“No pienses en eso” “No pienses en eso,
estúpida” Me grité en mi mente una y otra vez.
Justo
en aquel momento, el griterío aumentó consideradamente y las puertas de la
iglesia se abrieron. Los pocos segundos que había tenido como despeje de pensamientos
y atención en la situación se disiparon, y aferrando una de las bolsitas de
arroz que me había obsequiado algún brazo desconocido, comencé a tirar los
granos de arroz ostentosamente hacía la pareja que acababa de salir de la
iglesia.
Una
mano se unió a la mía. Una vez más, el rostro de Dylan me sorprendió, pero me
dediqué a embozarle una sonrisa gentil mientras la pareja comenzaba a caminar
con los rostros protegidos por los brazos.
-¡Eh, eh! ¡Dejadme un poco de
arroz que echarles! –Oí una voz a mi espalda. Una nueva mano desconocida usurpó
la bolsa de plástico, y por la presión, está se rompió haciendo caer los
cientos de granos de arroz al suelo -. ¡Mierda!
Me
volteé exasperada, cuando de repente, todo mi enfado hacía la mano impertinente
desapareció cuando me encontré a los achinados ojos azules que tanto conocía.
-¡¡Dougie!!
–Exclamé mientras la garganta me raspaba -. ¡Cuánto me alegro de verte!
-¡Lo
mismo digo! –Dijo mientras sus brazos atrapaban mi cuerpo en un abrazo
imprevisto -. Vaya, que sorpresa. ¿Qué haces aquí?
-¿Cómo
que qué hago aquí? –Ladeé la cabeza para ver alejarse al coche de los novios
hacía el recinto de la comida -. Una pregunta algo absurda, ¿no?
Una
carcajada alegre, de las que tanto había añorado logró transmitirse el peculiar
y buen humor de Dougie. Sus ojos se mantuvieron firmes a los míos, alegres al
igual que los míos por el reencuentro pero ambiguos a la misma vez.
-Ya
verás que alegría se lleva Lara al verte. Ha reiterado el tema de que quería
que vinieras a la boda unas cuantas veces.
-Y
todos también –Dijo en aquel momento la aliciente voz de Dylan. Habíamos
olvidado su presencia hasta aquel momento, pero sus ojos nos miraban con
bastante picardía -. En fin, creo que ya nos vemos en la comida.
-Ah,
no, Dylan –Dijo Dougie negando con la cabeza -. Lo siento, me había azorado al
ver a Kay que no me había parado a saludarte. Vente, seguro que Lara también se
alegra de verte aquí.
Estuve
a punto de negarme, pero comprendí que debía de afrontar la realidad lo antes
posibles y por qué no, de la forma más glamurosa posible.
De
modo que, asintiendo dudosa, comencé a seguir los pasos conductores de Dougie
de entre la muchedumbre. Me junté lo más posible a Dylan, mientras mi barriga
comenzaba a hacer de las suyas y amenazaba con hacerme pasar una mala jugada.
-¿Te
encuentras bien? –Preguntó con mirada preocupada Dylan, mientras bajaba su
mirada hasta mí -. Estás temblando, Kay.
-Tengo
ganas de ver a Micaela, y a todos –Mentí en cierta parte. Tenía ganas, sí, pero
mi principal motivo de nervios no era aquello -. Y me pregunto cómo será el
momento.
-Te
digo yo que te puedes esperar cualquier cosa –Una carcajada afloró de sus
labios -. Han cambiado un poco las cosas, de modo que seguro que te tendrán el
día ocupada.
Asentí,
temblorosa mientras asimilaba aquellas palabras únicamente con lo que me había
dicho Dylan. El compromiso de Jones iba a volver a ser escuchado por mis oídos,
y una vez más iba a tener que soportar mi indiferencia por el tema, incluso mi
alegría.
Perfecto, me susurré gimoteando por
dentro.
La
perfecta cresta de Harry fue lo primero que vislumbre entre la cantidad de
codos que obstaculizaban mi vista. Algo se removió en mi interior, evocando
mientras mis ganas de ir y abrazar a cada uno de mis amigos incrementaba. Allí,
apoyado sobre la pared de piedra gótica de la iglesia y con un cigarro en la
mano, sujetaba de la mano a Izzy, quien vestía un largo y llamativo vestido
azul.
A su
lado, Micaela parecía discutir con Mike sobre alguna objeción. Ambos parecían
haber contrastado sus vestidos, negros pero elegantes, como si pretendieran ir
conjuntados.
Y
más a la izquierda, observando y atendiendo a la conversación de Mike y Mic,
Danny y Lara estaban juntos. Ella, con un elegante vestido de diferentes contrastes
lucía de una forma extravagante y peculiar un corto vestido, precioso para la
vista y ostentoso. Danny, al igual que Harry, llevaba aquel traje negro de
corbata verde que había visto llevar a Tom.
Mi
mirada inspeccionó los rostros de cada una de las personas, ensimismada en cada
detalle y en cada pensamiento, hasta que mis ojos, de pronto y de forma
inesperada, se encontraron con la mirada castaña de Micaela.
Un
grito impresionado salió de su boca, cortando la controversia con Mike y
abandonando cualquier otra acción que pudiese haber estado. Mis pasos se
detuvieron, nerviosos y asustado cuando sus ojos me miraron casi saliéndose de
sus órbitas.
-¡¡Kay!!-
Gritó como si jamás hubiese pronunciado el nombre en voz alta y sus pasos
comenzaron a correr hasta mí.
Sus
brazos aferraron mi cuello vehementemente y asfixiándome, todo su peso cayó
sobre mí. Casi como si sus miradas pesaran, noté el desconcierto i asombro de
las demás sobre mí. Mis manos comenzaron a sudar, aferrando a Micaela aún
mientras miles de mariposillas despertaban entre revoloteos por mi cuerpo.
Finalmente
la presión menguó, y con el tiempo corriendo a mi contra, los ojos de Micaela
se encontraron enfrente mía, acurrucados y observándome más emocionada que
nunca, mientras cristalizaban frente al sol de Mayo. Una gran sonrisa estaba
embozada en sus delgados labios, y no supe si su cuerpo vibraba también o era
debido a mis temblores.
-Por
Dios, ¿qué haces aquí? –Su voz, temblorosa, pareció hacer esfuerzos por salir a
flote -. Creíamos que te habías echado atrás en venir o algo.
-¿Enserio
me ves capaz de perderme la boda? –Dije incrédula, observándola con la misma
fascinación que ella a mí. Ver a Micaela delante de mí, con una de aquellas
peculiares sonrisas y su talante tan característico lograba sacar lo mejor de
mí.
-Y
menos mal que he llegado tarde –Habló de nuevo la voz de Dylan desde atrás. Mis
ojos encontraron los suyos, y este me dedicó una suave sonrisa -, si nos no sé
como hubiese llegado a la boda.
-¡Oh,
Dylan, lo siento! Al menos parece haber sido señal del destino–Gritó con una
carcajada en aquel momento Lara, quien parecía estar conteniendo la emoción.
Sus ojos negros encontraron los míos, y al igual que Micaela, estiró sus brazos
dejando escapar un grito -. ¡Kay, no sabes cuánto me alegro verte! ¡Ya verás
que sorpresa se llevan Gio y Tom al verte!
Asentí,
carcajeando a trompicones mientras me dejaba llevar por el abrazo de Lara. Noté
como si un peso se liberase de mi pecho, mientras me dedicaba a observar las
miradas alegres, sorprendidas y ansiosas de saludar de los demás.
Hasta
que por último, esta vez un poco más apartado de los otros tres, Danny se
mantenía suavemente boquiabierto, rígido y con la mirada impasible sobre
nosotras. Nuestra conexión visual se unió varios momento, indescifrables, y
como si nada, me atreví a arrancar de la suya con toda la dureza posible.
Tal
vez más de la que en realidad quería mostrarle. Pero su aspecto frívolo e
indiferente de decepcionó de tal forma que un sentimiento furibundo apareció
hacía él.
De
nuevo comenzaba a comportarme como una estúpida chica.
0 comentarios:
Publicar un comentario