lunes, 4 de marzo de 2013

Capítulo 52 - Entre granos de arroz


                “No pienses en eso” “No pienses en eso, estúpida” Me grité en mi mente una y otra vez.
                Justo en aquel momento, el griterío aumentó consideradamente y las puertas de la iglesia se abrieron. Los pocos segundos que había tenido como despeje de pensamientos y atención en la situación se disiparon, y aferrando una de las bolsitas de arroz que me había obsequiado algún brazo desconocido, comencé a tirar los granos de arroz ostentosamente hacía la pareja que acababa de salir de la iglesia.
                Una mano se unió a la mía. Una vez más, el rostro de Dylan me sorprendió, pero me dediqué a embozarle una sonrisa gentil mientras la pareja comenzaba a caminar con los rostros protegidos por los brazos.
                -¡Eh, eh! ¡Dejadme un poco de arroz que echarles! –Oí una voz a mi espalda. Una nueva mano desconocida usurpó la bolsa de plástico, y por la presión, está se rompió haciendo caer los cientos de granos de arroz al suelo -. ¡Mierda!
                Me volteé exasperada, cuando de repente, todo mi enfado hacía la mano impertinente desapareció cuando me encontré a los achinados ojos azules que tanto conocía.
                -¡¡Dougie!! –Exclamé mientras la garganta me raspaba -. ¡Cuánto me alegro de verte!
                -¡Lo mismo digo! –Dijo mientras sus brazos atrapaban mi cuerpo en un abrazo imprevisto -. Vaya, que sorpresa. ¿Qué haces aquí?
                -¿Cómo que qué hago aquí? –Ladeé la cabeza para ver alejarse al coche de los novios hacía el recinto de la comida -. Una pregunta algo absurda, ¿no?
                Una carcajada alegre, de las que tanto había añorado logró transmitirse el peculiar y buen humor de Dougie. Sus ojos se mantuvieron firmes a los míos, alegres al igual que los míos por el reencuentro pero ambiguos a la misma vez.
                -Ya verás que alegría se lleva Lara al verte. Ha reiterado el tema de que quería que vinieras a la boda unas cuantas veces.
                -Y todos también –Dijo en aquel momento la aliciente voz de Dylan. Habíamos olvidado su presencia hasta aquel momento, pero sus ojos nos miraban con bastante picardía -. En fin, creo que ya nos vemos en la comida.
                -Ah, no, Dylan –Dijo Dougie negando con la cabeza -. Lo siento, me había azorado al ver a Kay que no me había parado a saludarte. Vente, seguro que Lara también se alegra de verte aquí.
                Estuve a punto de negarme, pero comprendí que debía de afrontar la realidad lo antes posibles y por qué no, de la forma más glamurosa posible.
                De modo que, asintiendo dudosa, comencé a seguir los pasos conductores de Dougie de entre la muchedumbre. Me junté lo más posible a Dylan, mientras mi barriga comenzaba a hacer de las suyas y amenazaba con hacerme pasar una mala jugada.
                -¿Te encuentras bien? –Preguntó con mirada preocupada Dylan, mientras bajaba su mirada hasta mí -. Estás temblando, Kay.
                -Tengo ganas de ver a Micaela, y a todos –Mentí en cierta parte. Tenía ganas, sí, pero mi principal motivo de nervios no era aquello -. Y me pregunto cómo será el momento.
                -Te digo yo que te puedes esperar cualquier cosa –Una carcajada afloró de sus labios -. Han cambiado un poco las cosas, de modo que seguro que te tendrán el día ocupada.
                Asentí, temblorosa mientras asimilaba aquellas palabras únicamente con lo que me había dicho Dylan. El compromiso de Jones iba a volver a ser escuchado por mis oídos, y una vez más iba a tener que soportar mi indiferencia por el tema, incluso mi alegría.
                Perfecto, me susurré gimoteando por dentro.
                La perfecta cresta de Harry fue lo primero que vislumbre entre la cantidad de codos que obstaculizaban mi vista. Algo se removió en mi interior, evocando mientras mis ganas de ir y abrazar a cada uno de mis amigos incrementaba. Allí, apoyado sobre la pared de piedra gótica de la iglesia y con un cigarro en la mano, sujetaba de la mano a Izzy, quien vestía un largo y llamativo vestido azul.            
                A su lado, Micaela parecía discutir con Mike sobre alguna objeción. Ambos parecían haber contrastado sus vestidos, negros pero elegantes, como si pretendieran ir conjuntados.
                Y más a la izquierda, observando y atendiendo a la conversación de Mike y Mic, Danny y Lara estaban juntos. Ella, con un elegante vestido de diferentes contrastes lucía de una forma extravagante y peculiar un corto vestido, precioso para la vista y ostentoso. Danny, al igual que Harry, llevaba aquel traje negro de corbata verde que había visto llevar a Tom.
                Mi mirada inspeccionó los rostros de cada una de las personas, ensimismada en cada detalle y en cada pensamiento, hasta que mis ojos, de pronto y de forma inesperada, se encontraron con la mirada castaña de Micaela.
                Un grito impresionado salió de su boca, cortando la controversia con Mike y abandonando cualquier otra acción que pudiese haber estado. Mis pasos se detuvieron, nerviosos y asustado cuando sus ojos me miraron casi saliéndose de sus órbitas.
                -¡¡Kay!!- Gritó como si jamás hubiese pronunciado el nombre en voz alta y sus pasos comenzaron a correr hasta mí.
                Sus brazos aferraron mi cuello vehementemente y asfixiándome, todo su peso cayó sobre mí. Casi como si sus miradas pesaran, noté el desconcierto i asombro de las demás sobre mí. Mis manos comenzaron a sudar, aferrando a Micaela aún mientras miles de mariposillas despertaban entre revoloteos por mi cuerpo.
                Finalmente la presión menguó, y con el tiempo corriendo a mi contra, los ojos de Micaela se encontraron enfrente mía, acurrucados y observándome más emocionada que nunca, mientras cristalizaban frente al sol de Mayo. Una gran sonrisa estaba embozada en sus delgados labios, y no supe si su cuerpo vibraba también o era debido a mis temblores.
                -Por Dios, ¿qué haces aquí? –Su voz, temblorosa, pareció hacer esfuerzos por salir a flote -. Creíamos que te habías echado atrás en venir o algo.
                -¿Enserio me ves capaz de perderme la boda? –Dije incrédula, observándola con la misma fascinación que ella a mí. Ver a Micaela delante de mí, con una de aquellas peculiares sonrisas y su talante tan característico lograba sacar lo mejor de mí.
                -Y menos mal que he llegado tarde –Habló de nuevo la voz de Dylan desde atrás. Mis ojos encontraron los suyos, y este me dedicó una suave sonrisa -, si nos no sé como hubiese llegado a la boda.
                -¡Oh, Dylan, lo siento! Al menos parece haber sido señal del destino–Gritó con una carcajada en aquel momento Lara, quien parecía estar conteniendo la emoción. Sus ojos negros encontraron los míos, y al igual que Micaela, estiró sus brazos dejando escapar un grito -. ¡Kay, no sabes cuánto me alegro verte! ¡Ya verás que sorpresa se llevan Gio y Tom al verte!
                Asentí, carcajeando a trompicones mientras me dejaba llevar por el abrazo de Lara. Noté como si un peso se liberase de mi pecho, mientras me dedicaba a observar las miradas alegres, sorprendidas y ansiosas de saludar de los demás.
                Hasta que por último, esta vez un poco más apartado de los otros tres, Danny se mantenía suavemente boquiabierto, rígido y con la mirada impasible sobre nosotras. Nuestra conexión visual se unió varios momento, indescifrables, y como si nada, me atreví a arrancar de la suya con toda la dureza posible.
                Tal vez más de la que en realidad quería mostrarle. Pero su aspecto frívolo e indiferente de decepcionó de tal forma que un sentimiento furibundo apareció hacía él.
                De nuevo comenzaba a comportarme como una estúpida chica.

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