jueves, 24 de enero de 2013

Capítulo 40: Cómo en las nubes


                Un suave bombeo me despertó. Los golpes profundos de lo que parecía mi corazón me envolvieron entera, siendo lo único que mis  ojos escuchaban y apreciaba. Sonreí para mis adentros; no sabía dónde me encontraba, pero no me importaba. Estaba en un momento que lo hubiera alargado todo lo posible de no haber sido porque suavemente los latidos y la dura almohada en la que estaba recostada se movieron.
                Me sentí como si dejara de dormir en las nubes y de repente aterrizara suavemente en el suelo. El ruido del bombeo de lo que parecía un corazón se alejó y una melodía que me resultaba vagamente familiar sonaba a lo lejos; mi mente aún no estaba despierta del todo como para analizar cosas.
                Busqué la almohada sin molestarme aún en abrir los ojos. Eso podía esperar. De repente, noté como las sabanas de mi alrededor comenzaba a revolverse vehemente y un suaves susurros obligaban a mis oídos a atender. Aparté mi cara sumergida de la almohada mientras abría sutilmente los ojos para encontrarme con la tela suave y blanca de esta. Estaba en mi cama, pero aquella mañana un perfume más se había depositado durante toda la noche en las telas y me permitían apreciar de aquel estupendo perfume. Me resultaba familiar, mucho, y lograban que mi cuerpo se tranquilizaran al inhalarlo.
                Entonces, la melodía de la canción se paró.
                -Mierda, si está aquí mismo, pero a saber dónde… -Oí un replique a mi lado. Mis sentidos se despertaron impetuosamente y mis recuerdos afloraron al oír su voz.
                No había sido un sueño, había sido real. Los recuerdos con los que parecía haber estado soñando se hicieron más claros, y con una sonrisa que intenté ocultar, ladeé mi cara para encontrarme con su espalda desnuda. Había sido real, muy real.
                Vi como sus brazos, cubiertos de los tatuajes que había apreciado antaño se levantaron para revolver su cabello. Todo movimiento suyo, aquella mañana, parecía ser obra de un perfecto sueño, como si aquello fuera demasiado irreal como para que sucediese. De nuevo, me sentía en las nubes. Su cabeza volteó suavemente, sereno para verme de perfil, y entonces, su mirada encontró la mía.
                Los rayos de luz de aquella extraña soleada mañana hicieron brillar más que de costumbre el azul grisáceo de sus ojos. Inevitablemente, mi sonrisa aumentó sin poder remediarlo, y noté como mi corazón temblaba de puro nervio y felicidad cuando otra amplia sonrisa se formó en sus labios; pero había algo en ella que no me gustaba.
                -Buenos días –Dijo sin rubor.
                -Buenos días, Danny –Dije mientras cogía disimuladamente la sábana y me cubría mejor de ella. Las palabras parecían haberse atrancado en mi mente, de modo que cuando volví a hablar, salieron atropelladas -. ¿Ocurría algo?
                -Mi móvil –Dijo mientras volvía a sonreír  y posaba sus ojos en las sábanas -. En la madrugada lo he sacado para ver la hora y lo había dejado por aquí. Hace unos minutos ha empezado a sonar y Dios sabe dónde está.
                -Oh –Una sonrisa se formó mientras me sentaba mejor en la cama, a su lado -, si quieres te ayudo.
                Su mirada me encontró, pero aquella vez sus pómulos achinaban de una forma mohína, a lo que lo acompañó una suave sonrisa en sus labios. Fruncí el ceño, haciéndole entender que captaba su expresión, pero su mirada bajó suavemente mientras dejaba escapar unas carcajadas. Noté como su cuerpo se inclinó hacia mí, y con mucha parsimonia sus labios cubrieron los míos.
                De nuevo, un bombardeo de sentimientos y emociones explotó por todo mi cuerpo. Me aferré a su cuello mientras suavemente me dejaba caer en la cama, y para cuando el aire comenzaba a ahogarnos, nuestros labios se separaron. Miré intentando captar más sentimientos en sus ojos, pero en aquel momento, permanecían impasibles. Decidí ignorarlo; me encontraba rematadamente feliz a pesar de todo, ilusa y querer pensar en las consecuencias.
                Mis ojos parecieron ser llamados por su pie, el cual salía de la sábana. Las pecas se reflejaban en el también, y sin evitarlo, me eché a reír.
                -¿Qué ocurre? –Preguntó mientras levantaba mi cabeza por el mentón. Sus ojos parecían haber aumentando en felicidad.
                -Tienes unos pies muy feos, Dan –Dije mientras su rostro se contraía de la risa -. Y lleno de pecas también.
                -No me recuerdes mis pecas. Además, tengo cosas más bonitas, ¿eh? –Sus cejas se arquearon pícaramente mientras me recostaba en su pecho.
                -Para mí no puede haber más sinónimo de perfección que tus pecas –Dije sin pensar mientras me ruborizaba. No era romántica, nunca, sino demasiado ruda siempre -. Soy consciente de ellos, Don Juan.
                Unas carcajadas tan peculiares como las suyas salieron al exterior, incitándome a reírme también. El volvía cualquier momento gracioso, era su especialidad. Sus labios encontraron los míos una vez más, pero justamente cuando creí volver a caer en un manto de nubes, la melodía volvió a sonar.
                La batería comenzó a sonar entre las sábanas mientras Danny volvía a incorporarse y a dejarse guiar entre su sonido. En un movimiento en el aire de una sábana que a saber de dónde  salía, su móvil cayó al colchón. La voz de Bruce sonó en aquel momento, y reconocí la canción: Born in the U.S.A.
                -Mierda –Dijo cuando sus ojos se abrieron al ver la pantalla. Algo pareció estrujar mi estómago, y no necesitaba más palabras para saber de quién se podía tratar. Sus ojos me encontraron, preocupados, pero sereno, descolgó -. Dime, Georgia.

______________________________________________________________________
-.- 

0 comentarios:

Publicar un comentario