domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo 44 - Impertinente


No volví a mirarle. Volteé la cabeza tan rápido como pude, intentando pasar desapercibida y evitar aquellos ojos azul-grisáceo que tan poco podía remediar. Sonreí cabizbaja, mientras preguntas y preguntas incoherentes para mis oídos bombardearon mis oídos.
 -Será solamente estas Navidades. -Dije colectivamente. Aquello podía contestar a todas las preguntas.
 -¿Pero por qué? -Harry se situó delante mía. Le miré, como si aquella pregunta hubiese sido amedrentadora, pero para mi sorpresa, sus musculosos brazos me rodearon -. No lo entiendo, pero no pasa nada. Sé que vendrás el año que viene.
 Sonreí contra su pecho, viendo por el rabillo del ojo como todos los demás se habían callado. Sonreían de manera mohína, pero mínimamente era tranquilizador. Antes de lo que hubiera querido, sus brazos me soltaron para encontrarme de nuevo sola en el pequeño redondel taciturno que se había formado a mí alrededor.
 -¿Te quedas al menos a cenar? -Oí la dulce voz de Tom a mi lado.
 Oprimí un suspiro melancólico y me giré para contestarle. La pequeña vena aún estaba formada en su frente, que delataba que hasta hacía nada había estado furibundo, seguramente debido a la contraversía que había tenido con Danny minutos antes. A pesar de ello, un aterciopelado hoyuelo que ya conocía, estabab dedicado con delicadeza a mí.
 -No puedo. COn las maletas y todo el camino hasta el aeropuerto, no puedo esperar mucho más.
 -¿Quieres que te acompañe? -Oí la ronca voz de Dann y a mi espalda.
 Cállate , le pedí en mi mente mientras me mordía la mejilla desde dentro. ¿Acompañarme? ¿Lo había dicho enserio? ¿Acompañarme como la pasada noche? Danny Jones era el ser más irracional que conocía.
-No -Dije frívola y con dureza, sin pararme a parar en mi contestación. Suspiré, intentando controlar mi exaspero -. Puedo... soy capaz de...
 -No le atrases, Dan -Corroboró Tom a mi favor. Mi cuerpo dejó de convulsionarse por mis nervios -. Además, no te escaqueas de hacer la ternera. Oh no, esta vez no.
 Miré a Tom, azorada para ver una severa pero divertida mirada en él dirigida al pecoso. No lo había dicho por la ternera. O no. Era fácil adivinar que al parecer, Danny le había contado lo sucedido, y Tom me entendía. De ahí su respuesta.
 Me sentí más tranquila. Confiaba en Tom, posiblemente era uno de los que más y sabía que era uno y el más maduro de todo para poder actuar en mi favor cuando lo necesitase. Como aquella vez.
 Sonreí tenuemente de modo de agradecimiento.
 -No había tenido en cuenta librarme de la ternera.
            Le miré. Su rostro era sereno y adusto, lo suficiente que me hizo sentirme mal de haberle dicho que no. Control, Kay, control, me djie. Te vas por él, de modo que tienes que rehuírle todo lo posible. Había sido culpa suya preguntarme aquella cosa tan pertinente. Sólo suya.
 Noté el suave brazo de Micaela acariciarme el codo. Volteé disimuladamente la cara un poco, para vislumbrarla desde el rabillo del ojo. Comprendía lo que pretendía decirme. EL ambiente se había hecho bastante incómodo.
-Creo que va siendo hora de que me vaya -Dije con la voz engarrotada -. SI no quiero perder el avión.
            Todos asintieron, mohínos, y uno por uno se despidieron de mí con un abrazo o un beso en la mejilla. sI por ejemplo, Matt o incluso Georgia no se hubiesen despedido de mí, ni me habría percatado, pero cuando la última despedida de James me dio libre libertad para marcharse sin haber recibido aún un suave adiós de parte de Danny, noté como me exasperaba mucho más con él. Evité mirarle, pero cuando creí que lo conseguiría, en el umbral de la puerta mis ojos huyeron la presión de mi prohibición de serle indiferente y me giré una vez más para buscarle. Pero no estaba allí, al menos no al alcance de mi vista.
 -No tenías que haberte volteado -Me susurró Mike situándose a mi lado. Se había pedido voluntario para acompañarme hasta el coche.
 -No estaba. No se ha despedido.
 -Lleva toda la tarde discutiendo con Tom. No han parado hasta que has llegado tú.
            -¿Punto positivo?
 -Oh, venga Kay. Puede que sea Danny Jones, el tipo más inmaduro que hayas conocido, el de menos mentalidad y el que tenga el cerebro más parado. Pero hoy estaba malhumorado, apuesto lo que sea que por tí, y viniendo de Danny... -Miré a Mike, quién arqueó las cejas mientras yo negaba con obviedad -. Kay, tu misma pareces haber cogido una emoción por Danny que en ningún otro rollo has tenido. Lo tuyo es tan increíble como puede ser lo suyo.
 -No. -DIje rotundamente, haciendo ademán con los brazos para que callara de una vez -. No tiene porque estar enfadado, a no ser de que Tom le haya soltado alguna bronca de persona madura y obviamente él se haya enfadado al no pensar igual, ¿no? ¿Eso no tiene también sentido?
 -¿Por qué te niegas a aceptar tanto mi teoría, KAy? -Preguntó con las cejas arqueadas, una mezcla entre melancolía y resignación.
 Suspiré, ya cansada. Negué suavemente, apesumbrada, mientras me apoyaba en la puerta trasera del coche.
 -Porque si fuera cierto lo que has dicho, mínimamente él se hubiera despedido de mí. No hubiese salido corriendo hoy por la mañana. Me hubiera dado al menos una explicación a todo esto -Me froté los ojos, fatigada -. Si le llegase a importar, se preocuparía un poco por mí.
 Mike me frunció los labios, tal vez sin saber que contestar, tal vez sin ganas de replicar. Me sonrió con delicadeza, pero fue verdadera la sonrisa, lo que hizo que me tranquilizara. Suamente, me abrazó con cariño, tanto como yo necesitaba en aquel momento mientras me depositaba en silencio un beso en la frente.
            DIo un par de pasos largos hacía atrás cuando se separó de mí.
 -Si no vuelves, iremos a buscarte a España. Te lo prometo -Me sonrió aún más ampliamente, e inevitablemente, asentí mientras me despedía con una mano y carcajeaba impetuosamente.
 Me dio la espalda, anduviendo hasta la puerta, y en un cerrar de ojos, su figura desapareció.
 lOs grillos chichirriaban en alguna parte los matorrales, las bombillas de las altas farolas proyectaban halos de luz tan claros que dejaban ver la calle al completo, pero aún así, todo tenía un aspecto lóbrego.
Me sentía tan perdida y confundida que mi mirada se perdió en alguna parte de la carretera. Podía oír el griterío proveniente de la casa de Harry, cuando una voz profunda rompió mi tan solicitado silencio.
            Mierda.
            -No te vas porque hayan pedido tu familia que regresases.

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