domingo, 27 de enero de 2013

Capítulo 41: Demasiado ilusa


                -Dime, Georgia.
                Dejé que todo el aire que había inhalado escapara de mis pulmones lentamente. Noté como si me perforaran el corazón, y toda la realidad cayó sobre mí. No había pensado en las consecuencias, y allí estaba, hablando con Danny por el teléfono. Me había comportado mal con ella; me había dado su confianza y yo se la había devuelto acostándome con Danny. Pero no estaba simplemente el arrepentimiento hacía Georgia y mi traición, sino que un sentimiento que superaba aquello, me abrasaba por dentro. Lo vivido aquella noche no había sido tan real. Iba a terminar todo nada más la llamada se terminara, y tendríamos que actuar como si no hubiera pasado nada.
                Noté como mis ojos iban humedeciéndose poco a poco. No podía llorar, me negaba. Lo había vivido una vez con Harry y no había actuado así, de modo que con Danny tampoco. Sí, tal vez aquella vez había pasado estando ambos sobrios, a diferencia que con Harry, pero no por ello debía de importarme… se suponía.
                -He pasado la noche en casa de Vicky. Me llamó y no pude decirle que no… -Sus ojos me encontraron, y entendí que lo que había visto reflejado antes era aquello mismo. Él lo había tenido en cuenta desde el primer momento -. Sí, ya está bien, no te preocupes. Ahora voy. –Y colgó.
                Comencé a acariciarla suave sábana como si fuera mi única devoción. Cabizbaja, me negué a mirarle. Sabía que podía correr el riesgo de derrumbarme si volvía a ver el mismo sentimiento mohíno, de modo que tenía que evitar observarle. Además de que no sabía si era capaz de mantener una conversación estable.
                -Será mejor que me vaya –Dijo con voz ronca y profunda. Asentí secamente -. ¿Estás bien, Kay?
                No sé cómo se te ocurre preguntar esto después de lo que pasó anoche, le contesté en mi cabeza. Suspiré, negándome a montar una escena melodramática. Lo que había pasado había sido un simple desliz del cual ambos no habíamos sido capaces de evitar. Nada más. Por muy alicaída que pudiera estar, no se iba a prolongar mucho aquel dolor. No tendría sentido.
                -Sí, estoy bien –Dije con una voz desalentada.
                Sus ojos encontraron los míos. Estaba compungido, se le veía, pero aquello parecía tan fácil para que él que me aborreció. No podía ser tan hermético.
                -No, no lo estás –Susurró y sus brazos se extendieron hacía mí. Quería abrazarme. Actué con suspicacia. Se fuerte, Kay, me dije, pero no podía serlo. Parecía que mi corazón pidiese a gritos cualquier contacto con él, mientras que mi cabeza me negaba siquiera a mirarle -. Sabías que esto iba a pasar…
                Mi cuerpo ya se había inclinado suavemente pero me detuve al oír esto. Sí, sabía que estaba en lo cierto, y también era consciente de que había sido una ilusa al pensar que podía suceder cualquier cosa. Yo simplemente había venido a Inglaterra por unas largas vacaciones, teniendo un trabajo de camarera mal pagado. Él era Danny Jones, un cantante pop-rock de uno de los grupos más codiciosos de Inglaterra. Tenía un trabajo estable, dinero de sobra y una novia modelo. Yo no era nadie comparado con ella y él, y lo había sabido desde un principio y asimilado. Pero yo no me hubiera sentido tan dolorida si él no me hubiera incitado la pasada noche.
                -¿Con qué frecuencia le eres infiel a Georgia? –Pregunté sin preámbulos mientras volvía a sentarme recta.
                -¿Cómo? –Sus brazos bajaron rápidamente. Me sorprendió su rostro ofendido. ¿Acaso no era verdad o qué? -. ¿Crees qué le suelo poner los cuernos a Georgia con la primera chica que llevo a casa o algo?
                -Si ha pasado conmigo, pudo haber pasado con más –Imité su tono denigrante -. A fin de cuentas, eres Danny Jones. Todo el mundo es consciente de tu fama.
                -Las personas cambian, Kay –Dijo. En aquel momento, su cuerpo aún cubierto por las sábanas se inclinó para coger la ropa del suelo -. Tengo veinticinco años, Kay, no diez y nueve. Por raro que te resulte, no le había sido infiel a Georgia hasta hoy.
                Sus palabras resultaron incrédulas para mí, pero tal vez fuese la serenidad en la que hablaba o la firmeza de sus ojos que se mantenían constante, pero una parte de mí le creyó. Pero estábamos hablando de Danny Jones, Don Juan de McFly, ostentoso obsesionado con las mujeres. ¿Qué ligamento tenía yo para aferrarme y creer que fuese verdad?
                -Si es así no lo entiendo –Dije con voz ronca, dejando caer mis hombros crispados -. ¿Entonces por qué yo? Danny, no tiene nada de coherencia.
                -Y yo que sé, Kay. Me había prometido llevar mi relación con Georgia firme y sentar la cabeza por una vez. Pero entonces me previenen de esto, apareces tú y mi palabra se ha ido a la mierda.
                -¿Te previenen? –Fue lo único que mis oídos se detuvieron a oír.
                -Déjalo.
                Resoplé furibunda. Me estaba rasgando aquel tema. Había sido una ilusa al hacerme fantasías, había creído que Danny era una persona con un pie sentado mínimamente e incluso estaba creyéndome sus palabras. Esto tendría que ser fácil. Él lo estaba diciendo de una forma que dejaba claro que yo debía ser la pieza que estropeaba todo el puzle de su relación. Pero era yo, no otra.
                -¿Tom lo sabe, verdad? –Pregunté mientras me giré para mirarle. En aquel momento, sus pantalones ya estaban subidos.
                -Sí –Su voz era grave y más ronca de lo habitual.
                -¿Alguien más?
                -No lo sé, puede que Giovanna solamente, pero de verdad, Kay, deja el tema. Será mejor que hagamos como si no hubiese pasado nada, ¿de acuerdo?
                Fruncí mis labios mientras asentía con una única cabezada y apartaba la mirada de él. Un hastío hacía él me recorrió entera. Se acababa, no había más vueltas. En aquel momento yo era alguien anodina para él, estaba claro, pero a cambio una parte de mí se sentía como si no todo fuese tan insignificante. Falsa esperanza le hubiese llamado yo.
                -¿Vendrás esta noche a la cena en casa de James? –Preguntó cuando llegó al umbral de la puerta. Sus ojos claramente carecían de humor y por primera vez la serenidad estaba firme en ellos. Ver aún Danny así de serio, así de consciente de sus palabras y actos y sabiendo pensar, me resultó extraño.
                La fiesta de James. Algo estrujó mi estómago. ¿Ir allí y ver a Lara felizmente con Dougie? ¿A Harry e Izzy? ¿Tom y Gio? ¿Micaela probablemente con James? Y lo peor, ¿ver a Georgia comiéndose a besos a Danny en mis narices y este siéndome indiferente? No, después de aquello no iba a poder pasar impasible ante aquellos.
                -Supongo –Dije mientras me encogía de hombros.
Mis ojos se fijaron firmemente en Danny, quien ya se había vestido. Un suspiro mohíno se escapó de su boca, y reprimí el crispamiento cuando algo se estrujó en mi interior. Aquello estaba llegando a resultar doloroso y sin sentido.
                -Adiós –Su voz sonó seca, y rompiendo el contacto visual como si lanzase una piedra a un fino cristal, abandonó mi habitación.

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