jueves, 21 de marzo de 2013

Capítulo 58 - Olor de flores y café.


                El timbre abrasó todos los conectores de la casa. Entre quejidos y gritos, Micaela y yo debatimos entre quién debía de ser la “afortunada” en abrir la puerta. Finalmente, entre buena jugada y demás, ella me dejó sin contradicción, viéndome obligada a recorrerme medio pasillo para abrir a quién ya sabía quién era.
                Habían pasado dos días únicamente desde me habían obsequiado mi nuevo trabajo en la revista. El sábado había iniciado mi primer día, no muy laborioso pero si productivo para iniciarme, y el lunes empezaría ya seriamente.            
                Debía despedirme de vasos y bayetas para saludar a fotocopias y redacciones.
                Dos sonrisas bien amplias parecieron reprocharme su buena felicidad y amor cuando abrí la puerta. Mi cara, llena de despecho les saludó con un simple resoplido.
Dougie y Lara parecían preparados para uno de aquellos domingo tan productivos que solo ellos podían organizar, y tan románticos que despertaban mi vena destructiva. Intenté regresar al sofá, pero en aquel momento, Lara me paró el paso y agarró de las manos, erigiéndolas hacía arriba.
-¡Buenas tardes, mi buen humor! –Dijo abrazándome con firmeza. Me dediqué  a darle dos golpecitos suaves en la espalda como participación -. ¿Y esa buena cara de hoy? ¡Puede que esté lloviendo, pero es un precioso domingo!
-Habla por ti –Gritó Micaela asomando su cabeza por sofá -. Ahora Dougie te invitará a algo romántico, os besaréis bajo la lluvia y presos de la pasión haréis el amor hasta la madrugada, dónde ambos llegaréis tarde a trabajar –Lanzó un resoplido furibundo -. Lo he visto en las películas.
-No te lo niego, Mic, no lo hago –Sentenció Dougie sonriendo con dulzura. Lara le golpeó suavemente el brazo, mientras le depositaba un beso en los labios -. No solo hemos venido para restregaros nuestro amor –Sus ojos me miraron arqueándome las cejas en señal de burla -, sino que también para que lleves estos cuadros a tu empresa.
-A lo que por cierto, ¡felicidades! –Me vitoreó Lara dándome un gran beso en la mejilla -. Seguro que sé te da genial. Y ya sabes. No olvides exponerles mis cuadros a ver que les parece de decoración.
-Está bien, lo haré, pero el jefe de la plantilla es un poco estricto –Advertí, adueñándome de éstos -. Tal vez si le pintas una sabana, o un oasis hay más posibilidades.
Doug estalló a carcajadas ante mi comentario. El día pasado le había descrito a Jackson tal y como era y aparentaba, y las burlas no habían faltado en nosotros. Aquel jefe era odiable, y estaba en mi derecho de corresponder con odio a su carácter.
-Y por favor, que alguna me haga un favor –Pidió secándose las lágrimas Doug . -Necesito que le llevéis estas partituras de una nueva canción a Tom. Se me ha olvidado pasarme por allí.
-¿Y no puedes acercarte ahora?
-No me viene de paso, Mic –Imploró con sus ojos azules como cebo -. Me las había pedido ayer, y hoy ya ha estado a punto de matarme por no traérselas.
El silencio reinó en la sala. Una sonrisa obsequiadora estaba formada en el rostro de la morena, quién esperaba una voluntaria  a la que envolver a besos.
-Se encarga Kay –Adelantó Micaela señalándome con el dedo índice.
Suspiré mientras la mirada de la pareja me miraba implorante. No podía negarme a uno sólo, y menos a los dos, de modo que entre un suspiro fatigado, asentí.
-Está bien, yo se las llevaré –Sentencié entre un suspiro, que tras miradas agradecidas acabó con una carcajada.



Tal vez si no hubiera ido tan ensimismada en los cascos y el audio al máximo volumen, hubiera visto el coche. En incluso me atrevería a decir que, de haber sido así, hubiera parado y me hubiera ido, sin seguir más allá del jardín de los Fletcher. De haber sido así, casi podría haber jurado que mis posibilidades de olvidar al Don Juan de Jones hubieran sido casi posibles.
Pero no. Aquella mañana, ya un sol diurno parecía abrirme con más sosiego y parsimonia el camino hasta aquella casa. Mantuve mi mirada fija en mis zapatos que iban y venían, y en ningún momento me percaté del coche de siete plazas que descansaba detrás del mini azul de Tom.
No hizo falta ni un segundo toque en el timbre para que el rostro cansado y alterado de Tom apareciese. Su hoyuelo, encantador como de costumbre apareció mientras su rostro dejaba de crisparse, pero en el momento en que levanté los folios para que estuvieran a su vista, su rostro se contrajo de nuevo.
-¡Te debo la vida! –Gritó mientras me los arrebataba de un tirón, con una sonrisa embozada. Los ojeó rápidamente, mientras su sonrisa incrementaba -.Ya había empezado a planear el asesinato a Dougie. –Su mirada se levantó, para mirarme con más tranquilidad -. ¿Te ha pedido que los traigas sin más?
-No tenía nada que hacer, y como tenía una de esas citas románticas con Lara, he accedido –Me encogí de hombros -. Al menos me ha dado el aire.
-Te juro que te dedicaremos la canción cuando la toquemos al público la primera vez –Dijo mientras sus rodillas se inclinaba suavemente, agradecido -. Pasa, no te quedes fuera.
Estuve a punto de negarme, pero evoqué la tarde que me esperaría en casa de Micaela. Ver películas repetidas, con el cuenco de palomita en el hueco del brazo y los kilos aumentando mis cartucheras. De modo que asentí, y entré.
Me había alejado tanto de lo vivido en Londres que no recordaba la carisma y dulzura que poseía de por sí sola la casa de Tom y Giovanna. Nada había cambiado, ni siquiera el mismo olor a café al pasar por la cocina ni el de flores recién recogidas que exponía los ambientadores. Todo seguía igual, como si nada hubiese cambiado.
-¿Te apetece una taza de café, o un zumo o cualquier cosa? –Preguntó mientras se detenía junto al marco de la cocina -. Giovanna está fuera, pero no tardará en llegar. Mientras puedes esperar en el salón, mientras yo veo la canción, si no te importa.
-Oh, no, tranquilo, no te molesto –Dije modesta -. Puedo venir en otro momento.
-No te preocupes. Ya está Danny para molestarme.
No contesté. Justo en aquel momento, unos pasos a la derecha resonaron, y a tiempo de que ambos giráramos nuestras cabezas, la figura de Danny se asomó por la puerta del salón.  Sus ojos me miraron de arriba abajo, sorprendidos al igual que los míos, de nuestras presencias.
-Hola, Kay –Dijo mientras sonreía dulcemente -. Creía que era Gio con los churros.
-No te va a comprar los churros, Dan –Renegó Tom acercándose a él. Le depositó el media parte de las partituras -. Quédate con Kay hasta que venga Giovanna. Voy arriba a mejorar la canción, así que déjame mis minutos de concentración –La mirada severa pero pícara de Tom le analizó -. Nada de llamarme en los próximos treinta minutos.
-Sí, señor.
La mirada de Tom se achinó con una sonrisa, con un hasta luego dibujado en los ojos. Su figura se perdió entre las escaleras que subían piso de arriba, dejando un silencio hermético entre nosotros. Entonces, mi mirada se encontró en alguien momento con la de Danny.
-¿Quieres algo de comer o beber? –Preguntó. Una sonrisa burlona se formó medio segundo después, malpensando. 
-Danny –Dije mientras respondía a su carcajada -. No, tranquilo. Creo que me voy; prefiero no molestar.
-Venga ya –Dijo mientras se acercaba a mí -. Al menos ayúdame a hacer la letra.
-No soy buena compositora.
-¿No tienes sentimientos? –Enarqué una ceja -. Es fácil. Las palabras salen solas. Venga –Me incitó. Finalmente, entre un encogimiento de hombros mío, terminé aceptando.
Una sonrisa sincera se formó en el rostro de Danny. Se encargó de mi chaqueta, mientras sus pasos me dirigían a una sala del piso inferior. Allí, delante de un gran ventanal de cristales sin una pizca de suciedad, daban a aquel salón musical todo el arte que necesitaba para la concentración. Y delante de él, un piano descansaba esperando ser tocados.
-Tom me ha pedido que trate sobre el amor –Dijo mientras sacaba el asiento del piano y dejaba las partituras sobre las teclas. Me ofreció el sitio, mientras el acercaba un taburete junto a mí -. Es el tema favorito de las fans. ¿Sabrás como es el sentimiento un poco, no?
Una nueva sonrisa burlona y desafiante se formó en sus labios. Alcé las cejas, atrevida mientras me acomodaba enfrente del asiento sin mirarle.
-Estoy segura que mucho mejor que tú –Musité.
Una carcajada pícara salió de él. Sabía que me esperaba un día teniendo que soportar comentarios vacilantes de Jones.
Iba a ser divertido.

1 comentarios:

Unknown dijo...

me encanta
por favor sube pronto!! muero por saber que ocurrira ahora con dan y kay!

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