miércoles, 6 de febrero de 2013

Capítulo 43 - Hasta la vista


                Las dudas comenzaron a acarrearme cuando el billete reposó entre mis dedos y el dinero se escurría de mí hacía la máquina registradora. Cuando se hubo cerrado y la registradora me pidió que dejara paso, supe que no podía echarme atrás.
                Me aparté de en medio hacía un lado, unos pasos más lejos. Miré a Micaela, quien me seguía adusta y sombría, en silencio. Sabía que aquello no le hacía la mínima gracia, y había estado insistiendo en que me lo replanteara una y otra vez, hasta aquel momento. Pero ya se había rendido.
                -Te ha costado un pastón por quererlo lo antes posible –Sus labios se fruncieron, resignada -. Casi no te va a dar tiempo; es esta noche.
                -No importa el dinero. Será mejor que no me replantee el tema.
                -¿Por qué? –Sus cejas se arquearon. Suspiré, exasperada. Iba a volver a empezar -. ¿Tal vez es por qué no te quieres ir? Kay, te has gastado la mitad del dinero que has ganado aquí por un puto billete de avión que sale esta noche. ¿De verdad querías eso?
                Y de nuevo, le evoqué, acompañando del dolor. No quería verle, no quería saber porque demonios aquel comportamiento mío ni descubrir la coherencia de sus palabras que me había dicho la pasada noche. Simplemente quería alejarme temporalmente, huir, y eso lo tenía claro.
                -Son simplemente las Navidades, Mic –Le alenté. Ella negó suavemente la cabeza acompañando con un resoplido -. Voy a volver.
                -¿Y crees que no pasará lo mismo? –Le miré boquiabierta. No debía haber dicho eso, era amedrentador -. No… quiero decir, le gustas a Danny, ¿no? –Me encogí de hombros, ruborizada -. Hay atracción, mutuamente, y eso no me lo niegues. Y la habrá siempre… a lo que me refiero… ¡No sirve de nada marcharse!
                -No voy a quedarme –Dije con consistencia -. Prefiero tener unas Navidades dulces con mi familia antes que… verles.
                -Les has visto hasta ahora, Kay.
                -Pero no había pasado nada, entiéndelo –Siseé, reemprendiendo el paso hacía la salida con Micaela pisándome los talones -. Quiero pensar, quiero… no sé, dejar este sentimiento ambiguo. Llevo unas semanas muy extrañas… ¡es cuestión de tiempo!
                -¿Tú crees? –Mic apartó su severa mirada de mí mientras negaba firmemente con la cabeza, exasperada -. En fin… confío en tu palabra de que regresarás, ¿eh? Y dime tú como piensas decirles a todos que te vas, tan… vertiginosamente.
                -Será rápido. No quiero que haya tiempo para preguntas ni miradas dementes. Lo diré antes de partir hacía el aeropuerto.
                -¿Querrás que te acompañe?
                -No, tranquila. Sabré ingeniármelas sola.
                Su mirada fruncida me hizo saber que no creía lo mismo, pero a pesar de ello, siguió caminando taciturna sin decir nada. La presión de la situación caía sobre mis hombros, de modo que en silencio por no querer empeorar el momento, salimos del aeropuerto.

                Llamé un par de veces al timbre a tiempo de que unos grititos agudas se oyeran acercarse. Era Dougie; esa voz aguda y chillona le caracterizaba. Suspiré. Lara, Mike y Micaela eran los únicos que sabían de mi marcha, y a cambio, no me había servido para liberar… ¿tensiones? Irme de Reino Unido parecía afligirme a cada minuto que se acercaba para marcharse.
                En medio de mi ensimismamiento, la puerta se abrió tan vertiginosamente que di un brinco al ver al divertido Dougie observándome. Estaba feliz, lo que no pudo hacerme evitar sonreír. La noche anterior que había pasado con Danny, Dougie la había pasado con Lara. Según me había contado ella, no estaban saliendo, aún, pero parecían entenderse perfectamente. Era de esperar que acabaran juntos.
                -¡Por fin, Kay! Eres la última. La cena ya está casi en la mesa –Dijo mientras me daba paso.
                Algo incómodo se removió en mi estómago. No había contado en la cena. Mierda.
                -No puedo quedarme –Susurré mientras entraba al vestíbulo. Allí, las figuras de Giovanna e Izzy se asomaron por el umbral del salón -. Lo siento.
                -¡Kay! ¿Por qué? –Preguntó Izzy haciéndome señas para que me acercara. Le obedecí.
                Antes de añadir nada más, acompañando de un suspiro oteé toda la sala. Harry estaba dentro de la cocina, a lo lejos y con Matt, mirando lo que parecía una sartén que echaba más humo de lo que debía. Charlie y Micaela preparaban la mesa entre risas y alguna conversación profunda, pero alzaron la cabeza al verme. James me sonrió, pero a cambio Mic me echó una mirada nerviosa. Charlie, más a lo lejos y cerca de los sofás de cuero, parecía enseñar algo gracioso a Geo y Lara en el móvil, mientras que a la otra punta y sólo, Mike me vislumbro y anduvo hacía mí, posiblemente para hacerme sentir más segura.
                Y a pesar de que intenté evitar, mis ojos otearon las cabelleras rubia y castaña, cerca de la mesa y apartados. Tom y Danny, formalmente vestidos con camisas parecían tener una controversia hermética. Aparté los ojos antes de que se percataran.
                -¿Qué ocurre? –Preguntó James dejando los últimos cubiertos en la mesa.
                Intenté hablar, pero las palabras se me atascaron, sin querer salir.
                -Se va estas Navidades a España –Vociferó rápidamente Mike, situándose a mí lado.
                -¿Cómo? –Exclamó Giovanna, buscando el contacto visual. Sus ojos castaños estaban abiertos como platos, sorprendidos -. ¿Por qué? ¿Cuándo?
                -En unos dos horas, ¿no? –Volvió a contestar por mí, esta vez Micaela e intentando sonreír para relajar la situación. Todo  a mi alrededor se había callado -. Sus… su familia le ha pedido que regrese.
                Fruncí el ceño. No había planeado esa escusa, pero sería mejor que decir que por un extraño y repentino cambio de planes iba a volver a España. Asentí lentamente, mirando a mi amiga, precavida.
                -¿Te vas? –Oí su voz a mi espalda.
                Perfecto, me susurré. Miré a Micaela severamente, sin girarme. Algo se me estrujó en el interior. Ahora iba a plantarle cara. Él iba a saber que me marchaba por él.
                Me giré lentamente, pero no demasiado. Iba a tener que disimular y no parecer luctuosa. Tenía delante a su novia, sus mejores amigas y amigas. Tenía que hacer como si no pasase nada, solamente durante pocos minutos.
                Podía conseguirlo, al igual que él lo hacía.
                -Sí. –Dije con la garganta seca. Sus ojos azules grisáceos me encontraron pero rápidamente y por instinto, bajé la mirada. La suya era como mil puñaladas.

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