martes, 12 de febrero de 2013

Capítulo 45 - Toda la historia, del pasado.


                -No te vas porque tu familia te haya pedido que regreses.
                Sus palabras confundieron mis sentidos. Tal vez si me hubiese parado a pensar un solo segundo, tal vez si su voz no lograra alterarme tanto y tal vez si hubiera tenido un poco de autocontrol, me hubiese girado como si nada para observarle impasible, o tal vez hubiese lanzado algún comentario y hubiera entrado al coche. Pero no. Era su voz, era él y era aquella maldita actitud peculiar que se me formaba por su culpa.
                De modo que, de nuevo sin pensar en lo que hacía, me giré tan sobresaltada que una mueca graciosa se formó en sus labios, de forma denigrante. El corazón comenzó a palpitarme con violencia, como si en cualquier momento, en medio del silencio de la húmeda calle y bullicio lejano y hermético de la casa, los latidos fuesen a oírse. Le miré con los ojos abiertos, casi deseando que no hubiese aparecido, pero a pesar de mi azoramiento, callé esperando respuesta.
                -¿Me equivoco?
                -¿Por qué tienes que tener la razón? –Con un esfuerzo sobrehumano, mi voz fue pronunciada de moda normal y regular. Todo el cuerpo y cada parte de él me vibrara, crispado -. La Navidad es tiempo de estar con la familia.
                -Porque ayer mismo no tenías ni pensado irte, Kay. –Sonrió con su talante tan peculiar -. Es mi culpa.
                «Oh, claro que es tu culpa. Y también lo es que mi corazón esté a punto de recibir un infarto, pero sin antes alegrarse y enfurecerse al estar hablándome ahora», pensé. Solté un resoplido gracioso mientras apartaba los ojos de él.
                -Ha sido una decisión de última hora. No tienes nada que ver –Fruncí el ceño, volviendo a mirarme con firmeza y serenidad. Me estaba mintiendo, y le estaba mintiendo.
                -Pensaba hablar sobre lo ocurrido en la próxima semana –Alzó su brazo para removerse el cabello -. Pensaba echarle un par de huevos por una vez.
                -No hay nada que decir, Danny –Negué suavemente con la cabeza mientras abría la puerta del coche. En aquel momento, volviendo a acelerar mi corazón a vertiginosa velocidad, avanzó varios pasos hasta mi lado y cerró la puerta antes de que entrara -. ¿Qué haces?
                -Quiero hablar, explicártelo –Sus ojos, apenas unos metros de distancia de los míos me observaron con conmiseración -. Que lo entiendas.
                Una vez más, si me hubiese detenido a pensar en mi respuesta, abría actuado con más responsabilidad y normalidad. Le miré, mientras de nuevo todo mi interior se estrujaba. No tenía fuerzas para apartarle de un suave empujón como si nada, ignorarme e irme. Simplemente no podía, a pesar de que mis oídos aborrecían aquella supuesta explicación tanto como su comportamiento desde lo pasado de anoche.
                -No tienes no todo el tiempo del mundo –Musité, bajando la mirada. A pesar de no observarle, supe una sonrisa se formó en sus labios.
                -¿Podemos ir a un sitio más… privado? –Le miré con impertinencia -. Es un poco larga la historia.
                -No, no podemos –Dije, casi más como un ruego que como una respuesta. Siendo consciente de mi falta de fuerzas para negarme, su mano apretó mi muñeca y comenzó a arrastrarme hasta un parque lóbrego cercano. Una sonrisa victoriana pero no firme se embozaba en sus labios.
                Sus pasos se detuvieron enfrente del par de columpios que se contoneaban por el viento y su fragor. Se sentó entre chirridos de las cadenas, y me observó acercarme, como si esperase que me sentase a su lado… tan cerca.
                Me negué en silencio. Mis pasos se detuvieron en el poyo de escasos metros de los columpios. La liviana sonrisa de Danny se borró y su ceño se frunció cuando me senté. Comenzaba a entender que no me iba a comportar con tanta debilidad.
                -Ven aquí, por favor.
                En aquel momento, le miré como si hubiese disparado a diez ángeles. Él tenía su mirada fija en mi asiento, sin mirarme, pero cuando alzó su clara mirada azul-grisácea hacía mí, logré quitar mi cara estupefacta a tiempo. Aquel tono, aquellas mismas palabras que parecían pasar mi muro de frivolidad deberían de estar prohibidas. Era casi imposible negarse a ellas.
                -A…aquí estoy bien.
                -Por favor.
                Persistente no, por favor. Recé. No iba a poder decir que no una vez más, al igual que sería incapaz de negarme a su pedido de nuevo. Me levanté, resignada conmigo mismo por mi debilidad, y caminé hasta el columpio de al lado.
                -No puedes sucumbir a los encantos Jones –Su tono de voz cambió completamente cuando me senté, al igual que sus ojos adoptaron de nuevo el tonó pícaro y gracioso de cada día. Carcajeé, más que nada resignada.             
                -Danny –Le callé con una pequeña sonrisa en la comisura de mis labios -. Qué tienes que decir.
                Él suspiró, y de nuevo el Danny adusto que poco conocía volvió. Miró al suelo varios segundos, meditando sus palabras mientras se frotaba sus manos y cuando levantó la mirada la mirarme, aún parecía perdido en sus propias palabras.
                -Ya te dije que no me había acostado con ninguna otra chica desde que estoy con Geo –No me moví. Iba a pertenecer lo más atenta, consciente y callada posible -. Y desde el principio en que te tiré sin querer al agua del río, he intentado que esto no pasase. Digamos que cada vez me incitabas más a entablar amistad y confianza contigo. Al principio pensé que por eso no pasaría nada, de modo que me dejé llevar, pero al final me di cuenta de que al mínimo descuido, iba a  caer.
                -¿Por qué dijiste que estabas evitando algo que debería ocurrir?
                -Me refería a acostarnos, a llegar a algo más –Fruncí el ceño, perdida, y él me imitó -. Va a sonar a disparate, pero es la verdad, incluso puedes preguntárselo a Tom –Resopló, pero nada más se tomó sus minutos de espera, prosiguió -. Hará unos días, hablamos del destino, ¿te acuerdas? Yo no creía hasta hace nada, hasta que te conocí, pero ahora empiezo a cambiar de idea.
                «Hará más de un año, el tema del destino y ese rollo salió con Harry, Tom y Dougie. Obviamente, yo dije que no creía en él, que era una bobada, y entonces Doug dijo que con él, una vidente acertó. Me mofé de él, y claro, el canijo se picó. Me dijo que fuese a verla, a lo que me negué, pero creo que nuestra resistencia es casi nula, de modo que accedí a ir una noche. Tom me acompañó.  Al principio me lo tomé en broma, cuando de repente empezó a… acertar unos cuantos temas. Y entonces salió el tema de todo esto. Dijo que mi relación con Geo se iba a torcer de mala manera en cuanto conociese a una chica, a la que, casualmente aquellas descripciones y características te identifican completamente. He tenido hasta ahora fuerza para negar a miles de chicas, y creí que si aparecías, podría contigo, pero Karen, aquella vidente, dijo que no podía. Digamos que por en medio estaba esto del destino.
                En aquel momento, Danny se rió de sus propias palabras mientras se frotaba los ojos y negaba suavemente. Había escuchado atenta,  y sorprendentemente, aquella teoría no me resultó tan incrédula como él o yo hubiese esperado. Pero a pesar de esto, no me dejé convencer del todo.
                -¿Dices que, entre tú y yo, hay una especie de destino que decía que íbamos a acabar así?
                -Sí –Frunció el ceño -. Te juro que no me estoy riendo ni inventando nada, Kay.
                -Está bien –Zarandeé los brazos, levantándome y sonriendo -. Comprendo. Entonces, ¿todo lo de la otra noche ocurrió por qué una vidente había predestinado que pasaría?
                -No exactamente –Se levantó conmigo, nervioso -. Quiero decir que esta… ¿atracción lo llamamos? Que hay entre nosotros es normal. Es… es algo que debería acabar de una forma.
                Noté de nuevo un pinchazo agudo. Acabar de una forma, la cual debería de estar evitando Danny. Genial.
                -Está bien, te creo –Bufé, exasperada por sus últimas palabras, no por aquella teoría -. Pero estás como una puta cabra, Dan.
                En aquel momento, mis pasos comenzaron a andar con tanta rapidez que pude hasta el coche. Quería de huir de allí, cuanto antes. Sabía que cualquier cosa que dijese a partir de ahora, iba a referirse al futuro, no al pasado y por lo tanto, me dolería.
                -Joder, ¡no Kay! Espera que termine.
                Intenté hacer oídos sordos, pero cuando mis pies llegaron a la acera, noté como dos fuertes brazos me aferraban por la cintura y detenían, tirándome hacía atrás impetuosamente. Hacía Danny.

2 comentarios:

clenched soul dijo...

Oh! Por los dioses.
Me haz dejado mas que estupefacta.
Creo que era hora que Dan le dijera eso a Kay (pobresilla)
*No se que decir, ¿como acabara esto? Danny... el y sus dilemas... y pobre Kay.
Debes postear cuanto antes el próximo capitulo, no voy a aguantar mucho, necesito sabes como sigue.
Linda, ya te lo he dicho, pero me encanta como escribes, lo haces muy bien, mientras leía he tenido la impresión de estar leyendo un buen libro...
Debes hacer algo con esto, simplemente... ¡HAZ NACIDO PARA ESTO! Te pido por favor que estudies algo relacionado con literatura si realmente te gusta escribir y leer, llegaras lejos.

Bien, creo que esto es un poco largo :D Bueno, ya sabes... fuerzas para todo, con tu familia, el instituto y eso xD Cualquier cosa nos mandamos unos tweets.

Besos y cuídate linda!!!
Adios :D :p :)

clenched soul dijo...

Asdfghjklñ´! Me olvide de decirte antes (arriba) que... ¡Ya solucione lo de blogger! (eso que no me dejaba comentar) así que ahora podre felicitarte por tus caps :D
Bueno, ahora si me voy!
Kisses!!!

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