domingo, 20 de enero de 2013

Capítulo 39 - Nosotros


Me juré a mi misma no entender bien. Fruncí el ceño mientras todo mi cuerpo se agitaba interiormente al verle tan cerca. Medité sobre mis palabras, confirmándolas, buscando el doble sentido para entender bien… no, no debía de haber escuchado con claridad.
                Me di cuenta en aquel momento que apenas conocía bien a Danny. Simplemente sentía una atracción sexual que como había deducido, medio mundo debería de sentir por él, nada más. Era posible que podía perderme en sus ojos, o simplemente embobarme con sus sonrisas, pero no superaba aquel extremo. No llegaba a la situación de aquel momento.
                -No tiene nada de sentido lo que estás diciendo, Danny… -Susurré con voz rasgada. Una sonrisa se embozó en sus labios, tan cerca de los míos que mi mirada se bajó hasta ellos, ensimismada.
                -Ya lo sé, y lo siento, pero créeme, no quieras saberlo.
                -Pero sí que quiero.
                -¿Ahora? –Fruncí el ceño,  sin saber que contestar. Una sonrisa pícara me fulminó -. ¿Quieres que me vaya? ¿Quieres que me aleje de ti ahora?
                -No. –Las palabras salieron vertiginosas de mi boca -. Supongo que puede esperar, ¿no?
                No me podía creer lo que estaba diciendo. Estaba dándole un paso abierto. Había oído rumores de Danny, sabía que era el Don Juan de McFly, el que probablemente tenía más tendencia por las chicas. Aunque no le conociera de mucho, no parecía ser alguien promiscuo con sus relaciones. O al menos no con Georgia; había jurado verle enamorado de ella…
                Pero en aquel momento, estaba allí. Sonriéndome, con sus labios rozando los míos y nuestros cuerpos completamente mojados, calentando la situación. Su mano rozó mi mentón, como si temiera que me apartara, y sus ojos detallaron cada parte de mi rostro, lo que me ruborizó. Tenía demasiados defectos. Era demasiado lejana a Georgia, todo lo contrario a ella, desde todos los sentido, lo que confundió aún más la situación.
                Noté como su frente se juntó como la mía. El rocé de estas provocó que un cosquilleó recorriera impetuosamente mis piernas, pero obligué a mi mente a pensar con claridad, al menos medio segundo. No tenía fuerzas para apartarle, no quería que se apartara a pesar de todo, pero si podía preguntar. Era demasiada mi confusión.
                -Danny… -Susurré.
                -¿Sí? –Su aliento cayó sobre el mío y mis ojos encontraron los suyos, impresionantemente cerca.
                -¿Qué pasa con…? –Quise pronunciar el nombre de Geo, pero no pude. Iba a romper demasiado la situación.
                -No lo sé. Es una locura, pero quiero que sea nuestra locura.
                Un suave gemido incrédulo se escapó de garganta, ruborizándome. Danny estalló a risas, haciendo que me uniera a él sutilmente, separando su frente de la mía pero sin dejar de acariciar mi barbilla, pero tan pronto como terminamos de reír, él feliz, yo ruborizada y confusa, su frente volvió a su posición original. Sabía que aquello era un disparate, posiblemente las consecuencias que podía venir después me iban a doler, o tal vez no, pero quería arriesgar.
                Lo hizo, por fin, tal y como había imaginado mil veces, pero aquella vez eso era real. Cortó distancias y me besó. Sus suaves y blandos labios presionaron contra los míos, provocando que aquel primer rocé me estimulara de tal modo que no fuera ni normal. No lo había sentido nunca, ni siquiera podía reconocer confusamente el sentimiento la noche con Harry. Noté como me aferró por la cadera, juntándome a él con la misma intensidad y éxtasis que parecía sentir yo, y pronto noté su cuerpo completamente junto al mío. Sin preámbulos, mis brazos subieron hasta su cuello, lejano al mío y me aferré a él. Con un suave y corto descanso, ambos inspiramos aire de nuevo, con un suave ahogamiento.
                No podía creerme que aquello fuera real. Todo era demasiado confuso, como si hubiera perdido el orden todo. Noté como miles de sensaciones indescriptibles  recorrían mi cuerpo de arriba abajo, estimulándome. Mis piernas se separaron del suelo cuando noté que cargaba con mi cuerpo, y mis pies se enroscaron entorno a su cadera. Dejé de pensar en aquel momento, dejé las cientos de preguntas que se iban acumulando. Sus pasos comenzaron a avanzar, pero no fui consciente de hacía dónde. Suavemente, le despojé de su camisa con suavidad, dejando al descubierto los tatuajes de sus brazos, completamente llenos de ellos. Los repasé con lleva de los dedos, lo que pareció mejorar la situación y de nuevo nos fundimos en un besuqueó. De nuevo, me repetí que aquello no era real.
                No fui consciente de que habíamos subido las escaleras de mi habitación hasta que noté como me depositaba suavemente en mi cama. El tiempo corría a velocidad que no era normal, y a cambio, todo parecía un sueño. Un sueño muy real. Sin darme cuenta, su camisa pantalón se deslizó suavemente por sus piernas, y seguidamente, me ocurrió lo mismo a mí. Mi camisa había caído en algún lugar de mi habitación.
                Los ojos de Danny se abrieron un momento, y como si hubiese oído el ruido de sus párpados moverse en pleno silencio sepulcral únicamente con el ruido de nuestros jadeos, su mirada me observó. Oteó a su entorno un momento, y con una sonrisa grande y completamente satisfactoria para mí, me miró encima de mí.
                -Tu habitación está hecha una pocilga –Susurró con un carcajeo ahogado de los suyos.
                -Cállate. –Le pedí mientras me ruborizaba y le besaba. Aquel momento, aquel inicio del beso mío me alteró. Era increíblemente perfecto todo.
                Mi habitación no estaba tan desordenada como lo había pintado él. Unos besos cubrieron mi cuello en un momento que aproveché para echar un vistazo. Únicamente la ropa del día anterior estaba apilada en la silla de la esquina, y nuestra ropa estaba esparcida por los suelos. Jadeé cuando noté sus manos rozar los extremos de mi ropa interior.
                De nuevo, él me libró de ella y yo me libre de la suya. Me subió un poco más a la cama, como si mi peso fuese de pluma, y por un momento me paré a pensar en las precauciones. No, no iba a recordárselo, no iba a romper tan momento tan especial. Podía tomar lo necesario el día siguiente. Unos nuevos besos recorrieron mi cuello y mis labios, y de nuevo mi cuerpo reaccionó como si fuese el primer beso; con tanto estímulo que no fuese ni normal.
                Se acomodó entre mis piernas con tanta delicadeza que mi cuerpo se abrió solo. Un besó acompañó a la primera sacudida y gemido, cuando de repente, noté como él y yo nos juntamos por primera vez.

1 comentarios:

Soka dijo...

Impresionant me e quedat d pedra en cara tin els pels de punta... as descrit un moment maravillos en algo perfecte .

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