Su
paso se ralentizó a mi lado, y aún con mi sonrisa impasible y pícara me mantuve
mirándole, mientras él parecía intentar comprender mi pensar sobre aquel tema.
Respiró profundamente, desconcertado antes de decir:
-¿Pero
cómo te has enterado del asunto?
-¿Qué
más da? Iba a terminar sabiendo de él.
-Pero
al menos esperaba encontrar la forma de decírtelo yo –No había ni rastro de su
reciente alegría en aquel momento -. ¿Cómo lo has sabido?
-Dylan
lo dijo inconscientemente durante la boda.
Una
mueca de sarcasmo y enojo se formó en su rostro. Apartó la mirada de mí,
perdiéndola entre el jardín del restaurante mientras sonreía maliciosamente.
-Cómo
no.
-¿A
caso te cae mal?
Una
sonrisa irónica se formó en los labios de Danny. Zarandeó suavemente la cabeza,
mientras su peculiar sonrisa y talante cotidiano volvían a reaparecer. Él y su
facilidad de buen humor.
-Digamos
que me siento amenazado por él.
-¿Amenazado?
–Carcajeé sin entender -. ¿Por qué?
-A
este paso te va a tener en el bote en menos de dos semanas –Noté como si me
diese una bofetada en la cara. Me sentí débil y auto insuficiente -. Vas a
llegar a enamorarte tanto de él que finalmente dejarás de rehuir de mi mirada,
o de analizarme como si fuera un examen con tu mirada.
No
supe que contestar. Lo que había dicho era cierto, pero no quería rebajarme al
nivel de que supiera la ardua tarea que me era ignorarle. Fruncí el ceño, y
despacio medité mis palabras.
-¿Y
no se supone que esto debería de ser así?
-Sí,
claro. Pero yo no quiero que todo esto desaparezca.
Fruncí
el ceño, ambigua. Pronunciaba sus palabras con tanta libertad que no sabía si
jugaba conmigo o simplemente se sinceraba. Una sonrisa pícara estaba embozada
en sus labios, y su mirada se perdía entre la muchedumbre.
-Pues
debería de desaparecer. Al fin y al cabo, no lleva a ningún sitio.
Sus
ojos me encontraron y su sonrisa se ensanchó. Parecía estar disfrutando de la
conversación, mientras por mi parte a cada palabra era una prueba que debía
superar sin rebajarme lo suficiente.
-No
va a ser tan fácil, olvidarme, Kay –Su paso se detuvo enfrente mía, obligándome
a detenerme -. No quiero que Dylan tenga su plato servido con tan poca resolución.
Noté
como mi cara se calentaba y mi pecho se cubría en una capa de cólera. Danny
estaba poniéndome las cosas difíciles, y sabía ya lo complicado que me
resultaba aquello.
-¿Pero
de qué vas? –Vociferé apretando la mandíbula -. ¿Me comparas como si fuera un
plato del que te lo terminarás y encima te basas en la teoría de que me eres el
centro de mi mundo?
-Si
ya me resulta difícil ignorarte y que pases desapercibida para mí, no creo que
yo sea menos para ti –Su dedo índice se posó en sus labios, mientras sus gestos
me indicaban que me relajase -. Y no eres un plato cualquiera. Digamos que…
eres el plato más especial.
No
supe como tomarme esto último. Ignoré sus primeras palabras, sin creerle ni
darle importancia. No sabía si tomarme aquellas última comparación como un
cumplido o una ofensa, pero sin relajarme mi gesto y aún crispada, decidí
contraatacar.
-Pues
que sepas que este plato no muere por ser tastado por alguien tan testarudo y
recio como tú.
Su
risa tan peculiar salió de él volviendo a apartar ligeramente sus ojos de mí.
Sonreí tentada por sus carcajadas, pero tan pronto como pude, me alejé de él
ignorándole. Creí que le había perdido de vista, hasta que sus pasos pasaron
ligeros y adelantándome por mi lado.
-Esa
es la Kay que me gusta. Dura y orgullosa, pero débil y sentimental por dentro.
Me
guiño un ojo, y rápidamente volvió a apartar su mirada y siguió avanzando,
ignorándome. Su esbelta figura vestida de traje llamó mi atención
inconscientemente, meditando sus palabras hasta que finalmente, entre un
resoplido, le subestimé.
-Gilipollas
–Dije mientras apartaba la mirada de él. Aquel Danny Jones me había dejado
claro lo idiota que era.
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Sólo repito que muchísimas gracias a los que me leen ^^
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