, analicé sus palabras y noté como mis brazos y piernas comenzaban a
temblar. Miré fijamente a Harry, quien se mantenía cabizbajo, sin decir nada
por la presión en el entorno.
Y
justo en aquel momento, un maullido proveniente de Marvin que estaba debajo de
la mesa nos llegó y seguidamente el timbre sonó.
1 comentarios:
mot pero q molt b pero escriu pronte el altre capitul me e que dat en les ganes d mes besitos
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