POV
KAY
Mi
mirada se centró en los dos autobuses que empezaban a cargar maletas. Podía
sentir mi corazón bombardear mi pecho, y tal vez si se hubiese callado todo el
bullicio y la contaminación acústica de la ciudad, los latidos habrían
retumbado por los edificios, audibles para todo el mundo.
Capté
a Tom, quién ayudaba a su novio a cargar la maleta en sus respectivos
autobuses. Él había sido quién había hecho los honores de informarme del tour
un día antes de aquel, y el mismo que me había insistido en convencerme hasta
que aceptase. Pero en aquel momento, mis piernas amenazaban en echar marchar
atrás y salir corriendo.
En
el primer autobús, viajarían los chicos y sus novias: Tom, Danny, Dougie,
Harry, Giovanna, Lara, Izzy, Dylan y tal vez algún que otro que no conociera. Y
en el segundo, nos habíamos amontonado Micaela, Georgia y sus dos compañeras de
trabajo, James, Matt y yo. La idea de compartir alojo al lado de la ex novia de
Danny que seguía sin entender porque tenía que venir me alteraba, obligándome a
dormir con un ojo abierto por seguridad. A pesar de ello, sabía que no había
motivos para aquella actitud.
-¿Te
ayudo con la maleta? –Se ofreció una voz lado, apartándome de mi pequeña
burbuja ensimismada. Di un brinco a su lado para encontrarme la amplia sonrisa
de James, cordial y amable.
-Oh,
está bien –Acepté. Le devolví la sonrisa mientras le dejaba hacerse cargo de mi
maleta -. Me alegro de que vayas en mi autobús. No es… precisamente cómodo, que
digamos.
El
ceño de James se frunció con una pizca de gracia. Pareció intentar entender más
allá mis palabras.
-Sí,
yo también. No entiendo por qué Georgia, Sam y Lucy –Nombró. Intenté memorizar
aquellos nombres a pesar de que no tenía intención de hablar a las imitaciones
de Barbie – han venido. Después de la ruptura con Danny… bueno, no es lo más
normal.
-No
creo que la idea de traerla haya sido de ellos –Intenté pensar, sin convicción
-. Quiero decir. Danny no es impasible, ni tan violento a la hora de tomar una
decisión.
Una
sonrisa torcida y dubitativa se embozó en James. Sus ojos bajaron hasta sus
pies, ladeando su cabeza espaldas al sol y oscureciendo su rostro. Sabía que él
podía pensar, o incluso saber lo contrario, pero fuese lo que fuese no le
pregunté. Preferí bastarme de mi teoría.
James
terminó de ayudarme, y entre algunos comentarios sobre el tour, subimos al
autobús. Micaela ya se encontraba sentada al otro extremo del auto. Nos levantó
la cabeza con curiosidad, a lo que una sonrisa nos saludó. Le devolví esta,
mientras que James se aproximó a ella.
Mi
mirada se distrajo por aquella voz. Ronca y acompañada de una carcajada, una
espalda esbelta y un cabello con algún rizo roto conversaba con los
conductores. Quise llamarle, que supiera de mi presencia pero mis labios se
apretaron evitando las palabras. Caminé impasible hasta Mic, quién no tardó en
advertir mi estado más ausente de lo normal. Una mirada severa y orgullosa me
fulminó.
-¿De
verdad hay que viajar con este autobús? ¿Y encima compartido?
La
voz desconocida pareció irritarme los oídos como si hubiesen usado una
taladradora a mi lado. Me giré, al igual que James y Micaela buscando al
propietario de aquella voz. Una chica, alta, rigurosa y de un cabello ocre que
caía sin ningún imperfecto subió como si evitara tocar cualquier mueble. Unas
gafas que tapaban su cara sin ningún poro ni arruga analizó el entorno con suma
atención.
-¿De
verdad, Geo, que tenemos que ir aquí?
-No
seas tan quisquillosa –Sonó la más aterciopelada voz de la rubia detrás suya.
Georgia
apareció por su espalda. Vestía normal, más casual que de normal. Aquella
mañana sus ojos no estaban decorados, y su cabello se perdía en un peinado
simple. Aquel look, para mí hubiera sido normal, incluso más formal que de
costumbre. Para ella, dejaba claro su carácter mohíno y herido aún bien
abierta.
Seguí
con cuidado cada acción suya, compadeciéndome pero exasperándome. Sus ojos, al
igual que los míos encontraron a Danny nada más subir. Respiró una bocanada de
aire mientras un gimoteo se escapaba enmudecido, y sus ojos se cargaron de
dolor. A pesar de no llevar el vestido blanco y arrugado, y el maquillaje
esparcido, aquella faceta lograba revolverme todo mi interior.
-¿Algún
problema con el autobús? –Preguntó la atrevida voz de Matt. Apareciendo al lado
de Danny, y obligando a este a voltearse, miró con cierto descaro a la chica de
cabello ocre -. Tú debes de ser Lucy.
Una
ceja se alzó en el rostro perfilado de ella. Miré a Danny, quién únicamente se
fijó en Georgia mientras sus miradas se encontraron. Sus músculos se contrajeron,
sus labios enmudecieron y su rostro se endureció. Georgia, simplemente, dejó
escapar su melancolía visiblemente. Aquella escena pareció azotarme más que mil
latigazos.
Noté
la suave mano de Mic acariciar la mía con disimulo. Intenté dejar de mirar, pero
justo en aquel momento, un Danny cabizbajo apartó la mirada de su ex prometida
y pareció notar la mía. Sus ojos dejaron ver la presión de la escena, y su
indescriptible rostro pareció hablarme intentando parecer frívola.
-Vaya,
mira a quién tenemos aquí –Sonó una voz más rasgada. Una chica de cabello negro
y liso apareció detrás de las dos modelos. Ella debía ser Sam -. ¿Qué haces
aquí, Daniel?
-¿No
puedo siquiera subirme al autobús? –Una sonrisa torcida y formada intentó
parecer alegre.
-Claramente
no. Ahora, si no es mucha molestia –El dedo largó y blanco de Sam señaló a la
puerta -, vete.
Fruncí
el ceño. Mis ojos analizaron a Danny, quién frunció el ceño dolido y calló
tragándose sus palabras. Podía notar como la situación se cargaba en su
espalda, dolorosa y pesada, y él resistía intentando parecer capaz de cargar
con ella. Georgia había bajado la cabeza y caminado hasta un asiendo más
apartado, rehuyendo de la presión de la escena.
-Si
ha subido no es únicamente para perder el tiempo –Contradijo Micaela, mintiendo
en realidad.
-Exacto
–Le seguí yo. No pensé mis palabras; únicamente se escaparon de mi garganta como
defensa-. Tenía que ver unas cosas del autobús –La mirada de las dos modelos
desconocidas pareció mirarme con despecho –Además de que le habíamos preguntado
dónde sería nuestro siguiente destino.
La
mirada de Danny volteó orgullosa hacía las modelos. Les arqueó las cejas con
cierta arrogancia, y dándoles la espalda anduvo hasta nosotros. Presioné mi
mandíbula al notar sus pasos más cerca de nosotros.
-Gracias
–Dijo con voz hosca -. Si soy sincero, ya me esperaba esta actitud.
-Al
menos no te han lanzado bolas de maquillaje ni clavado en el pecho espadas de
ralla de ojos –Bromeé rehuyendo de su mirada y observándolas a hurtadillas -. Eso
es mortífero.
-Probablemente.
Aunque ya será duro de por si solo tener que ir con ellas a los conciertos –Frunció
el ceño y para cuando levanté la mirada, sus ojos ya me observaban con espero
-. ¿Cómo estás?
Sin
contestar, mis ojos miraron a Micaela quien nos observaba atentamente. A través
de nosotros y de forma ostentosa se asomó para observar a las modelos, y un
carraspeo inundó su garganta. Me miró con ojos alertas que podía decir más que
mil palabras.
-¿A
parte de ser consciente de cómo ya son las Barbies humanizadas? Bien, diría yo.
Aunque mi pregunta de a dónde nos dirigíamos sigue esperando respuesta.
-Oh –Una
sonrisa dulce se formó en sus labios. -. A Northampton. El concierto es esta
noche.
-Creo
que nosotras nos quedaremos en el hotel. Ya iremos al siguiente, ¿no Mic? –Busqué
su presencia en la conversación. No quería hablar únicamente con él. Solo lograba
que el pecho me ardiera ambiguo.
-Sí.
Prefiero saludar a mi nueva cama.
-Tenía
pensado tocar Take me there –Dijo de pronto. Le miré intentando descubrir más
allá de sus ojos -. Quería que vieras como suena en directo.
-Bueno
–Balbuceé, trabada -. ¿podrás tocarla al próximo día?
Una
sonrisa vacilona se formó en sus labios. Sus ojos se achinaron, con gracia
sobre la situación y sin más que decir asintió.
-Claro.
Luego nos vemos, chicos –Se dio media vuelta, y cómo último gesto, me guiñó un
ojo.
Noté
las hormigas recorrer mis piernas. Miré a Micaela, quién no dudaba que había
visto aquel gesto. Sus músculos estaban crispados, sufriendo conmigo y su
mirada fija en las modelos. James, por otra parte, pareció ni siquiera darse
cuenta de lo que había ocurrido.
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