-Sí, supongo que me hice una imagen errónea tuya
cuando me tiraste al agua hace unas semanas –Dije mientras mis piernas
temblaron bajo mis pesas. Tambaleante, me puse de pie de nuevo.
-Sabes que fue sin querer –Me dijo con una sonrisa
mientras imitaba mi acción -. Aunque fue una peculiar forma de conocernos.
Carcajeé mientras Asentía silenciosamente. No sabía si
el notaba la misma incomodidad que yo en el aire, pero mis piernas temblaban
sin entender por qué. El único ruido de la comida masticada por los animales
y las manecillas de un lejano reloj creaban un suspense en el momento que sabía
que no podría soportar mucho tiempo más.
Pero desatendiendo mi incomodidad, mis ojos encontraron
los de Danny. Me hubiera sido imposible describir lo que querían decir, tan
azules grisáceos que me observaban como si pretendieran descubrir algo que no
dejaba ver. Noté como me ruborizaba poco a poco, pero aquella vez no quise
recrudecer la situación. Había algo en aquella mirada que me impedía apartarla
de ella, algo que removía mi estómago.
-Los cafés se estarán enfriando –Dijo de pronto
Danny, rompiendo la conexión visual. Actuó como si los segundos de antaño no
hubieran sucedido, pero cuando me dedicó
de nuevo una de sus cotidianas sonrisas, a esta le faltó algo -. ¿Nos vamos?
-Sí, claro –Dije con un hilo de voz. Carraspeé,
intentando concentrarme en el presente -. Adiós Bruce y Ralphie.
Un ladrido por parte de los dos me respondió, lo que
me dejó anonadada. Danny simplemente se limitó a reír por mi cara de asombro,
mientras de nuevo, me daba el primer paso a la salida abriéndome las puertas.
El coche era el único lugar donde podía encontrarme
mediocremente cómoda. Una fina capa de incomodidad que creía perdida se había
vuelto a crear entre nosotros, pero durante el camino de vuelva a casa se
mantuvo apartada. El tema de lo que podía ocurrir entre Harry fue el único y
soporífero tema que se formó.
Antes de que pudiera darme cuenta, el vaho me
permitió ver de nuevo la casa Fletcher. Agarré de nuevo como pude los vasos, y
me ralenticé a salir del coche. El frío afectó peor a mi cuerpo cuando, para mi
sorpresa, unas suave llovizna comenzó a caer sobre mi cabeza.
Taciturnos, corrimos hasta la puerta de Tom. Miré al
frente, donde parecía que el camino de la acera hasta el umbral se había
multiplicado por dos. El suelo, resbaladizo y húmedo comenzaba a hacer peligrar
mi estabilidad a cada zancada que daba, hasta que los resbalones y patinazos
comenzaron a aparecer. Noté como lo que parecía la mano de Danny me aferró del
brazo para sujetarme, y de nuevo, algo me embriagó hasta la garganta. Apenas
unos metros más, y mi vida dejaría de peligrar.
Pero en el último segundo, noté como mi pie fallaba y
en un doloroso quejido, se doblaba. Aferré con fuerza los cuatro cafés que
llevaba, y notando como mi cuerpo se suspendía en el aire como si fuese a cámara
lenta, mi orientación falló. Cuando caí al suelo, un fuerte dolor recorrió mi
columna de arriba abajo, acompañado del dolor de mi doblado tobillo. Me mordí
el labio, reprimiendo un nuevo gemido, y mis ojos se cerraron con fuerza.
-¡Kay! Oh por Dios, ¿te has hecho daño? –Oí la voz
ronca de Danny arriba mía. Valientes, mis ojos se abrieron para descubrir como
intentaba encontrar la forma de prestarme una mano para ayudarme -. Sujétate a
mí.
-Estoy bien, ha sido un suave resbalón- Dije aferrando
a los dos dedos que únicamente podía ofrecerme. A duras penas, conseguí
levantarme, y cuando mi pie se apoyó en el suelo, un quejido asomó por la
comisura de mis labios -. Me he doblado el pie.
-Oh, mierda. Corre, entra antes de que cojas un
resfriado –Me ofreció apegándose a mí, y noté como una risita se escapaba de
él. Sonreí ociosamente.
El tintineo del timbre apenas fue audible para
nuestros oídos. La suave llovizna de apenas unos segundos antes iba convirtiéndose
en un diluvio con fuerza. Por suerte, aquella vez un sonriente Tom nos abrió la
puerta, despreocupado.
-¡Quince minutos, señor! ¿A qué parte de Londres habéis ido a buscar
los cafés?
-Tom, ayúdame. Kay se acaba de dejar la cabeza en la
acera de tu jardín –Murmuró Danny. Noté como con una mano Tom me quitaba los
cafés, y con otra, posaba su brazo en mi cintura -. Vas coja, Kay.
-Estoy bien, es normal. Ha sido un torpe resbalón,
nada más –Siseé intentando alejarme de la ayuda del rubio. No quería entrar al
salón siendo el centro de mayor interés y fingiendo un simulacro -. Puedo caminar sola, tranquilos.
Dedicándome una mirada no muy convencida, ambos me
soltaron. Miré los cafés que Tom me había usurpado, y para mi horror descubrí
que dos de ellos habían perecido en la caída. Ahora eran unos simples trozos de
cartón aplastados y húmedos con olor a café.
-Oh, no –Dije mientras miraba amedrentada las tazas -. Lo siento, chicos.
-No te preocupes por eso, Kay –Quitó importancia Tom,
comenzando a caminar hacía el salón -. Preocúpate por la mancha de tu chaqueta.
Miré hacía abajo, horrorizada y con miedo a
encontrarme con lo que se refería. Para mi susto, una gran mancha marrón en forma
de círculo estaba perfectamente visible en la chaqueta. Resoplé, mientras que a
pequeños pasos y cojos a pesar de mis esfuerzos, comencé a seguirles.
-Te va a costar quitar ese manchón –Oí la suave voz
de Micaela. Levanté los ojos para descubrirla acercándose a mí -. ¿Se puede
saber como demonios caminabas para conseguir resbalarte?
-Lo raro es que no lo haya hecho Dan también –La voz
de fondo de Dougie acompañado de una risita se unió -. ¿No la habrás tirado
adrede al suelo para evitar tu caída, no?
-Por Dios, canijo, no soy tan perverso –La estruendosa
voz de Danny seguía a mi lado -. Por cierto… antes de que se enfríen del todo,
¿alguien quiere café tibio?
Levanté la mirada para encontrarme a una multitud que
caminaba hacía el pecoso para calentarse con la bebida. Mi mirada se centró en
la rubia cabellera que se había mantenido al fondo, con el ceño fruncido y
mirando a su novio con confusión; Georgia parecía preocupada. Sus ojos grandes
y azules no tardaron en darse cuenta de mi curiosa mirada, pero sin
esperármelo, una sonrisa se dibujó en su rostro como si no hubiera estado
meditando sobre algo, a pesar de su cara de molesta.
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