miércoles, 9 de enero de 2013

Capítulo 35: Nadie conoce tu historia.


                                                                              POV KAY

                -...y cuando me nombraron Miss Inglaterra 2007, prácticamente no me lo podía creer. ¡Simplemente genial! Fue una época increíble, sin duda -Dijo maravillada de si misma. Sus grandes ojos azules parecían salirse de sus órbitas al evocar.
                Y pensar que yo lo máximo que he hecho en esta vida es un sandwich de cinco pisos, pensé mientras suspiraba. Tenía que admitir que el talante de aquel día de Georgia me había impresionado. Me la había imaginado hasta ahora testaruda y egoísta como personalidad, pero poco a poco me contradecía a mi misma de mis prejuicios.
                -Luego ya me empezaron a llamar nada más terminó mi racha. Ahí seguía estupefacta, casi no podía contestar de la emoción, así que... -Siguió, pero unos brazos pecosos la rodearon por el cuello suavemente mientras nos sobresaltamos. Danny le depositó un beso en el cabello mientras le sonreía.
                Mierda, de nuevo no, volví a pensar tomándome la libertad de apartar medio segundos los ojos de ellos. No tenía nada en contra de los momentos románticos de la pareja, pero no me gustaba verlos a ellos dos. Yo misma era consciente desde el día en el bar en que Mike y Micaela me lo aclararon que había sentido algo hacía Danny, seguramente simple química, pero provocaba que mi estómago se estrujara y mi cuerpo se convulsionara de celos.
                -¿De nuevo estás explicando tu época de Miss 2008? -Le susurró al oído. Fruncí levemente el ceño, con una mueca de incomodidad.
                -Ya me conoces, Dan -Sonrió con su inigualable sonrisa Georgia depositando un beso en los labios -. Giovanna e Izzy ya saben mi historia, así que ahora se la cuento a Kay, ¿verdad? -Me miró arqueando las cejas -. Mmm, ¿qué tal si le cuentas cómo nos conocimos mientras yo voy a deleitar un poco la comida de Tom? Me muero de hambre.
                -¿Te vas? -Dijo con un fino hilo de voz Danny mientras se erguía. Noté como la desesperación brilló en sus ojos -. ¿Y qué es de tu dieta?
                -Danny, estamos en vísperas de Navidad. ¡Por unos días mi dieta tendrá que descansar en el cubo de basura! -Carcajeó con una suave risita mientras corría con pequeños saltitos hasta la mesa.
                Alcé la mirada hasta Danny, incómoda. Una parte de mí maldijo a Geo por dejarme sola con él. Evitaba hacerlo. Era próspera a tartamudear y hacer el ridículo y a que mi estómago reventara en mil pedazos. No era bueno para mi salud, sin duda. Sus ojos azules bajaron hasta mi y me observaron. Una liviana sonrisa se apoderó de su rostro y con un salto cayó en el sofá a mi lado. Contuve mi nerviosismo mientras me aferraba de las manos, rezando por parecer alguien normal. Me sentía como una adolescente de catorce años.
                -¿Enserio te apetece oír cómo nos conocimos? –Sin saber que contestar, bajé mi mirada mientras carcajeaba -. La verdad es que a mí no me apetece narrar mucho.
                -Si no lo haces tú, lo hará ella más tarde –Dije tranquilamente fijando mi mirada de nuevo en la mesa -. Tiene más temas de conversaciones de lo que jamás había visto a nadie.
                -¿Te molesta? –Preguntó. Le fruncí el ceño ante la pregunta. No lo hacía, pero a pesar de que fuera que sí, no iba a ser sincero con él.
                -No, claro que no. Lara está fuera con Dougie, Micaela con James en alguna parte y Mike posiblemente estará cotilleando en algún sitio. ¿Qué tengo mejor que hacer?
                -También tienes razón. Lo digo porque yo odio escucharla.
                Arqueé las cejas, sorprendida. Era extraño oír aquello de su novio. Sus ojos se achinaron por sus pómulos cuando una sonrisa pequeña afloró en sus labios. Anonadada le sonreí también, y de nuevo sin ser capaz y en silencio, bajé la vista. Me sentía paralizada.
                -Esta mañana, una mujer fallece a manos de su ex marido. Parece que el destino deparaba su muerte, pues le habían diagnosticado un cáncer incurable…
                Volví mi cabeza hacía el televisor y las noticias. Mis ojos se centraron en lo que decía mientras unas imágenes vía helicóptero enfocaban una casa rodeada de policía. Una mujer había fallecido esta mañana en una localidad de Estados Unidos a causa de su ex marido, el cual había estado un largo tiempo en la cárcel. Si aquello no hubiese sucedido, ella iba a morir de todas formas por el cáncer.
                -Vaya, pobre mujer –Murmuró Danny. Mi mirada ladeó hasta la suya la cual me encontró -. Ha fallecido antes de lo previsto.
                -Sí –Suspiré -. Pero en fin, el destino o lo que sea le deparaba una muerte al final, también.
                -¿Crees en el destino?
                Su voz sonó firme. Le miré desde abajo, pensándome la respuesta. Su mirada era firme y constante, como si estuviera preparado para medir mis palabras. Carcajeé ante su mueca mientras deliberaba en mi respuesta. Suspiré, encogiéndome de hombros y volviendo a mirarle. Los nervios aflojaban en mi estómago poco a poco.
                -Mmm, sí, ¿no? –Me confundí -. Quiero decir… en algunos casos creo, en otros no. Es algo improbable pero no viene mal creer en él. ¿Y tú?
                Una carcajada cómica se escapó de su sonrisa torcida.
                -Bueno, supongo que sí. Antes no creía en él ante nada, pero ahora sí.
                -¿Por qué?
                -Es una larga historia. Digamos que el destino ha jugado un poco conmigo –Dijo adusto mientras su mirada se cargaba de pesadumbre.
                -Bueno, yo creo que el destino aparece porque es la mejor respuesta. Para eso viene, porque es nuestra vida siendo escrita, ¿no? –Una sonrisa divertida por parte suya pareció mofarse de mí -. No hagas eso. Te estoy siendo sincera –Dije alegremente.
                Danny negó suavemente con la cabeza mientras su sonrisa apareció. Sus ojos se apartaron suavemente de mí mientras cambiaba de posición en el sofá.
                -De acuerdo, de acuerdo. ¿Y crees qué se puede evitar a los resultados del destino?
                -Sí, claro que sí, si eres testarudo. Solo que no sé si sería la mejor opción.
                -Quién sabe –Se encogió de hombros. Aquella vez ninguna sonrisa apareció en su rostro y sus ojos azules grisáceos se mantuvieron observándome.
                Intenté saber a qué se refería. La curiosidad me embriagaba pero sabía que no iba a responderme si le preguntaba, probablemente. Además, no quería parecer delante de él una cotilla.
                -No creo que nadie pueda conocer tú historia. Todo es suficiente tangible como para modificarse –Intenté aportar, y pero una nueva sonrisa se embozó. Esta vez parecía cargada de tristeza. 

0 comentarios:

Publicar un comentario