El
silencio caía abrumador sobre la situación. Por cada metro que avanzábamos,
apenas los rayos de luz de las farolas conseguían filtrarse por la ventana.
Todo era demasiado lóbrego y frío, dentro y fuera del coche. La taciturnidad
provocaba que mi piel se erizara y mi estómago se contrajese. Ni una palabra,
ni una mirada se asomaba por el retrovisor, y lo peor era que no conseguía
explicarme a que venía ese repentino comportamiento.
-¿Danny?
–Susurré casi con miedo de una frívola respuesta.
-¿Sí?
–Su voz sonó hueca pero un tono de dulzor se asomó. Una suave sonrisa se
apoderó de la comisura de mis labios.
-Emm…
-Fruncí los labios. Me había quedado sin escusa. Había pronunciado su nombre
simplemente por petición de mis oídos de escuchar su voz -. Si... siento si te
resulta una molestia acercarme a casa.
-No
te preocupes –La primera sonrisa contraída se asomó. Sus ojos no me buscaron a
través del retrovisor, pero fue suficiente. Noté como el nudo de mi estómago se
iba aflojando -. Vaya, que mala suerte; está comenzando a chispear.
Fruncí
el ceño y miré a través de la ventana ahumada. Sus palabras se confirmaron cuando
pequeñas gotitas comenzaron a recorrer de un extremo a otro el cristal, presas
de la velocidad. Mis ojos se detuvieron varios segundos más en cada gota que
iba cayendo, cada vez aumentando más el número. Antes de que me diera cuenta,
las gotas caían tan torrencialmente que la vista se volvió promiscua.
-Me
parece que voy a llegar a casa como si me hubieran echado un cubo de agua fría
encima –Dije sin pensar y sin ladear mi cabeza para observarle.
-¿No
tienes paraguas? –Le miré a través del retrovisor. Su mirada captó la mía y sus
ojos azules brillaron medio segundo antes de apartarlos de mí -. Coge el
paragua que hay en el suelo cuando vayas a salir.
-¿Y
tú qué?
-No
te preocupes por mí –Dijo despreocupado -. Yo puedo aguantar la lluvia; me
parece que llevo más tiempo con ella y estoy más familiarizado que tú.
-No
voy a coger tu paraguas, Danny –Dije negando con la cabeza -. No te preocupes.
No me voy a morir de pulmonía por correr unos pocos metros del coche a mi casa
bajo la lluvia.
-Ya,
pero puede que por correr te resbales y te rompas la crisma. ¿No has tenido eso
en cuenta? –Su tono gracioso salió a flote. Sonreí sin poder evitarlo -. Y
entonces la culpa sería de no haber cogido el paraguas.
-Sobreviviré
–Dije rehusante.
Una
sonrisa torcida se curvó en sus labios. El agua ahogaba el ruido de la radio y
el silencio reinó por varios minutos más. A pesar de las ventanas promiscuas,
diferencié mi casa y segundos más tarde, el coche se detuvo ante mi casa. En
aquella ocasión, Danny apagó el motor y extrajo las llaves del volate. Aquello
me extrañó.
-Coge
el paraguas –Dijo mientras se giraba para verme. Mis cejas se arquearon con una
pizca de gracia y confusión -. Te obligo.
-Sabes
que no voy a cogerlo por mucha obligación que me exijas.
Una
risa sonó de su voz. Por un momento, todo mi ser se perdió en ella. Sus ojos se
apartaron de mi y miraron graciosos a través de la ventana antes de posarse en
los míos. Su mirada, un poco achinada por sus pómulos se mantuvo dos segundos
constantes a la mía, mientas mi estómago se volvía a contraer. Me ensimismé en
sus ojos, los cuales, en pleno coche lóbrego y con la poca luz que se filtraba
parecía atraparme más de lo normal. Aquella situación hizo que me sobresaltara
cuando su cuerpo se volteó rápidamente mientras agarraba el paraguas de una
sacudida y salía del coche.
El
completo silencio reinó. Mi cuerpo se crispó cuando vi su cuerpo abrir el
paraguas a través de la lluvia y correr hasta el lugar de mi puerta. Carcajeé
antes de que abriera la puerta, y cuando lo hizo, una mano se extendió hacía
mí, esperando ser cogida.
-Venga,
sal antes de que moje del todo.
Sin
rechistar, obedecí y cerré la puerta detrás de mí. El ruido del diluvio
aporrear el asfalto se ahogó en mis oídos, el frío caló mis huesos y todo
pareció volverse confuso. Me apegué al cuerpo de Danny buscando resguardo de la
lluvia, y él no se movió cuando mi torso se apegó al suyo.
-Coge
el paraguas y corre a casa, pero ves con cuidado –Me pidió mientras bajaba el
paraguas hasta mi vista.
-No
lo haré; el paraguas lo usarás tú –Dije azorada mientras alzaba la cabeza hacía
sus ojos.
En
otro momento, me habría impactado al tener su rostro tan cerca del mío, pero en
aquel momento mi lado más cabezota me mantenía al tanto de la situación y del
frío que comenzaba a apoderarse de mí. Su cara resultaba fría y oscura en plena
noche, pero una sonrisa seguía asomándose por sus labios, la cual incrementó
cuando oyó mi respuesta.
-Ay
que ver… -Suspiró. El paraguas volvió a situarse a su altura adecuada -. Venga,
apresúrate. Creo que ya estoy mojado del todo –Dijo, en aquel momento, a pesar de mi ropa mojada y
mi frío inhabilitando mi cuerpo, noté como su mano aferraba mi antebrazo con
firmeza.
Sus
pies comenzaron a avanzar, arrastrándome con firmeza. Me apresuré por no cortar
muchas distancias, a pesar de que ya resultaba inútil. La lluvia había logrado finalmente
que nuestros cuerpos estuvieran completamente mojados, mientras la ropa se
apegaba a mi cuerpo y el agua se filtraba por mis zapatos completamente
empapados.
Con
precaución, antes de que fuera consciente, nuestros pasos se detuvieron en el
umbral de la puerta. Una suave sacudida y alguna palabra inaudible por la
lluvia provino de Danny, lo que me hizo reaccionar. Saqué rápidamente las
llaves de mi húmedo bolsillo, y abrí la puerta con cierta dificultad.
Entré
rápidamente y oí cerrarse esta detrás de mí. El ruido de la lluvia menguó, el
olor a tierra húmeda se sustituyó por la fragancia de mi casa y el calor del
hogar abrigó mi piel suavemente. Aparté los mechones mojados de mi cara, cuando
caí en la cuenta de que Danny había entrado conmigo, a mi casa.
Me
volteé rápidamente para observarle. Dejó caer el paraguas completamente mojado
en el paragüero y su mirada se levantó hacía mí. Su cabello, revuelto hacía
apenas nada dejaba asomarse unos pequeños rizos desechos. Su piel brillaba con
las luces lóbregas y sutiles que se colaban por las ventanas y su ropa, al
igual que la mía, se transparentaba y apegaban a su cuerpo. Una sacudida
convulsionó mi cuerpo severamente en compañía de las pequeñas hormigas
recorriendo todo mi cuerpo.
-¿Estás
bien? –Me preguntó mientras su mirada se preocupó.
-Oh,
sí… Simplemente mi cuerpo está notando el cambio de temperatura –Él sonrió
suavemente mientras sus ojos seguían fijos en mí -. Gracias por acompañarme.
-No
iba a dejar que vinieras hasta aquí sin paraguas… aunque a resultado de poco –Agitó
sus brazos en el aire mientras volvía a cubrir su rostro con una sonrisa.
El
silencio reinó en el entorno. Simplemente las suaves manecillas del reloj con su «Tic, Tac» reinaban en la estancia. ¿Debía invitarle a un café o un chocolate
caliente? ¿O pedirle que se fuera? ¿Y si parezco una desagradecida? Pensé
mientras mis piernas comenzaron a temblar.
-¿Quieres…
un café o algo? –Pregunté balbuceando.
-No,
no hace falta. Creo que lo mejor será que me vaya –Dijo sonriendo medio
segundo. Luego, una expresión severa se apoderó de su rostro.
-No
me es molestia, enserio –Dije queriendo ablandar la situación -. Tengo de todo,
enserio…
-Oye,
Kay, déjalo. Me voy a casa –Me cortó de pronto, furibundo. Mi mirada se clavó
en él, sobresaltada y azorada.
-Lo
siento –Dije simplemente mientras evitaba sus ojos. Noté como el pecho me ardió
ante su comportamiento. ¿A que había venido aquello?
-Perdona,
de verdad –Dijo de pronto mientras zarandeaba la cabeza. Dio dos pasos hacía
mí, cortando distancias, pero manteniéndolas aún -. No… no es por nada, es
simplemente que es demasiada presión.
-¿Presión
de qué? ¿Te he hecho algo, Daniel? –Pregunté, alzando la voz. Mi pecho se
mezcló con un sentimiento exasperado -. Estas completamente voluble
últimamente, o son cosas mías. Pero me parece que me he comportado bien contigo
como para… -No supe encontrar las palabras.
-Kay,
enserio –Un suspiro cansado se escapó de él y volvió a avanzar hacía mí. Sus
zapatos rozaron los míos, pero inconscientemente, di un corto paso hacía atrás
-. No… no quiero jugar contigo, es lo
que intento hacer… -Dijo, confundiéndome. Sus manos rozaron mis codos
suavemente, y de nuevo mi cuerpo tembló ante su roce -. Sé que tú no eres
consciente, pero yo sí, y estoy metiéndome donde nadie me llama. Pero lo hago
desde el mejor sentido, de verdad…
Su
voz terminó rasgada. Noté la presión e incluso dolor en su voz, y me obligué a
entender, pero todo seguía sin sentido. ¿A qué demonios se refería con jugar
conmigo? ¿Acaso sabía lo que sentía hacía él? ¿Y qué era lo que yo no sé? Todo
acababa de perder el sentido.
-No
te entiendo, Danny –Dije suavemente. Mi voz tembló, asustada.
-Estoy
evitando algo que debería ocurrir.
-¿El
qué? –Una sonrisa forzada se asomó en sus labios y sus ojos me observaron con
firmeza. Me di cuenta de que de nuevo, mi pecho apenas rozaba el suyo, y mi
articulación se aceleró, nerviosa.
-Si
te lo contara, llegarías a tomarme por loco o te enfadarías, y me echarías de
tu casa ahora mismo –Fruncí el ceño, completamente promiscua -. Y ahora lo
único que no quiero es alejarme de ti y cortar distancias.
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Os obligo a pensar mal y a poneros nerviosos! Chán chán, intentaré no tardar en subir jiji
2 comentarios:
ÓH. siento no haber comentado. Lo leia desde el movil y no podia, pero este tenia q dar señales de vida. E MUERTO, SIMPLEMENTE. he tenido q parar de leer por la emocion y luego me e leido el capitulo de nuevo. te juro q no podiaaa ay ay ay
aora estan los dos solitos en casa, con georgia sobaada en su casa jijiji y coitaran, siii, lo se
sube pronto por favor. me encanta tu fic, enseiro, siguelo asta el final!!!
-Val
Que mala eres no mos dises aisina llo crec que no niaura coito pero no tardes en puchar el capitul. Eres la millor
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