domingo, 14 de abril de 2013

Capítulo 64 -Partida a Northampton.


                                                                              POV KAY

                Mi mirada se centró en los dos autobuses que empezaban a cargar maletas. Podía sentir mi corazón bombardear mi pecho, y tal vez si se hubiese callado todo el bullicio y la contaminación acústica de la ciudad, los latidos habrían retumbado por los edificios, audibles para todo el mundo.
                Capté a Tom, quién ayudaba a su novio a cargar la maleta en sus respectivos autobuses. Él había sido quién había hecho los honores de informarme del tour un día antes de aquel, y el mismo que me había insistido en convencerme hasta que aceptase. Pero en aquel momento, mis piernas amenazaban en echar marchar atrás y salir corriendo.
                En el primer autobús, viajarían los chicos y sus novias: Tom, Danny, Dougie, Harry, Giovanna, Lara, Izzy, Dylan y tal vez algún que otro que no conociera. Y en el segundo, nos habíamos amontonado Micaela, Georgia y sus dos compañeras de trabajo, James, Matt y yo. La idea de compartir alojo al lado de la ex novia de Danny que seguía sin entender porque tenía que venir me alteraba, obligándome a dormir con un ojo abierto por seguridad. A pesar de ello, sabía que no había motivos para aquella actitud.
                -¿Te ayudo con la maleta? –Se ofreció una voz lado, apartándome de mi pequeña burbuja ensimismada. Di un brinco a su lado para encontrarme la amplia sonrisa de James, cordial y amable.
                -Oh, está bien –Acepté. Le devolví la sonrisa mientras le dejaba hacerse cargo de mi maleta -. Me alegro de que vayas en mi autobús. No es… precisamente cómodo, que digamos.
                El ceño de James se frunció con una pizca de gracia. Pareció intentar entender más allá mis palabras.
                -Sí, yo también. No entiendo por qué Georgia, Sam y Lucy –Nombró. Intenté memorizar aquellos nombres a pesar de que no tenía intención de hablar a las imitaciones de Barbie – han venido. Después de la ruptura con Danny… bueno, no es lo más normal.
                -No creo que la idea de traerla haya sido de ellos –Intenté pensar, sin convicción -. Quiero decir. Danny no es impasible, ni tan violento a la hora de tomar una decisión.
                Una sonrisa torcida y dubitativa se embozó en James. Sus ojos bajaron hasta sus pies, ladeando su cabeza espaldas al sol y oscureciendo su rostro. Sabía que él podía pensar, o incluso saber lo contrario, pero fuese lo que fuese no le pregunté. Preferí bastarme de mi teoría.
                James terminó de ayudarme, y entre algunos comentarios sobre el tour, subimos al autobús. Micaela ya se encontraba sentada al otro extremo del auto. Nos levantó la cabeza con curiosidad, a lo que una sonrisa nos saludó. Le devolví esta, mientras que James se aproximó a ella.
                Mi mirada se distrajo por aquella voz. Ronca y acompañada de una carcajada, una espalda esbelta y un cabello con algún rizo roto conversaba con los conductores. Quise llamarle, que supiera de mi presencia pero mis labios se apretaron evitando las palabras. Caminé impasible hasta Mic, quién no tardó en advertir mi estado más ausente de lo normal. Una mirada severa y orgullosa me fulminó.
                -¿De verdad hay que viajar con este autobús? ¿Y encima compartido?
                La voz desconocida pareció irritarme los oídos como si hubiesen usado una taladradora a mi lado. Me giré, al igual que James y Micaela buscando al propietario de aquella voz. Una chica, alta, rigurosa y de un cabello ocre que caía sin ningún imperfecto subió como si evitara tocar cualquier mueble. Unas gafas que tapaban su cara sin ningún poro ni arruga analizó el entorno con suma atención.
                -¿De verdad, Geo, que tenemos que ir aquí?
                -No seas tan quisquillosa –Sonó la más aterciopelada voz de la rubia detrás suya.
                Georgia apareció por su espalda. Vestía normal, más casual que de normal. Aquella mañana sus ojos no estaban decorados, y su cabello se perdía en un peinado simple. Aquel look, para mí hubiera sido normal, incluso más formal que de costumbre. Para ella, dejaba claro su carácter mohíno y herido aún bien abierta.
                Seguí con cuidado cada acción suya, compadeciéndome pero exasperándome. Sus ojos, al igual que los míos encontraron a Danny nada más subir. Respiró una bocanada de aire mientras un gimoteo se escapaba enmudecido, y sus ojos se cargaron de dolor. A pesar de no llevar el vestido blanco y arrugado, y el maquillaje esparcido, aquella faceta lograba revolverme todo mi interior.
                -¿Algún problema con el autobús? –Preguntó la atrevida voz de Matt. Apareciendo al lado de Danny, y obligando a este a voltearse, miró con cierto descaro a la chica de cabello ocre -. Tú debes de ser Lucy.
                Una ceja se alzó en el rostro perfilado de ella. Miré a Danny, quién únicamente se fijó en Georgia mientras sus miradas se encontraron. Sus músculos se contrajeron, sus labios enmudecieron y su rostro se endureció. Georgia, simplemente, dejó escapar su melancolía visiblemente. Aquella escena pareció azotarme más que mil latigazos.
                Noté la suave mano de Mic acariciar la mía con disimulo. Intenté dejar de mirar, pero justo en aquel momento, un Danny cabizbajo apartó la mirada de su ex prometida y pareció notar la mía. Sus ojos dejaron ver la presión de la escena, y su indescriptible rostro pareció hablarme intentando parecer frívola.
                -Vaya, mira a quién tenemos aquí –Sonó una voz más rasgada. Una chica de cabello negro y liso apareció detrás de las dos modelos. Ella debía ser Sam -. ¿Qué haces aquí, Daniel?
                -¿No puedo siquiera subirme al autobús? –Una sonrisa torcida y formada intentó parecer alegre.
                -Claramente no. Ahora, si no es mucha molestia –El dedo largó y blanco de Sam señaló a la puerta -, vete.
                Fruncí el ceño. Mis ojos analizaron a Danny, quién frunció el ceño dolido y calló tragándose sus palabras. Podía notar como la situación se cargaba en su espalda, dolorosa y pesada, y él resistía intentando parecer capaz de cargar con ella. Georgia había bajado la cabeza y caminado hasta un asiendo más apartado, rehuyendo de la presión de la escena.
                -Si ha subido no es únicamente para perder el tiempo –Contradijo Micaela, mintiendo en realidad.
                -Exacto –Le seguí yo. No pensé mis palabras; únicamente se escaparon de mi garganta como defensa-. Tenía que ver unas cosas del autobús –La mirada de las dos modelos desconocidas pareció mirarme con despecho –Además de que le habíamos preguntado dónde sería nuestro siguiente destino.
                La mirada de Danny volteó orgullosa hacía las modelos. Les arqueó las cejas con cierta arrogancia, y dándoles la espalda anduvo hasta nosotros. Presioné mi mandíbula al notar sus pasos más cerca de nosotros.
                -Gracias –Dijo con voz hosca -. Si soy sincero, ya me esperaba esta actitud.
                -Al menos no te han lanzado bolas de maquillaje ni clavado en el pecho espadas de ralla de ojos –Bromeé rehuyendo de su mirada y observándolas a hurtadillas -. Eso es mortífero.
                -Probablemente. Aunque ya será duro de por si solo tener que ir con ellas a los conciertos –Frunció el ceño y para cuando levanté la mirada, sus ojos ya me observaban con espero -. ¿Cómo estás?
                Sin contestar, mis ojos miraron a Micaela quien nos observaba atentamente. A través de nosotros y de forma ostentosa se asomó para observar a las modelos, y un carraspeo inundó su garganta. Me miró con ojos alertas que podía decir más que mil palabras.
                -¿A parte de ser consciente de cómo ya son las Barbies humanizadas? Bien, diría yo. Aunque mi pregunta de a dónde nos dirigíamos sigue esperando respuesta.
                -Oh –Una sonrisa dulce se formó en sus labios. -. A Northampton. El concierto es esta noche.
                -Creo que nosotras nos quedaremos en el hotel. Ya iremos al siguiente, ¿no Mic? –Busqué su presencia en la conversación. No quería hablar únicamente con él. Solo lograba que el pecho me ardiera ambiguo.
                -Sí. Prefiero saludar a mi nueva cama.
                -Tenía pensado tocar Take me there –Dijo de pronto. Le miré intentando descubrir más allá de sus ojos -. Quería que vieras como suena en directo.
                -Bueno –Balbuceé, trabada -. ¿podrás tocarla al próximo día?
                Una sonrisa vacilona se formó en sus labios. Sus ojos se achinaron, con gracia sobre la situación y sin más que decir asintió.
                -Claro. Luego nos vemos, chicos –Se dio media vuelta, y cómo último gesto, me guiñó un ojo.
                Noté las hormigas recorrer mis piernas. Miré a Micaela, quién no dudaba que había visto aquel gesto. Sus músculos estaban crispados, sufriendo conmigo y su mirada fija en las modelos. James, por otra parte, pareció ni siquiera darse cuenta de lo que había ocurrido.

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