No volví a mirarle. Volteé la cabeza tan rápido como pude,
intentando pasar desapercibida y evitar aquellos ojos azul-grisáceo que tan
poco podía remediar. Sonreí cabizbaja, mientras preguntas y preguntas
incoherentes para mis oídos bombardearon mis oídos.
-Será
solamente estas Navidades. -Dije colectivamente. Aquello podía contestar a
todas las preguntas.
-¿Pero por
qué? -Harry se situó delante mía. Le miré, como si aquella pregunta hubiese
sido amedrentadora, pero para mi sorpresa, sus musculosos brazos me rodearon -.
No lo entiendo, pero no pasa nada. Sé que vendrás el año que viene.
Sonreí
contra su pecho, viendo por el rabillo del ojo como todos los demás se habían
callado. Sonreían de manera mohína, pero mínimamente era tranquilizador. Antes
de lo que hubiera querido, sus brazos me soltaron para encontrarme de nuevo
sola en el pequeño redondel taciturno que se había formado a mí alrededor.
-¿Te quedas
al menos a cenar? -Oí la dulce voz de Tom a mi lado.
Oprimí un
suspiro melancólico y me giré para contestarle. La pequeña vena aún estaba
formada en su frente, que delataba que hasta hacía nada había estado furibundo,
seguramente debido a la contraversía que había tenido con Danny minutos antes.
A pesar de ello, un aterciopelado hoyuelo que ya conocía, estabab dedicado con
delicadeza a mí.
-No puedo.
COn las maletas y todo el camino hasta el aeropuerto, no puedo esperar mucho
más.
-¿Quieres
que te acompañe? -Oí la ronca voz de Dann y a mi espalda.
Cállate , le
pedí en mi mente mientras me mordía la mejilla desde dentro. ¿Acompañarme? ¿Lo
había dicho enserio? ¿Acompañarme como la pasada noche? Danny Jones era el ser
más irracional que conocía.
-No -Dije frívola
y con dureza, sin pararme a parar en mi contestación. Suspiré, intentando
controlar mi exaspero -. Puedo... soy capaz de...
-No le
atrases, Dan -Corroboró Tom a mi favor. Mi cuerpo dejó de convulsionarse por
mis nervios -. Además, no te escaqueas de hacer la ternera. Oh no, esta vez no.
Miré a Tom,
azorada para ver una severa pero divertida mirada en él dirigida al pecoso. No
lo había dicho por la ternera. O no. Era fácil adivinar que al parecer, Danny
le había contado lo sucedido, y Tom me entendía. De ahí su respuesta.
Me sentí más
tranquila. Confiaba en Tom, posiblemente era uno de los que más y sabía que era
uno y el más maduro de todo para poder actuar en mi favor cuando lo necesitase.
Como aquella vez.
Sonreí
tenuemente de modo de agradecimiento.
-No había
tenido en cuenta librarme de la ternera.
Le miré. Su rostro era sereno y
adusto, lo suficiente que me hizo sentirme mal de haberle dicho que no.
Control, Kay, control, me djie. Te vas por él, de modo que tienes que rehuírle
todo lo posible. Había sido culpa suya preguntarme aquella cosa tan pertinente.
Sólo suya.
Noté el
suave brazo de Micaela acariciarme el codo. Volteé disimuladamente la cara un
poco, para vislumbrarla desde el rabillo del ojo. Comprendía lo que pretendía
decirme. EL ambiente se había hecho bastante incómodo.
-Creo que va
siendo hora de que me vaya -Dije con la voz engarrotada -. SI no quiero perder
el avión.
Todos asintieron, mohínos, y uno por
uno se despidieron de mí con un abrazo o un beso en la mejilla. sI por ejemplo,
Matt o incluso Georgia no se hubiesen despedido de mí, ni me habría percatado,
pero cuando la última despedida de James me dio libre libertad para marcharse
sin haber recibido aún un suave adiós de parte de Danny, noté como me
exasperaba mucho más con él. Evité mirarle, pero cuando creí que lo
conseguiría, en el umbral de la puerta mis ojos huyeron la presión de mi
prohibición de serle indiferente y me giré una vez más para buscarle. Pero no
estaba allí, al menos no al alcance de mi vista.
-No tenías
que haberte volteado -Me susurró Mike situándose a mi lado. Se había pedido
voluntario para acompañarme hasta el coche.
-No estaba.
No se ha despedido.
-Lleva toda
la tarde discutiendo con Tom. No han parado hasta que has llegado tú.
-¿Punto positivo?
-Oh, venga
Kay. Puede que sea Danny Jones, el tipo más inmaduro que hayas conocido, el de
menos mentalidad y el que tenga el cerebro más parado. Pero hoy estaba
malhumorado, apuesto lo que sea que por tí, y viniendo de Danny... -Miré a
Mike, quién arqueó las cejas mientras yo negaba con obviedad -. Kay, tu misma
pareces haber cogido una emoción por Danny que en ningún otro rollo has tenido.
Lo tuyo es tan increíble como puede ser lo suyo.
-No. -DIje
rotundamente, haciendo ademán con los brazos para que callara de una vez -. No
tiene porque estar enfadado, a no ser de que Tom le haya soltado alguna bronca
de persona madura y obviamente él se haya enfadado al no pensar igual, ¿no?
¿Eso no tiene también sentido?
-¿Por qué te
niegas a aceptar tanto mi teoría, KAy? -Preguntó con las cejas arqueadas, una
mezcla entre melancolía y resignación.
Suspiré, ya
cansada. Negué suavemente, apesumbrada, mientras me apoyaba en la puerta
trasera del coche.
-Porque si fuera
cierto lo que has dicho, mínimamente él se hubiera despedido de mí. No hubiese
salido corriendo hoy por la mañana. Me hubiera dado al menos una explicación a
todo esto -Me froté los ojos, fatigada -. Si le llegase a importar, se
preocuparía un poco por mí.
Mike me
frunció los labios, tal vez sin saber que contestar, tal vez sin ganas de
replicar. Me sonrió con delicadeza, pero fue verdadera la sonrisa, lo que hizo
que me tranquilizara. Suamente, me abrazó con cariño, tanto como yo necesitaba
en aquel momento mientras me depositaba en silencio un beso en la frente.
DIo un par de pasos largos hacía
atrás cuando se separó de mí.
-Si no
vuelves, iremos a buscarte a España. Te lo prometo -Me sonrió aún más
ampliamente, e inevitablemente, asentí mientras me despedía con una mano y
carcajeaba impetuosamente.
Me dio la
espalda, anduviendo hasta la puerta, y en un cerrar de ojos, su figura
desapareció.
lOs grillos
chichirriaban en alguna parte los matorrales, las bombillas de las altas
farolas proyectaban halos de luz tan claros que dejaban ver la calle al
completo, pero aún así, todo tenía un aspecto lóbrego.
Me sentía tan
perdida y confundida que mi mirada se perdió en alguna parte de la carretera.
Podía oír el griterío proveniente de la casa de Harry, cuando una voz profunda
rompió mi tan solicitado silencio.
Mierda.
-No te vas porque hayan pedido tu
familia que regresases.
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