viernes, 29 de marzo de 2013

Capítulo 60 -- Seguir haciéndolo


                Cuando por fin las distancias aparecieron entre nosotros, no me sentí incómoda. Y supe que él tampoco. Nuestras miradas se encontraron, arqueando cejas y volviendo a ser conscientes de la situación. Solo que aquella vez, parecíamos ya saber lo que iba a pasar a partir de aquel momento: indiferencia.
                Bajé la mirada hasta sus manos. Éstas acariciaban las teclas del piano como si pretendiera que el instrumento le salvara de la situación. A saber que estás pensando sobre lo ocurrido, pensé. Mis ojos subieron hasta los suyos, pero su mirada se perdía entre las partituras ahora rellenas de nuestra letra.
                -La letra ha quedado bien –Dijo. No dije nada, simplemente me dediqué a observarle mientras le obligaba a sonreírse por la presión -. No sé cómo nos ha podido salir, pero está bastante bien. Podrías ayudarnos en las otras.
                -Me parece que me quedo aquí en esto de componer letras de canciones.
                -¿Ni siquiera conmigo?
                Una sonrisa burlona pero al mismo tiempo encantadora pareció aprovechar el momento para sonreírme. Negué suavemente la cabeza, con picardía mientras hacía incrementar su sonrisa.
                -Contigo el que menos.
                Alzó una ceja, intentando descubrir la verdad o la mentira de aquella frase. Las palabras parecieron desaparecer, y nuestros oídos se centraron al unísono en los pasos acelerados que bajaban las escaleras. El sonido del piano había dejado entonces de oírse en el piso superior.
                Casi como si no se hubieran esperado la aproximación de los pasos, Tom entró por la puerta. Exclamó algunas palabras inaudibles por la alegría, y su figura se interpuso apegado en el asiento del piano, compartiéndolo conmigo.
                -Me ha quedado mejor de lo que esperaba la canción. Creía que no tenía arreglos, pero escuchad.
                Las primeras estrofas comenzaron a inundar la habitación de nuevo, y mis ojos se encontraron inevitablemente con los de Danny. Éste los mantuvo, fijos  y constantes mientras dejaba que la letra que habíamos compuesto sonara en nuestras cabezas.
                -¿Qué tal va la letra?
                -Creo que en sí ya tenemos bastante –Anunció Danny por los dos.
                -Entonces cántala.
                La mirada de Danny, desacuerdo bajó, pero Tom no pareció darse cuenta. La sonrisa de Danny apareció de nuevo, como si aquella canción hubiera preferido dejarla un tiempo en el cajón antes de volver a leerla, pero sin contradecir, agarró nuestras partituras pintarrajeadas y se centró en ella.
                Entonces, Tom comenzó a tocar con una dulzura de la cual no me había percatado antes.
                -I don’t ever wanna spend another day without you, without you. I don’t think that I’d be stading here if I never found you, never found you –Sus ojos se apartaron suavemente de las hojas y subieron hasta mí, dónde encontré su mirada -. Right now, the sun is in your eyes, the moment has arrived you see. Right now, there ain’t no better time, I feel like you’re alive in me.
                -And you take me, and you take me, and you take me there… -Cantó entonces Tom bajando la mirada hasta las hojas de Danny.
                Hubiese preferido que Danny no hubiese cantando.
                La canción siguió tocando, pero Danny no la acompañó. Desvié, al igual que Tom quién paró de tocar suavemente, mis ojos hacía él. Danny, callado y como si se hubiese apartado del momento, observaba cabizbajo las partituras. Noté como un revuelco ahogaba mi corazón cuando sus ojos subieron inconscientes hacía mí.
                Noté entonces los ojos de Tom posarse sobre mí. Un resoplido asomó a mí lado mientras mi cara se calentaba. Aquello era incómodo y confuso.
                -¿Qué ha ocurrido aquí?
                Levanté la mirada para verle. No sabía que decirle, o qué hacer. Aquella vez, parecía que el tema resultaba más indiferente para mí, y más importante para Danny. Al contrario que la última vez.
                -No lo sé –Me encogí de hombros con voz tosca.
                -¿Quién a quién?
                -He sido yo quién la ha besado –Dijo de pronto Danny. Su espalda se erguió y su compostura se recuperó en la silla.
                -Oh, Danny, ¿otra vez? –Dijo de pronto Tom. Su mirada me ignoró y de pronto, noté como la presión de la conversación que acababa de formarse entre los dos caía sobre mí.
                -Sí, otra vez. Te dije que acabaría pasado, Tom.
                -Estás a punto de casarte con Georgia, tío.
                -¿Y qué?
                -¿Cómo que y qué? –Saltó Tom. Una carcajada irónica se escapó de él -. La última vez ya lo hiciste mal. Y ahora peor. No puedes saltarte las reglas… no lleva a un buen camino.
                Los ojos de Tom me encontraron. Cálidos y aterciopelados parecieron compadecerse de mí. Tal vez creía que aquel tema me dolía tanto como la última vez, pero más confusión que dolor abarcaba aquello.
                -Voy a seguir saltándome las reglas, lo intente como no, Tom.
                -¿Y ella? ¿Crees que se las estará saltando? Vas a ser un hombre casado en nada, Dan.
                Entonces, los ojos azul-grisáceos de Danny me encontraron con la duda sobre ellos. Podía notar, aquella vez con mucha claridad, la ambigua mezcla de confusión, dolor, incertidumbre y desorientación en ellos, casi como si todos aquellos sentimientos se los hubiera dado yo a él.
                -Creo que mejor me voy a casa –Dije carraspeando. Cabizbaja, me levanté de mi sitio y sin pararme a despedirme, salí de la pequeña sala de estar.

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