Me juré a mi misma no entender
bien. Fruncí el ceño mientras todo mi cuerpo se agitaba interiormente al verle
tan cerca. Medité sobre mis palabras, confirmándolas, buscando el doble sentido
para entender bien… no, no debía de haber escuchado con claridad.
Me
di cuenta en aquel momento que apenas conocía bien a Danny. Simplemente sentía
una atracción sexual que como había deducido, medio mundo debería de sentir por
él, nada más. Era posible que podía perderme en sus ojos, o simplemente
embobarme con sus sonrisas, pero no superaba aquel extremo. No llegaba a la
situación de aquel momento.
-No
tiene nada de sentido lo que estás diciendo, Danny… -Susurré con voz rasgada.
Una sonrisa se embozó en sus labios, tan cerca de los míos que mi mirada se
bajó hasta ellos, ensimismada.
-Ya
lo sé, y lo siento, pero créeme, no quieras saberlo.
-Pero
sí que quiero.
-¿Ahora?
–Fruncí el ceño, sin saber que
contestar. Una sonrisa pícara me fulminó -. ¿Quieres que me vaya? ¿Quieres que
me aleje de ti ahora?
-No.
–Las palabras salieron vertiginosas de mi boca -. Supongo que puede esperar,
¿no?
No
me podía creer lo que estaba diciendo. Estaba dándole un paso abierto. Había
oído rumores de Danny, sabía que era el Don Juan de McFly, el que probablemente
tenía más tendencia por las chicas. Aunque no le conociera de mucho, no parecía
ser alguien promiscuo con sus relaciones. O al menos no con Georgia; había
jurado verle enamorado de ella…
Pero
en aquel momento, estaba allí. Sonriéndome, con sus labios rozando los míos y
nuestros cuerpos completamente mojados, calentando la situación. Su mano rozó
mi mentón, como si temiera que me apartara, y sus ojos detallaron cada parte de
mi rostro, lo que me ruborizó. Tenía demasiados defectos. Era demasiado lejana
a Georgia, todo lo contrario a ella, desde todos los sentido, lo que confundió
aún más la situación.
Noté
como su frente se juntó como la mía. El rocé de estas provocó que un cosquilleó
recorriera impetuosamente mis piernas, pero obligué a mi mente a pensar con
claridad, al menos medio segundo. No tenía fuerzas para apartarle, no quería
que se apartara a pesar de todo, pero si podía preguntar. Era demasiada mi
confusión.
-Danny…
-Susurré.
-¿Sí?
–Su aliento cayó sobre el mío y mis ojos encontraron los suyos,
impresionantemente cerca.
-¿Qué
pasa con…? –Quise pronunciar el nombre de Geo, pero no pude. Iba a romper
demasiado la situación.
-No
lo sé. Es una locura, pero quiero que sea nuestra locura.
Un
suave gemido incrédulo se escapó de garganta, ruborizándome. Danny estalló a
risas, haciendo que me uniera a él sutilmente, separando su frente de la mía
pero sin dejar de acariciar mi barbilla, pero tan pronto como terminamos de
reír, él feliz, yo ruborizada y confusa, su frente volvió a su posición
original. Sabía que aquello era un disparate, posiblemente las consecuencias
que podía venir después me iban a doler, o tal vez no, pero quería arriesgar.
Lo
hizo, por fin, tal y como había imaginado mil veces, pero aquella vez eso era
real. Cortó distancias y me besó. Sus suaves y blandos labios presionaron
contra los míos, provocando que aquel primer rocé me estimulara de tal modo que
no fuera ni normal. No lo había sentido nunca, ni siquiera podía reconocer
confusamente el sentimiento la noche con Harry. Noté como me aferró por la cadera,
juntándome a él con la misma intensidad y éxtasis que parecía sentir yo, y
pronto noté su cuerpo completamente junto al mío. Sin preámbulos, mis brazos
subieron hasta su cuello, lejano al mío y me aferré a él. Con un suave y corto
descanso, ambos inspiramos aire de nuevo, con un suave ahogamiento.
No
podía creerme que aquello fuera real. Todo era demasiado confuso, como si
hubiera perdido el orden todo. Noté como miles de sensaciones indescriptibles recorrían mi cuerpo de arriba abajo,
estimulándome. Mis piernas se separaron del suelo cuando noté que cargaba con
mi cuerpo, y mis pies se enroscaron entorno a su cadera. Dejé de pensar en
aquel momento, dejé las cientos de preguntas que se iban acumulando. Sus pasos
comenzaron a avanzar, pero no fui consciente de hacía dónde. Suavemente, le
despojé de su camisa con suavidad, dejando al descubierto los tatuajes de sus
brazos, completamente llenos de ellos. Los repasé con lleva de los dedos, lo
que pareció mejorar la situación y de nuevo nos fundimos en un besuqueó. De
nuevo, me repetí que aquello no era real.
No
fui consciente de que habíamos subido las escaleras de mi habitación hasta que
noté como me depositaba suavemente en mi cama. El tiempo corría a velocidad que
no era normal, y a cambio, todo parecía un sueño. Un sueño muy real. Sin darme
cuenta, su camisa pantalón se deslizó suavemente por sus piernas, y
seguidamente, me ocurrió lo mismo a mí. Mi camisa había caído en algún lugar de
mi habitación.
Los
ojos de Danny se abrieron un momento, y como si hubiese oído el ruido de sus
párpados moverse en pleno silencio sepulcral únicamente con el ruido de
nuestros jadeos, su mirada me observó. Oteó a su entorno un momento, y con una
sonrisa grande y completamente satisfactoria para mí, me miró encima de mí.
-Tu
habitación está hecha una pocilga –Susurró con un carcajeo ahogado de los
suyos.
-Cállate.
–Le pedí mientras me ruborizaba y le besaba. Aquel momento, aquel inicio del
beso mío me alteró. Era increíblemente perfecto todo.
Mi
habitación no estaba tan desordenada como lo había pintado él. Unos besos
cubrieron mi cuello en un momento que aproveché para echar un vistazo.
Únicamente la ropa del día anterior estaba apilada en la silla de la esquina, y
nuestra ropa estaba esparcida por los suelos. Jadeé cuando noté sus manos rozar
los extremos de mi ropa interior.
De
nuevo, él me libró de ella y yo me libre de la suya. Me subió un poco más a la
cama, como si mi peso fuese de pluma, y por un momento me paré a pensar en las
precauciones. No, no iba a recordárselo, no iba a romper tan momento tan
especial. Podía tomar lo necesario el día siguiente. Unos nuevos besos
recorrieron mi cuello y mis labios, y de nuevo mi cuerpo reaccionó como si
fuese el primer beso; con tanto estímulo que no fuese ni normal.
Se
acomodó entre mis piernas con tanta delicadeza que mi cuerpo se abrió solo. Un
besó acompañó a la primera sacudida y gemido, cuando de repente, noté como él y
yo nos juntamos por primera vez.
1 comentarios:
Impresionant me e quedat d pedra en cara tin els pels de punta... as descrit un moment maravillos en algo perfecte .
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