lunes, 11 de marzo de 2013

Capítulo 57 - Lluvia, paraguas y umbral.


                El brazo de Dylan se posó en mi hombro nada más el viento del exterior nos golpeó la cara. Sus carcajadas, acompañadas de aquel gesto me incitaron a esquivarle y separarme de él, pero por cortesía, permanecí allí, sonriendo orgullosa.
                -Te juro que no sé como lo has hecho –Dijo mientras volvía a ponerse sus gafas Ray Ban.
                -Si te soy sincera, no me ha caído bien. Ha sido echarme fuera y que todo los nervios de que podría hacerlo mal se fueran.
                -Has sido natural. Y eso es lo que le gusta a Jackson –Me sonrió, guiñándome un ojo -. ¿Ves? Te dije que era lo que buscaba. ¿No me merezco algo?
                Fruncí el ceño, casi obligándome a no llevar aquella petición demasiado lejos. Sonreí, y con un suave movimiento hice caer su brazo de mi hombro.
                -Gracias, enserio.
                -Está bien –Asintió reprimiendo una carcajada.
                De nuevo, me abrió la puerta de su coche, pero esta vez resaltó mucho menos la caballerosidad. Me permití sonreírle de modo de aceptación, a lo que él me arqueó las cejas con picardía.
                Arrancó el coche y entre la música de la radio. Justo nada más cruzar la segunda manzana, una gota de lluvia se estrelló contra el cristal, seguida de cada vez más número de gotas. Maldije en voz alta la maldita lluvia, cuando de repente, un techo de tela apareció por encima de mi cabeza.
                -No iba a ser tan ingenuo de comprar un descapotable sin techo incorporado.
                -Me hubiese esperado cualquier cosa de ti –Dije. Una sonrisa divertida se formó en sus labios, a lo qué únicamente le contesté con un ladeo de cabeza.
                -Entonces, ¿ya puedo bautizarme como tu conductor cotidiano para llevarte al trabajo?
                -No hace falta, pero gracias, Dylan. La gasolina no es nada barata.
                -No te preocupes por eso. Que vivas en casa de Micaela es una suerte. Tengo que pasar por su barrio sí o sí para llegar, así que simplemente te ahorrarías dinero a lo tonto.
                Quise decir que no, pero no tenía motivos. Mi adicción a rehuir de peticiones generosas de varones podría salirme muy cara a lo larga, de modo que convenciéndome en silencio, asentí casi obligándome.
                -Está bien, si no hay más remedio.
                Una sonrisa victoriana se embozó en sus curtidos labios. El trayecto de ida se hizo corto a diferencia de antaño, y antes de que pudiera darme cuenta, el coche se paró entre una densa capa de lluvia que dificultaba la vista delante de mi casa.
                -¿Quieres que te acompañe a la puerta? –Preguntó, sacando un paraguas del asiento trasero.
                Entonces, noté el miedo en el cuerpo, noté el alerta que me lanzaron mis impulsos. Miré horrorizada a Dylan, casi creyendo que él debía saber algo, pero no tenía lógica. Intenté tranquilizarme, mientras aprovechaba los segundos de espera para concentrarme en la situación.
                -No, no. Puedo ir sola.
                -Al menos déjame ofrecerte mi paraguas.
                Le miré implorándole que se callara. Su ceño se frunció al ver mi expresión, pero me limité a negar simplemente con la cabeza, temblando.
                -No, enserio, gracias. No me importa mojarme un poco, además, ahora voy a la ducha –Inventé con una sonrisa forzada. Sus labios se abrieron para contradecirme, pero antes de que oyera nada, abrí la puerta y el ruido de la lluvia caer contra el asfalto ensordeció sus palabras -. Gracias por el trabajo, por cierto. ¡Hasta la vista!
                Y sin atreverme a mirar atrás por si acaso salía del coche, corrí hasta la puerta mientras la lluvia comenzaba a pulirme todo el cuerpo.
                Entré, subí a la tercera planta y cerré la puerta de un golpe seco. Podía notar el corazón a mil, e incluso sus latidos yéndome a mil por hora. Me había alarmado por una tontería, pero también meses atrás aquello había sido una tontería y aún estaba afectada por ello.
                No quería arriesgarme a ningún tipo de lluvia, ni lucha por el paraguas, ni gente que me acompañase hasta la puerta. No, sabiendo lo que podría ocurrir después.
                -¿Y esa cara? –Preguntó Micaela en pijama desde las escaleras -. ¿Dylan ha intentado lanzarte bocado o qué?
                Una carcajada de Micaela recorrió toda la casa, mientras el eco de su risa retumbaba en mis oídos. No me comprendía, no sabía cómo había llegado a odiar aquella situación que había originado Danny.
                -Venga ya, Kay –Dijo bajando hasta mi posición. Sus manos acariciaron con ternura mis brazos -. No hubiese pasado nada, sabes cómo es Dylan y cómo es Danny. Además, en caso de cualquier desliz no os hubiera dejado hacer nada conmigo dentro. Dios, sería muy desmoralizador.
                Asentí, sonriendo mientras su sonrisa se incrustaba en mis labios. No había pasado nada, y aquello era lo importante en aquel momento.
                -Está bien.
                -Y, Kay… -Me llamó con sosiego. Sus ojos cafés, con el rímel esparcido me miraron con dulzura -. Tampoco culpes a Danny de lo ocurrido. Sabes su teoría, sabes su relación con Georgia. Tal vez el no quisiera hacerte daño. A veces las cosas ocurren sin pensarlas.
                Asentí, resignándome a escucharla. No culpaba a Danny por lo ocurrido, si no por la indiferencia que demostró después de lo ocurrido. Era un tema que no quería tocar, y no lo iba a hacer.
                Mi próximo objetivo era apartar cualquier atracción hacía Danny de mí.

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Buenassss! He de admitir que tengo ganas de dar un gran avance en el fic, y porque no decirlo, ponerle final ya. Creo que me he enrollado demasiado con datos y capítulos inservibles, pero claramente ahora no estoy haciendo lo mismo. :3

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